Venganza con sabor a Francia: cuando una tía latina usa el poder de los niños en el aeropuerto de París
¿Alguna vez has sentido que la paciencia se te acaba en un aeropuerto, justo cuando más la necesitas? Ahora imagina que viajas con dos niños pequeños, uno de ellos con prótesis en las piernas, después de una odisea por los pasillos eternos del aeropuerto Charles de Gaulle en París. Sí, ese aeropuerto que muchos viajeros han bautizado como una mezcla de laberinto y sauna, todo en uno. Bueno, la historia de hoy tiene a una familia latina enfrentando la falta de empatía... ¡y regalándonos una lección de venganza chiquita pero sabrosa!
Porque, seamos honestos, hay momentos donde la vida te pone a prueba y, como buen latino, lo mínimo que puedes hacer es responder con picardía, ingenio y un toque de humor.
El aeropuerto Charles de Gaulle: Un monstruo con fama mundial
No es secreto para nadie que el aeropuerto Charles de Gaulle (CDG) en París es famoso, pero no precisamente por su comodidad. Si alguna vez has pasado por ahí, sabes que los pasillos parecen no tener fin y la señalización, a veces, es más enredada que telenovela mexicana en su capítulo final. Justo como lo comentan varios usuarios en Reddit: "CDG es el peor aeropuerto al que he ido y créanme, he visitado muchos", dice uno; mientras que otro añade: "Lo único bueno es el tren que te lleva al centro, porque lo demás es puro sufrir".
Y si encima vas con niños chiquitos, ¡ni se diga! Entre que uno quiere correr y el otro, con sus prótesis, necesita sentarse urgentemente, la situación se convierte en una verdadera carrera de resistencia. Como bien bromeó un usuario: "Qué pena que tus niños interrumpieron el descanso de esa amable señora" (obvio, sarcasmo a la francesa).
La falta de empatía y la venganza latina... ¡chiquita pero efectiva!
La historia transcurre en una sala de espera abarrotada, donde una familia busca dos asientos juntos para que los primitos puedan descansar. La mamá se acerca amablemente a una señora que, muy cómoda, ocupa el asiento del medio entre dos vacíos. Le explica la situación, incluso le señala la pierna prostética del niño, pero la respuesta es un rotundo: "No". Como si la empatía se hubiera quedado olvidada en el equipaje.
Aquí entra la creatividad latina: en vez de resignarse, la mamá sienta a cada niño a cada lado de la señora, que pronto se ve atrapada entre el torbellino de energía de los pequeños. Saltos, risas, carcajadas y preguntas incesantes... en menos de un minuto, la señora entendió que a veces, la vida se encarga de darte tu merecido. Según la narradora, la señora huyó más rápido de lo que tardó en decir "fromage". Como dicen en mi tierra: "El que no escucha consejos, no llega a viejo".
Reflexiones de la comunidad: ¿Quién no ha vivido algo así?
En los comentarios, varios latinos y viajeros internacionales se identifican con la historia. Una persona contó cómo en un evento, un hombre se negó a cederle el asiento aunque ella iba con su bebé. "Está bien, me senté junto a él y no sabe cuántas veces una mamá se levanta cuando tiene un bebé inquieto". Al final, el aguante del hombre duró menos que una promesa de político.
Otro usuario recordó la vez que su papá usó la amenaza de "dejar libres a sus hijos hiperactivos" en un restaurante para conseguir mesa rápido. "El maître se puso pálido y nos sentaron en un abrir y cerrar de ojos". A veces, los niños son como esos superpoderes secretos que solo los papás saben usar en situaciones extremas.
Y para quienes han sufrido en CDG, la solidaridad no faltó: "Prefiero volar a Frankfurt y tomar el tren antes que regresar a ese aeropuerto". Incluso hubo quien bromeó con el calor insoportable en los terminales: "Con ese techo de vidrio, parecía asador de domingo".
El arte de sobrevivir (y reír) en los aeropuertos
Viajar con niños en aeropuertos caóticos puede ser una pesadilla, pero también una oportunidad para sacar a relucir esa resiliencia y humor que caracteriza a las familias latinoamericanas. Porque si algo nos sobra es ingenio para enfrentar la adversidad, y si se trata de enseñar una lección a quien se niega a ser empático, no hay mejor arma que el espíritu inagotable de un niño.
Así que ya sabes, la próxima vez que alguien se ponga difícil en un lugar público, recuerda esta historia: a veces, la venganza más sabrosa es dejar que la vida (y los niños) hagan su magia.
¿Y tú? ¿Has vivido alguna situación similar en aeropuertos o lugares públicos? ¿Qué harías si te encuentras con una señora así en tu camino? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y comparte este blog con quienes aman las historias de justicia chiquita, pero bien servida.
¡Hasta la próxima, viajeros y buscadores de historias con sabor latino!
Publicación Original en Reddit: Crowded Paris airport seating