El día que Gertrudis aprendió (a la mala) que no todos los jóvenes pierden sus papeles
¿Quién no ha tenido que lidiar con algún burócrata de esos que se sienten dueños de la verdad? Hoy les traigo una historia digna de sobremesa, de esas que uno le cuenta a los amigos entre risas y corajes: la vez que un joven inquilino y su esposo se toparon con la patrona del dedazo, mejor conocida como Gertrudis. Ella, con la condescendencia de quien revisa listas todo el día, pensó que podía tratar a los demás como si fueran niños de primaria. Pero no contaba con la astucia de nuestros protagonistas.