No, no voy a sacar a los niños de la piscina solo porque su risa te molesta
Ser recepcionista de hotel durante el verano es como ser árbitro en una final de fútbol: siempre hay alguien gritándote, pidiendo algo extra, o reclamando que la vida no es justa. Pero hay días en los que la realidad supera la ficción, y una simple noche de sábado puede convertirse en un episodio digno de cualquier telenovela.
Esta es la historia de cómo el “ruido” de la felicidad infantil puede incomodar a algunos adultos… y de cómo el sentido común a veces tiene que ser tu mejor escudo detrás del mostrador.