Venganza contra un casero abusivo: una historia de justicia y picardía
Mudarse sola a otra ciudad después de la universidad puede ser toda una aventura. Nuevas oportunidades, nuevos amigos… ¡y nuevas sorpresas! Pero nadie te prepara para el horror de encontrarte con un casero de esos que parecen villanos de telenovela, de esos que sólo les falta el bigote para retorcerlo mientras planean su próxima movida. ¿Te imaginas tener que luchar por algo tan básico como vivir en paz? Pues aquí te traigo una historia que te va a encantar —y te va a inspirar a nunca dejarte pisotear.
El paraíso que resultó ser un infierno
Todo empezó cuando nuestra protagonista, recién graduada y llena de ilusiones, alquiló una casa que, en fotos, parecía ideal: cerca del centro, perfecta para una joven profesional. El casero, muy “buena onda”, le aseguró que tenía experiencia alquilando a gente joven como ella (primer foco rojo, como decimos en Latinoamérica). Lo que la inquilina no sabía era que este casero apostaba a que los forasteros no conocen las leyes de arrendamiento.
La convivencia con los vecinos de arriba fue ruidosa y desagradable. Pero lo peor vino cuando se mudaron y una cuadrilla de mantenimiento empezó a “renovar” el departamento superior. Estos trabajadores parecían salidos de una película de terror: entraban a su casa sin permiso, dejaban el baño sucio (¡sí, hasta orina en la taza, cada día!), y hasta revolvieron su ropa interior. Como si fuera poco, un día encontró su correspondencia abierta —un delito grave en cualquier país.
Cuando el casero se cree dueño de todo
No solo el casero ignoraba las reglas básicas de convivencia, sino que además se aprovechaba de su supuesta autoridad. Un clásico de los caseros abusivos de nuestras tierras: “Si no te gusta, búscate otro lugar”. Y es que, en muchos países de Latinoamérica, todavía existen arrendadores que creen que pueden hacer lo que quieran porque “la casa es suya”.
Pero la gota que derramó el vaso fue cuando, en plena ola de calor, el calentador se rompió y la casa parecía un sauna. Al pedir ayuda, el casero le sugirió, con toda la frescura del mundo, que fuera a bañarse con los vecinos ¡en vez de arreglar el problema! Y si se le ocurría irse a un hotel, él se negaría a descontar ese gasto del alquiler. Amenazas de juicio iban y venían, como si la inquilina no tuviera derechos.
La venganza que se sirve en juzgados
Cansada de tantos abusos, nuestra protagonista hizo lo que muchos sueñan y pocos se atreven: investigó las leyes, buscó un nuevo hogar y, con la ayuda de un abogado (¡que resultó ser el papá del mejor amigo de la infancia del casero!), lo demandó en la corte de pequeñas causas. Aquí en Latinoamérica decimos que “el mundo es un pañuelo”, y vaya que lo fue para este casero.
En el juicio, la jueza, que ya conocía al casero por “andar en malos pasos”, no se tragó sus cuentos. La inquilina presentó fotos del departamento impecable, desmintiendo cada mentira del casero sobre supuestos daños y limpieza. Al final, no solo recuperó su depósito de seguridad, sino también el último mes de renta y hasta el depósito “no reembolsable” por su mascota. Y cuando el casero trató de hacerse el vivo y no pagar, la inquilina fue directo al banco a ponerle presión con el embargo. Ahí sí, el casero pagó rapidito.
La moraleja: ¡No te dejes pisotear!
Lo más bonito de esta historia es lo que vino después. En los comentarios, otros usuarios aplaudieron la valentía de la protagonista. “¡Tu abuela te crió para ser una chingona!” comentaba uno, y no faltó quien dijera: “Personas como tú hacen que todos los caseros sean más honestos”. La propia autora contó que su abuela, activista por los derechos de las mujeres, le enseñó a pelear por lo justo, no solo por ella, sino por quienes no pueden hacerlo.
Y como cereza del pastel, la protagonista se enteró de que al poco tiempo, la esposa del casero lo dejó y él terminó viviendo en un barco. ¡El karma existe, mi gente!
¿Y tú, qué hubieras hecho?
En países como los nuestros, donde a veces parece que los derechos del inquilino son letra muerta, historias así nos recuerdan que informarse y defenderse sí da frutos. Si alguna vez te encuentras con un casero gandalla, no lo dudes: conoce tus derechos y no tengas miedo de exigirlos.
¿Te ha pasado algo parecido? Cuéntanos tus historias y consejos en los comentarios. ¡Entre todos podemos cambiar la cultura del abuso inmobiliario!
Publicación Original en Reddit: Slumlord revenge