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Venganza con aroma a pescado: cuando el jefe se quedó sin su combi

Minivan Chrysler Voyager estacionada en un entorno urbano, simbolizando la dinámica laboral y los recursos compartidos.
En esta escena cinematográfica, la minivan Chrysler Voyager captura la esencia de la camaradería en el trabajo y los giros inesperados de la vida en la oficina, mientras nuestro equipo enfrenta los desafíos de los recursos compartidos y las decisiones de gestión.

¿Alguna vez te ha tocado un jefe que se siente dueño de todo, hasta de lo que no le corresponde? Seguro más de uno levantó la mano. Pues hoy te traigo una historia digna de telenovela mexicana, pero con el giro de comedia ácida que tanto nos gusta en Latinoamérica. Prepárate para reírte y, quizás, recordar alguna travesura que hiciste en la oficina.

En el mundo laboral latino, siempre hay alguien que se cree el mero mero y quiere acaparar todos los privilegios. Pero, como dicen por ahí, “el que mucho abarca, poco aprieta”… y a veces, poco huele bien. Esta es la historia de cómo un grupo de empleados le dio una lección inolvidable a su jefe usando nada más y nada menos que el poder del olfato.

El jefe, la combi y el capricho

Todo empezó en una pequeña empresa que contaba con una Chrysler Voyager (la clásica combi que todos hemos visto llevando hasta el perico en la ciudad). Los empleados la usaban para hacer mandados rápidos o ir a comer tacos juntos. Nadie se peleaba por ella, hasta que el gerente, recién mudado cerca de la oficina, decidió que la combi era suya y de nadie más.

Imagínate: tú, viviendo a más de una hora, usando el tren suburbano para llegar al trabajo, y tu jefe apropiándose del único vehículo de la empresa como si fuera su trono rodante. Así cualquier mexicano, colombiano o argentino habría sentido el coraje subiendo por la espalda.

Un día, el protagonista de esta historia tuvo que llevarse la combi para recoger equipo caro en las afueras, esencial para el trabajo. Al siguiente día, al regresar, el jefe lo recibe con cara de “te voy a comer crudo” y le suelta: “Me dejaste tirado… ¡tuve que tomar un taxi!”. Como si fuera el único en el mundo con problemas.

El arte de la venganza chiquita pero picosa

En ese momento, los empleados supieron que la combi se iba, pero no sin antes dejarle un regalito. Inspirados por esa chispa de picardía tan nuestra, fueron a un vivero y compraron aceite de fertilizante de pescado (sí, de esos tan apestosos que hasta los perros le huyen). Lo aplicaron con generosidad dentro de los paneles de las puertas y debajo del asiento. Era verano, el calor estaba a tope… ¿te imaginas el aroma?

Como diría cualquier abuela: “Eso no se lo quita ni con agua bendita”. Al entregar la combi, no hicieron ruido ni se despidieron. Solo esperaron, sabiendo que la justicia olfativa haría su trabajo.

El chisme en la oficina y la reacción de la comunidad

Días después, el jefe empezó a quejarse del olor extraño que no se iba, buscando el origen como si estuviera cazando fantasmas. Mientras tanto, los empleados se iban a comer en el Mercedes de un compañero, aguantándose la risa. Porque, seamos sinceros, todos tenemos ese compa que maneja un carro fresa aunque esté más viejito que el jefe.

La historia, compartida en Reddit, desató comentarios de todo tipo. Uno de los más populares, adaptando el arte a la venganza, dijo: “Eso es arte digno de Van Gogh, pero versión combi”. Otro, con humor muy latino, agregó: “Eso es venganza a lo a-van-t-garde”. Incluso alguien recordó el clásico episodio de Seinfeld donde un carro apestoso se vuelve el terror de Nueva York, pero aquí fue la combi la que se volvió leyenda urbana.

Y para los que piensan que esto es cosa de gente inmadura, un usuario lo resumió con el clásico “12 años… ¡pero de picardía!”. Porque en Latinoamérica, la travesura es casi un deporte nacional.

Reflexiones: ¿La venganza es dulce… o apestosa?

Esta historia nos recuerda que la oficina no solo es trabajo; es todo un microcosmos donde la creatividad y la solidaridad entre compañeros puede más que cualquier jefe autoritario. En muchos países latinos, enfrentarse al jefe no siempre es fácil, pero el ingenio popular nunca falla.

Como comentó alguien en la publicación original, el castigo fue tan artístico que deberían darle un reconocimiento, y en vez de “manager”, llamarlo “El Vandelorio” (mezcla de Van y Mandalorian para los fans de Star Wars). Porque cuando el jefe se olvida del equipo, el equipo nunca olvida… y menos su olfato.

¿Y tú? ¿Te animarías a hacer algo así? ¿O ya lo hiciste? Cuéntanos tu mejor venganza chiquita en la oficina, que aquí nadie te va a juzgar… solo reírse contigo.

Conclusión: En la vida laboral, a veces el mejor desahogo es una pequeña venganza con sabor (o, en este caso, olor) a justicia. Y si alguna vez tu jefe se pone especial, recuerda: una buena dosis de picardía latina puede cambiarlo todo… aunque tenga que cambiar de carro.

¿Qué otras historias de oficina conoces que merecen ser contadas? ¡Déjalas en los comentarios y que siga el chisme!


Publicación Original en Reddit: Something's Fishy