Venganza silenciosa en la sala de espera: cuando los abuelitos pierden la paciencia
Ir al hospital en Latinoamérica es casi como entrar a un microcosmos de la vida misma: hay drama, risas nerviosas, chismes, gente amable y, claro, uno que otro personaje que parece haber estudiado actuación para telenovelas. Esta vez, me tocó vivir una experiencia digna de contar, mezclando ansiedad, indignación y, por qué no, una pequeña venganza silenciosa que todavía me saca una sonrisa.
Estaba acompañando a mi mamá para unos estudios de rutina en un hospital privado. Ya saben, esos días donde uno es chofer, secretario, portador de documentos y hasta psicólogo personal. Lo que no esperaba era toparme con una señora que, honestamente, parecía salida de algún meme viral de abuelitas peleoneras.
La sala de espera: un teatro de personajes
Todo comenzó con la espera eterna que ya parece tradición en nuestros hospitales. Nos dijeron que serían dos horas y media, pero por la condición delicada de mi mamá, la pasaron antes. Y ahí fue cuando apareció la protagonista de nuestra historia: una señora mayor, a quien llamaremos “Doña Amargura” (por respeto a la audiencia).
Doña Amargura no perdió tiempo y empezó su show: le chasqueó los dedos a una enfermera justo cuando se iba a su descanso, alegó que era injusto que una persona “en silla de ruedas” pasara antes que ella, y no dejó de repetir que ella pagaba su consulta (como si los demás fuéramos de adorno). Además, presumió que fue profesora en una “institución terciaria” durante 20 años. En Latinoamérica, eso puede significar desde la UNAM hasta la escuelita improvisada del barrio, así que nadie le dio mucha importancia.
La señora se quejaba de todo: del clima, de que no había desayunado (como si el hospital fuera fonda), del trato, y hasta de un caso trágico de suicidio por mala atención, mezclando la tristeza con el melodrama. Todo eso, mientras escuchaba videos en Facebook a todo volumen, como si estuviera en su sala.
¿Hambre, nervios o costumbre de ser pesada?
Entre los comentarios de la comunidad, hubo quien defendió que el hambre y la ansiedad pueden sacar lo peor de uno. “El hambre da coraje, pero no para andar chasqueando los dedos a las enfermeras”, opinó alguien con razón. Es cierto, todos hemos sentido que el mundo nos queda chico cuando no hemos desayunado, pero de ahí a tratar al personal médico como si fueran empleados domésticos, hay un largo trecho.
Otra persona compartió que en hospitales, quienes más gritan suelen recibir atención primero, porque el personal prefiere evitarse problemas. Aquí en Latinoamérica, también pasa: el que no llora, no mama, pero hay formas y formas de pedir. Mi mamá, por ejemplo, siempre lleva algo de comer por si le baja el azúcar, y nunca pierde la educación. Hay una línea entre ser firme y ser grosero, y Doña Amargura cruzó la línea olímpicamente.
La pequeña venganza: justicia poética a la mexicana
El momento cumbre llegó cuando, después de todo su drama, la señora seguía sin ser atendida y yo tenía que pasar frente a ella en el pasillo estrecho para ir a pagar. ¿Y qué creen? Se me escapó (o no tanto) un pedo silencioso y letal justo frente a ella. No fue planeado, pero tampoco me arrepiento. Escucharla toser después fue mi premio, una especie de justicia poética que sólo quienes han pasado horas en hospitales pueden entender.
En los comentarios, muchos celebraron la “polvareda” como una dulce venganza. Alguien incluso dijo: “Algunos cultivos necesitan ser fumigados”, haciendo alusión a que hay gente que sólo entiende indirectas. En México y otros países, diríamos que fue un “estate quieto” bien puesto.
Final feliz y lecciones de hospital
La historia no terminó ahí. Al día siguiente, mi mamá salió bien de su cirugía de angioplastia: en menos de una hora, dos stents y a casa al día siguiente. Los doctores y el personal se acordaron de nosotros y nos trataron con un cariño que, sinceramente, da esperanza en el sistema de salud. Incluso el encargado de atención al cliente nos preguntó por nuestra experiencia y, cuando le mencioné a Doña Amargura, me dijo que ya tenía quejas previas de ella.
La comunidad de Reddit coincidió en algo: puedes exigir por tus derechos, pero jamás a costa de la dignidad de otros. Y claro, la mejor forma de sobrevivir a la sala de espera es con buen humor y, si se puede, con unas galletitas en la bolsa.
¿Y tú? ¿Qué historias de sala de espera tienes?
Las salas de hospital son el mejor reality show de la vida real en Latinoamérica. Siempre hay algún personaje que saca el cobre, pero también hay momentos de solidaridad, empatía y una que otra venganza pequeñita que nos recuerda que, a veces, la justicia viene en silencioso pero letal.
Cuéntame en los comentarios: ¿qué anécdota inolvidable tienes de hospitales? ¿Te has topado con una Doña Amargura? ¿Tienes alguna técnica secreta para sobrevivir la espera?
¡Nos leemos en la próxima visita al hospital (pero ojalá sólo sea para acompañar)!
Publicación Original en Reddit: Old people at the hospital