Venganza de pluma: cuando la tacañería del jefe termina en risas y packs de bolígrafos
¿Quién no ha trabajado alguna vez en una oficina donde parece que los materiales valen oro? Todos conocemos a ese jefe que cuenta hasta el último clip, el que te mira feo si pides una hoja extra, o el que parece que piensa que los bolígrafos se fabrican con diamantes importados de Sudáfrica. Bueno, la historia de hoy es una joya de esas que solo pueden pasar en la vida real… y que, sinceramente, muchos latinos entenderán perfectamente.
Imagina llegar el primer día de trabajo y que te entreguen un solo bolígrafo, como si te estuvieran confiando una herencia familiar. Si lo pierdes, ¡ni modo! A comprar el tuyo. ¿Te parece exagerado? Pues prepárate, porque esta anécdota te hará reír y reflexionar sobre hasta dónde puede llegar la creatividad para sobrevivir en el mundo laboral.
“Aquí nadie regala plumas”: El jefe más tacaño del mundo
El protagonista de esta historia, que apareció originalmente en Reddit, cuenta que su jefe era tan tacaño que solo daba un bolígrafo por empleado. Si el bolígrafo se acababa, debías entregarlo vacío para recibir uno nuevo. ¿Lo perdiste? ¡Te aguantas! Ni modo, a buscar en la papelería más cercana.
La mayoría de los empleados simplemente se resignaba y compraba su propio arsenal de bolígrafos para evitar dramas. Pero nuestro héroe tenía alma de justiciero (y, por qué no decirlo, de bromista). Decidió recolectar plumas gratis de todos los lugares posibles: desde fiadores de fianzas hasta clubes nocturnos de dudosa reputación. Así, su escritorio pronto se llenó de bolígrafos promocionales con nombres que iban desde “Fianzas Don Pepe” hasta “Club Caballeros La Tentación” (sí, con todo y dibujo de bailarina).
El jefe, por supuesto, le lanzaba miradas asesinas cada vez que usaba la pluma del club de strippers frente a un cliente, pero no podía decir nada… Al fin y al cabo, ¡la regla era clara!
Cuando la creatividad supera a la tacañería
Lo más divertido es que, poco a poco, las plumas más escandalosas empezaron a desaparecer misteriosamente del escritorio de nuestro protagonista. Solo se esfumaban las de peor gusto, como si alguien intentara limpiar la imagen del lugar sin dar la cara.
Pero aquí es donde el ingenio latino entra en acción: cada vez que desaparecía una pluma, el protagonista armaba un escándalo. “¿Alguien ha visto mi pluma de la bailarina? ¡Me la robaron! ¡No puedo trabajar sin ella!” Revisaba todos los escritorios, preguntaba a los clientes y hasta le reclamaba a su jefe como si le hubieran robado la laptop. La escena era tan ridícula que hasta los clientes se enteraban de la importancia de “la pluma stripper”.
Uno de los comentaristas de Reddit lo resumió perfecto: “Nada mejor que usar las propias reglas en contra de quien las impone”. Porque, como dice el dicho, “al que le dan pan que llore”.
De la escasez a la abundancia: El triunfo de la resistencia
Después de varias semanas de esta tragicomedia, un día todos los empleados encontraron un paquete de plumas nuevas sobre sus escritorios. ¡Milagro! El jefe, cansado de los espectáculos diarios y del escarnio público, decidió que era mejor invertir en papelería que seguir lidiando con la “pluma de la bailarina”.
Esta historia no solo provoca carcajadas, sino que también refleja una realidad muy nuestra: la capacidad de buscarle el lado divertido incluso a las situaciones más absurdas del trabajo. En América Latina, sabemos que a veces la única manera de sobrevivir a la tacañería y las reglas tontas es con picardía, creatividad y, claro, un poco de venganza chiquita.
Como comentó un usuario con ironía: “Me siento afortunado de trabajar en una oficina donde hay hasta armario de papelería. ¡Bravo por ti!”. A lo que otro respondió, jugando con las palabras: “La mayoría de los armarios son estacionarios… el mío sí tiene artículos de papelería”. Es que hasta en las tragedias administrativas hay espacio para el humor.
Y ojo, que esta historia no es exclusiva de un país. Una lectora contó cómo en su trabajo en una clínica de adolescentes, la administración era tan tacaña que terminaban usando plumas regaladas de gimnasios, aunque fueran moradas y los documentos oficiales quedaran como si los hubiera escrito Barney el dinosaurio. ¡Así es la vida en la oficina latinoamericana!
¿Y tú, qué harías por tu bolígrafo?
Al final, esta pequeña venganza no solo trajo risas, sino que logró un cambio real en la oficina. Porque a veces, la resistencia no se hace con pancartas ni protestas, sino con una buena dosis de creatividad y sentido del humor. Así que ya sabes: si tu jefe es tacaño, busca tu pluma más escandalosa, presume tu colección de bolígrafos de “Farmacias Similares”, y recuerda que en América Latina, la picardía es parte de la supervivencia.
¿Te ha tocado vivir algo parecido? ¿Tienes alguna anécdota de jefes tacaños o venganzas sutiles en la oficina? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque al final, todos tenemos una “pluma stripper” esperando su momento de brillar.
Publicación Original en Reddit: One more pen petty revenge