Cuando la vecina amargada terminó multada por sus propias quejas
¿Quién no ha tenido ese vecino o vecina que parece tener radar para cualquier ruido, por mínimo que sea? Si has vivido en departamentos en Latinoamérica, sabes que la convivencia puede ser como una telenovela: drama, risas y, a veces, una pizca de venganza. Hoy te traigo una historia real que podría pasarle a cualquiera, donde la justicia poética brilló y la vida le dio una lección a la vecina más quejumbrosa del edificio.
Imagina estar disfrutando de una película o escuchando tu música favorita, y que de repente suene el timbre: sí, es la policía… otra vez. ¿Por qué? Porque tu vecina de al lado, esa señora que siempre está pendiente de todo lo que pasa, decidió que tu volumen era motivo suficiente para llamar a las autoridades. Pero, como dice el dicho: el que busca, encuentra… y a veces lo que encuentra es una multa por metiche.