Venganza plomera: Así se le arruinó la casa al narco golpeador
¿Alguna vez has sentido que la vida es como una película de acción de bajo presupuesto, pero sin el presupuesto? Pues agárrate, porque hoy te traigo una historia que parece sacada de un guion de El Señor de los Cielos mezclado con La Rosa de Guadalupe, pero en versión cruda y sin moraleja fácil. En esta fiesta no hubo glamour ni lujos, sólo un narco patán, un aprendiz de plomero con sed de justicia y una venganza que, aunque chiquita, fue de esas que dejan marca… y mucha tubería tapada.
Entre drogas, fiestas y violencia: Una noche que se salió de control
Todo comenzó hace más de diez años, en una de esas fiestas donde el ambiente está más cargado que el metro en hora pico. El anfitrión, apodado “Big C” (y no, la C no es de carismático), era un narco de esos que presumen lo poco que tienen y se creen intocables. Su casa, lejos de parecer la mansión de Narcos, era más bien una casa normalona, con piscina y mucho terreno, pero nada del otro mundo.
La mayoría de los presentes andaba en la onda de las drogas fuertes: jeringas, polvitos, pastillas... O sea, lo típico en una reunión de esas que tu mamá te dice que ni se te ocurra pisar. Nuestro narrador, por suerte, era el “designado” porque no mezclaba sus medicamentos con alcohol ni otras cosas, así que le tocó manejar de chofer a su amigo el plomero aprendiz, a quien llamaremos El Vengador.
La fiesta iba bastante normal (bueno, dentro de lo que cabe): pláticas de teorías de conspiración, ligues fallidos y el clásico “¿qué haces de tu vida?”. Pero todo cambió cuando, horas después, Big C y su novia se metieron a su cuarto… y de ahí comenzaron los gritos.
Cuando la gota colma el vaso (o el WC): Un acto imperdonable y la chispa de la venganza
Después de un rato de gritos, la novia de Big C salió, sangrando de la frente y con el cabello hecho un desastre. “Big C me empujó y me pegó”, dijo, desatando una pelea que terminó en caos. Cuando el narrador intentó llamar a la policía, le aventaron el teléfono por preocuparse más por los narcos que por la víctima. Como dirían en México, “nadie quiere problemas con la tira”.
El ambiente se pudrió. La fiesta se terminó antes de tiempo y el narrador empezó a hacer de Uber improvisado, llevando a varios a casa. Entre ellos, El Vengador, quien había estado haciendo trabajos de plomería en la casa de Big C a cambio de drogas y dinero. Tenía sus herramientas ahí y esa noche le pidió ayuda a nuestro narrador para ir por ellas.
Pero cuando regresaron por los triques, El Vengador no tenía cara de querer irse sin antes dejar un “recadito”.
La venganza es un plato que se sirve con cemento (y mucho silicón)
¿Te imaginas entrar a una casa y encontrar al “plomero” no arreglando, sino destruyendo todo a su paso? Eso fue exactamente lo que pasó: El Vengador, indignado por el abuso contra la novia de Big C, decidió hacer justicia al estilo DIY.
Con el cemento que tenía, empezó a rellenar el WC, el drenaje de la regadera, el desagüe del baño, el fregadero de la cocina y hasta la bajada de agua pluvial. Cuando se le acabó el cemento, sacó el silicón y lo metió en las llaves del baño, la cocina, la lavandería, la regadera y hasta en la tubería del gas del asador. ¡Ni la lavadora se salvó! Dicen que también le hizo algo al motor de la piscina, pero ahí sí, la memoria le falló al narrador.
Nuestro narrador, mientras tanto, estaba de “vigía” con el Jesús en la boca, rezando que Big C no despertara. Por suerte, el narco estaba más dormido que estudiante en clase de matemáticas a las 7 a.m.
Al final, recogieron las herramientas, subieron todo a la camioneta y celebraron la hazaña con unas hamburguesas en el McDonald’s. Porque hasta el justiciero más rudo necesita una buena papita para cerrar la noche.
La comunidad opina: ¿Justicia poética o locura total?
En Reddit, donde se compartió esta historia, la gente no tardó en reaccionar. Una usuaria, también sobreviviente de violencia doméstica, dijo que “la historia es hilarante e inspiradora”. Otro comentó que esto demuestra cómo, sin querer, uno puede terminar metido en ambientes peligrosos, y que el narrador tuvo suerte de no perder la vida esa noche.
Hay quien señaló que, aunque las adicciones no vuelven malas a las personas, sí les hacen perder el rumbo y cometer locuras (¡y vaya que sí!). Pero, al menos, todos coincidieron: la violencia de pareja nunca es aceptable, y ver a alguien tomar cartas (o cemento) en el asunto les pareció, aunque extremo, hasta cierto punto justo.
Claro, no faltó el amargado que criticó cómo se contó la historia, pero el propio autor admitió que la escribió medio dormido y que quizá no fue la mejor narrativa del universo… ¡pero eso no le quitó lo entretenida!
Lecciones de barrio (y plomería): ¿Qué aprendimos?
Esta historia dejó más moralejas que capítulo de telenovela: no todo lo que brilla es oro, a veces el “castigo” viene de donde menos lo esperas, y nunca, pero nunca, subestimes a un plomero enojado (ni prestes tu baño a un aprendiz pasado de lanza).
En palabras del narrador: después de esa noche, nunca más volvió a ver ni a Big C ni a su banda. Y, francamente, ¡mejor así! Porque una cosa es querer justicia y otra acabar metido en problemas peores que caño tapado.
¿Tú qué opinas? ¿Fue justa la venganza del plomero justiciero? ¿O se le pasó la mano con el cemento? Cuéntanos en los comentarios si alguna vez has visto una venganza tan creativa… o si tienes alguna historia de barrio que supere esta.
¡Nos leemos en la próxima historia donde el karma, tarde o temprano, siempre llega!
Publicación Original en Reddit: DV, drug dealer, revenge