Venganza de humo: la travesura más pequeña que aún provoca carcajadas
¿Alguna vez te has quedado con esa espinita, esa sensación de querer desquitarte por algo tan pequeño que ni siquiera recuerdas el motivo? En Latinoamérica, solemos decir que “el que no la debe, no la teme”, pero lo cierto es que a veces la vida nos da la oportunidad de hacer una pequeña travesura, de esas que no cambian el mundo… pero sí te sacan una sonrisa por años. Hoy les traigo una anécdota de Reddit que, aunque ocurrió hace décadas en un supermercado de Estados Unidos, podría haber pasado perfectamente en cualquier tienda de barrio de nuestra región.
¿Listos para reírse de una venganza tan insignificante como ingeniosa? Prepárense para conocer la historia de cómo un simple paquete de cigarros fue el protagonista de una jugada maestra, digna de cualquier novela de José Agustín o película de Gael García Bernal.
El clásico pique entre compañeros: historias del súper
Muchos de nosotros hemos trabajado de jóvenes en supermercados, tienditas o changarros, donde aprender a lidiar con todo tipo de clientes y, por supuesto, compañeros de trabajo. En la historia original, el protagonista era un “bag boy” —lo que aquí conocemos como cerillo o empacador— y tenía un compañero con el que no se llevaba nada bien. Nada de pleitos grandes, solo ese roce cotidiano, ese “no me caes” tan típico que se da por cualquier tontería: tal vez porque uno escuchaba a Soda Stereo y el otro era más de rock pesado, o simplemente porque así es la vida.
Lo curioso es que, cuarenta años después, el autor ni siquiera recuerda el motivo de la enemistad. Solo que ambos tenían alrededor de 18 años y que, como buen chismoso del súper, sabía que los papás de su compañero eran enemigos acérrimos del cigarro, y que el muchacho tampoco fumaba. En resumen: el escenario perfecto para una pequeña venganza inofensiva.
“Aquí está el paquete de cigarros que te debía”: el golpe maestro
La historia se pone buena un día de pago. Nuestro protagonista, con su sueldo recién cobrado, se compra dos cajetillas de cigarros (ojo: en esa época costaban apenas un dólar, como mencionaron varios usuarios en los comentarios, lo que en plata de hoy sería poco más que un litro de leche, según algún bromista). Al salir, ve a su enemigo en la fila para cobrar su paga, acompañado de su papá.
Y es aquí donde el diablillo travieso que todos llevamos dentro toma el control: al pasar junto a su compañero, le extiende uno de los paquetes y le suelta: “Aquí tienes el paquete de cigarros que te debía”. El pobre chavo, con cara de espanto, niega todo al instante. Pero el papá… ¡el papá se queda helado, con la furia pintada en la cara! Una escena digna de cualquier novela de Juan Rulfo, pero con aroma a tabaco.
En palabras del propio autor: “Fue una movida de idiota, espontánea, pero todavía me río cuando recuerdo la cara de mi compañero”. Hay que reconocerlo: fue una pequeña maldad, pero de esas que no hacen daño y quedan para la anécdota.
Reacciones de la comunidad: del humor al debate moral
Esta historia, publicada en Reddit, desató una ola de comentarios que, sinceramente, reflejan lo que muchos de nosotros pensamos ante estas situaciones. Uno de los más votados decía: “Lo ahumaste”, jugando con la palabra “smoked” en inglés, mientras otro remataba: “Venganza sin filtro”, en alusión a los cigarros y a lo directo de la jugada.
Algunos usuarios bromearon sobre el precio de los cigarros en los años ochenta, recordando que por 25 centavos te alcanzaba para una cajetilla y hasta para una “coca” bien fría, mientras que otros contaron sus propias anécdotas de trabajos juveniles y compañeros con los que nunca se llevaron bien. Como bien dijo un comentarista: “Yo sí me habría quedado con el paquete y le habría dado las gracias”, mostrando ese ingenio tan nuestro de sacar ventaja hasta en las bromas.
Por supuesto, no faltó quien se pusiera serio, señalando que una broma así podría haberle costado un castigo fuerte al chico, especialmente si tenía un papá estricto. El propio autor reconoció que, en su juventud, ni pensó en las posibles consecuencias, y que hoy, con más años encima, ve la travesura con otros ojos.
La venganza insignificante: ¿culpa o risas?
Lo que hace memorable esta historia no es el daño causado, sino el ingenio y el momento: ese segundo en que, sin planearlo, se nos ocurre una pequeña travesura que queda grabada para siempre. Esas son las historias que, en la sobremesa con la familia o los amigos, provocan carcajadas y un “¡qué gacho eres!” pero sin mala leche.
En nuestra cultura, donde el sentido del humor es casi un superpoder, este tipo de historias nos recuerdan que la vida está llena de pequeñas batallas, la mayoría sin importancia, pero que nos enseñan a reírnos de nosotros mismos. Como diría cualquier abuelita mexicana: “Más vale una risa a tiempo que un enojo guardado”.
¿Y tú? ¿Alguna vez hiciste una venganza tan chiquita que ni recuerdas el porqué, pero sí la risa que te dio? ¡Cuéntanos tu anécdota!
Conclusión: La vida está hecha de pequeñas bromas
Al final, la historia de este “bag boy” y su cajetilla de cigarros nos recuerda que, a veces, las travesuras más simples son las que mejor sabor nos dejan. No se trata de hacer daño ni de cargar culpas eternas, sino de esas pequeñas picardías que, con el tiempo, se transforman en leyendas personales.
Así que la próxima vez que recuerdes una “venganza de humo” como esta, no lo veas con culpa: ríete, compártela y, sobre todo, no pierdas nunca esa chispa traviesa que nos hace humanos.
¿Tienes alguna historia parecida? ¡Déjala en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de las pequeñas venganzas de la vida!
Publicación Original en Reddit: So petty I don’t even remember the offense.