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Venganza con sabor a caldo: cuando el café de oficina se volvió consomé

Una taza humeante de café sobre un escritorio, simbolizando la tensión y las interacciones pasivo-agresivas en la oficina.
En esta imagen fotorrealista, una taza de café recién preparado reposa sobre un escritorio desordenado, capturando la esencia de esos momentos frustrantes en el trabajo. A veces, un simple descanso para tomar café es lo que necesitas para navegar las complejidades de la dinámica laboral y las personalidades peculiares que encontramos.

Todos los que hemos trabajado largas horas en una oficina sabemos que hay compañeros que parecen tener el don de irritar hasta al más paciente. Siempre hay uno o una que, con comentarios pasivo-agresivos y “halagos” envenenados, logra sacarnos de quicio. ¿Te imaginas tener a alguien así durante turnos de 13 horas, dependiendo del café para sobrevivir? Bueno, hoy te traigo una historia de Reddit que no solo nos saca una sonrisa, sino que nos recuerda que, a veces, la justicia poética tiene sabor... a caldo de res.

Cuando el compañero tóxico necesita su café (y recibe algo más)

La historia la cuenta un usuario que, harto de una compañera metiche y pesada, decidió que su último día de trabajo sería inolvidable, al menos para ella. Como en muchas oficinas de Latinoamérica, el café es casi un ritual: sin él, nadie rinde ni la mitad. Imagínate un ambiente donde la cafetera nunca descansa y las tazas se llenan más rápido que la bandeja de pan dulce en la hora del break.

El “talón de Aquiles” de la compañera era su frasco personal de café instantáneo al estilo barista (como el famoso Nescafé Azera). Nadie más lo usaba, era su tesoro. Así que, el día de la despedida, nuestro protagonista llevó un frasco de Bisto Best, que para quienes no lo conocen, es un polvo instantáneo de salsa de res, muy similar en textura al café. Vació la mitad del café, la reemplazó con el polvo de salsa y agitó bien la mezcla. Visualmente, nadie notaría el cambio... salvo tal vez por un sutil aroma a carne asada.

Y así, después de decir adiós, salió por la puerta grande, dejando atrás el mejor “regalito” de despedida.

El grito en la sala de descanso y el sabor a “venganza”

Aunque el autor no presenció el desenlace, un colega le mandó un mensaje días después: “Se escuchó un grito en la sala de descanso: ‘¡Carajo, esto sabe a caldo de res!’”. La escena es fácil de imaginar: la compañera, confiada, preparándose su café, tal vez pensando en su próxima indirecta, y de repente, el sabor a consomé invadiendo su paladar. Como decimos en México, “le cayó el veinte” de inmediato.

Esto no fue solo una venganza pequeña, sino precisa. Una usuaria preocupada preguntó si alguien más había sufrido el cambio, pero el autor aclaró: “Era su propio frasco, nadie más lo tocaba”. Así que la travesura fue tan quirúrgica como el corte de un jamón serrano.

La comunidad opina: risas, consejos y recuerdos dolorosos

La historia no tardó en volverse viral. Muchos usuarios compartieron sus propias anécdotas: un tío que accidentalmente se preparó un “chai latte” con caldo de res en vez de leche, y terminó traumatizado de por vida. Otro sugirió que una verdadera venganza diabólica habría sido llenar el frasco de café descafeinado (en México le decimos “café agua de calcetín”), porque para muchos, eso sí que es castigo.

Alguien incluso bromeó que la única forma de superar la broma habría sido usar Metamucil (un laxante) en vez de salsa, pero todos coincidieron en que el toque “beefcake” fue sublime. En palabras de un usuario: “Sigue tus sueños, yo soy la prueba viviente... de que el caldo de res también puede ser una venganza”.

Y es que en Latinoamérica, todos tenemos historias de “pequeñas venganzas” en la oficina: desde la clásica del que se come tu lonche del refri, hasta el que se roba el mejor marcador del pizarrón. Pero pocas tienen un final tan sabroso y original como este.

Reflexiones: el arte de la venganza chiquita, pero efectiva

La moraleja aquí no es hacer la guerra en la oficina, pero sí recordarnos que un poco de picardía e ingenio puede endulzar (o en este caso, sazonar) los recuerdos de los malos ratos laborales. Porque, como decimos en Colombia, “el que la hace, la paga”, y a veces la vida se encarga de servirla en taza caliente.

Y tú, ¿tienes una historia de venganza inocente en el trabajo? ¿Te animarías a cambiarle el café al compañero fastidioso por un consomé de abuelita? Cuéntanos en los comentarios, comparte tu anécdota y, sobre todo, ¡que nunca falte el café (ni el buen humor) en tu oficina!

¿Quién dijo que la justicia poética no puede servirse en taza?


Publicación Original en Reddit: I hope you enjoy your 'coffee'