Venganza con sabor a cuenta separada: la historia de los vecinos gorrones que se llevaron su merecido
¿Alguna vez te ha tocado salir a cenar con alguien que pide como si estuviera en buffet libre... pero cuando llega la cuenta, espera que todos paguen por igual? Si tu respuesta es sí, vas a disfrutar esta historia tanto como un buen café con pan dulce. Hoy te traigo una anécdota de esas que nos dejan pensando: ¿por qué siempre hay alguien que quiere pasarse de listo, pero al final termina mordiéndose la lengua?
Cuando la hospitalidad se encuentra con la picardía
Todo comenzó en un tranquilo vecindario del norte del estado de Nueva York, donde la amabilidad era la moneda corriente... al menos hasta que la comida entraba en juego. La pareja protagonista, digamos que “Carlos” y “Marta” (para ponerles nombres latinos), aceptó una invitación a cenar de sus vecinos mayores, “Don Pepe” y “Doña Lidia”, quienes parecían de lo más simpáticos.
El plan era sencillo: salir a comer, convivir, y dividir la cuenta. Pero desde el primer encuentro en la trattoria local, la cosa olía raro (y no precisamente a salsa pomodoro). Carlos y Marta pidieron solo un platillo principal y compartieron una entrada, mientras Don Pepe y Doña Lidia se lanzaron como si fueran enfiestados en XV años: bebidas, entradas para cada quien, platos principales, postres y hasta digestivo para rematar.
El “detalle” llegó con la cuenta: Don Pepe pagó justo la mitad y, como quien no quiere la cosa, dejó la propina al mínimo. ¿El resto? ¡Le tocó cubrirlo a Carlos y Marta! Como diría cualquier tía latina: “Ay, mijito, qué vivos resultaron”.
El arte de la cuenta separada: una lección de picardía
Lejos de amargarse, nuestros protagonistas aplicaron la sabiduría popular: “Al que no quiere caldo, se le dan dos tazas”. La siguiente vez, Carlos, más avispado, tomó a Don Pepe aparte y le explicó que solo pagarían lo que consumieran porque eran de comer ligero. Don Pepe puso cara de “¿qué está pasando aquí?”, pero aceptó a regañadientes. Aun así, la discusión sobre el dinero seguía cada vez que salían. Y ojo: esto se puso peor cuando eligieron restaurantes caros, de esos donde hasta el agua parece importada.
En la tercera salida, Carlos decidió jugar la carta maestra: cuando el mesero llegó, pidió que la cuenta fuera separada, pero lo hizo discretamente yendo al baño. La reacción de Don Pepe y Doña Lidia al recibir una cuenta que duplicaba la de sus vecinos fue pura poesía. “Se les fue el color de la cara”, como diría cualquier abuelita. Por fin tuvieron que pagar exactamente lo suyo, sin descuentos de vecino ni “división socialista”. Como comentó un usuario en Reddit, “el sonido de la billetera vieja abriéndose se escuchó hasta en la cocina”.
La sabiduría colectiva: ¿cómo lidiar con los gorrones?
Este tipo de situaciones no son exclusivas del norte de Nueva York. En toda Latinoamérica, más de uno hemos salido con el “amigo gorrón” que pide lo más caro y luego quiere repartir la cuenta “entre todos”. Un usuario de la comunidad lo resumió perfecto: “Siempre hay que pedir cuentas separadas desde el principio, así cada quien paga lo suyo y se evita el mal rato”.
Hay quienes, como Marta, optan por llevar efectivo en billetes pequeños y dejar exacto lo que le toca, incluso sumando la propina y redondeando para no dejar dudas. Otros prefieren hablar claro y directo con el mesero desde el inicio. Y hay quienes, en plan de compadrazgo, terminan invitando de vez en cuando, pero solo cuando hay confianza y el acuerdo es mutuo.
Pero ojo, también existen los casos opuestos: familias y grupos de amigos donde la “guerra” es por ver quién paga primero, como nos cuentan algunos usuarios: “En mi familia, el juego es pagar la cuenta sin que los demás se den cuenta, a escondidas, como si fuera un truco de magia”. ¡Eso sí es amor de verdad!
Entre el “yo invito” y el “yo me aprovecho”: la línea fina
La moraleja de esta historia es clara y muy latina: la confianza es buena, pero la desconfianza no hace daño. No se trata de ser tacaños ni de hacer cuentas con calculadora en mano cada vez que salimos, sino de ser justos y evitar que los “listos” se aprovechen de la buena fe de los demás.
Como bien dijo otro usuario, “no es el dinero, es el principio”. Y en Latinoamérica, donde el valor de la palabra y el respeto son sagrados, nadie quiere quedar como el gorrón del grupo. Así que la próxima vez que salgas a cenar, recuerda: la venganza se sirve fría… y con la cuenta bien separada.
¿Y tú qué opinas? ¿Te ha tocado algún “Don Pepe” en tu vida? ¿Cómo lidias con los gorrones cuando sales a comer? Cuéntanos tu experiencia aquí abajo y comparte este post con ese amigo que siempre termina pidiendo el corte de carne más caro mientras tú solo querías una ensalada. ¡A ver si así aprende!
Publicación Original en Reddit: Revenge is a dish best served with a separate check