Venganza chiquita, ¿venganza pro? Cuando los stickers se convierten en justicia poética familiar
¿Quién no ha soñado alguna vez con devolverle, aunque sea un poquito, el mal a quienes nos han hecho la vida imposible? Todos hemos sentido esa cosquillita de querer hacerle una jugarreta a alguien que nos la hizo pasar mal… pero lo que hizo nuestra protagonista va más allá de un simple “me desquito”. Es la historia de cómo unas calcomanías gratis y un pequeño error ortográfico pueden convertirse en el desahogo más dulce para el corazón herido de una hija.
Hoy te traigo el relato de una mujer que, cansada de años de abuso familiar, encontró en la venganza chiquita (y un poquito en la pro) una forma de sanar y reírse del pasado. Prepárate para reír, reflexionar y, quién sabe, tal vez inspirarte para tu propia micro-venganza inofensiva.
Cuando la familia es una pesadilla: el origen de la venganza
Hablemos claro: muchos en Latinoamérica crecimos en familias donde “la letra con sangre entra” y los gritos eran pan de cada día. Pero la historia de nuestra protagonista (llamémosla Mariana) es de esas que hacen que uno diga: “¡Uf, esto sí está fuerte!”. Mariana sobrevivió a un hogar donde el abuso y el control eran el menú diario, especialmente de parte de su padre, un verdadero dictador del hogar que, como muchos “machos alfa” de nuestra cultura, no toleraba ni el más mínimo cuestionamiento a su autoridad.
¿El colmo? Cuando Mariana ya estaba casada, su papá la sentó para exigirle que “pusiera en cintura” a su esposo, porque según él, era muy irrespetuoso. Y como buen narcisista, le dejó claro que no pensaba cambiar nunca, y que si alguna vez alguien se atrevía a denunciarlo, se encargaría de que el castigo fuera peor que el crimen. Todo esto, claro, sin el menor remordimiento.
Después de años de intentar poner límites y buscar reconciliación, Mariana decidió cortar contacto. Pero los traumas no se borran con un simple “adiós”, y su proceso de sanación la llevó a terapia.
La terapia y la “venganza chiquita”: ¿sanación o travesura?
Aquí viene lo sabroso: Mariana empezó terapia con una especialista en trauma. En una de esas sesiones catárticas, salió el tema de la rabia acumulada, esa emoción que muchos aquí aprendimos a reprimir porque “no es de bien educados”. Su terapeuta, lejos de juzgarla, la animó a encontrar maneras seguras (y sin lastimar a nadie) de expresar ese enojo. No era cuestión de quemar la casa ni llamar a “La Rosa de Guadalupe”, sino de hacer algo simbólico.
Así nació la idea: ¿qué tal si le mandamos a su papá un montón de cosas molestas, como folletos, llamadas de telemercadeo, o mejor aún, calcomanías gratis con un error en su nombre? Para cualquier latino, que te escriban mal el nombre es motivo de enojo (¡imagínate que te digan “Juán” en vez de “Juan”!). Mariana se puso creativa y registró a su papá en 20 o 30 sitios para recibir stickers, todos con ese errorcito que sabía le hervía la sangre.
¿El resultado? Mariana nunca supo si su padre recibió los stickers, pero meses después le llegó el chisme: sus padres se mudaron misteriosamente de departamento. “¿Será que no aguantaron la avalancha de calcomanías y cartas con el nombre mal escrito?”, se preguntó entre risas. Si bien nunca lo sabrá, le gusta imaginar que sí.
Lo que dice la gente: ¿terapia, venganza o ambas?
El relato de Mariana generó tremendo debate en Reddit. Algunos, como “Cute_Recognition_880”, la animaron a seguir: “Si consigues la nueva dirección, ¡empieza de nuevo! Se pueden mudar, pero no esconder”. Otros, en cambio, dudaron de la ética de la terapia: “Ningún terapeuta debería recomendar venganza”, opinó “BrandonW77”. Pero hubo quienes defendieron la estrategia: “A veces, la venganza pequeña, la que no hace daño real, ayuda a cerrar ciclos y sentir algo de control”, compartió otro usuario, comparando la experiencia con técnicas de terapia como la DBT, donde romper las reglas de forma inocua puede ser sanador.
En Latinoamérica no falta quien diga “el que se ríe se lleva”, y por eso, otros usuarios recordaron que, a veces, la mejor venganza es simplemente vivir mejor y cortar la relación con quienes te dañaron. Pero, ¿quién no disfruta de imaginar a ese narcisista abriendo cartas con su nombre mal escrito por meses y perdiendo la paciencia?
¿Venganza chiquita, venganza pro o simplemente justicia poética?
En nuestra cultura, donde el perdón muchas veces se idealiza y la familia se pone por encima de todo, historias como la de Mariana nos invitan a cuestionar: ¿está tan mal desquitarnos un poquito si no le hacemos daño real a nadie? ¿O será que también merecemos reírnos de vez en cuando y sentir que recuperamos el control sobre nuestra propia historia?
La comunidad fue clara: mientras no se cruce la línea del daño real ni la ilegalidad, una travesura inofensiva puede ser la válvula de escape que necesitas para soltar el pasado. Y si de paso logras que ese padre autoritario se incomode tantito, pues… como decimos por acá, “el que la hace, la paga… aunque sea con stickers”.
¿Y tú? ¿Alguna vez te has desquitado con una venganza chiquita? ¿Crees que ayuda a sanar o solo alimenta el resentimiento? Cuéntame tu historia o déjame tu opinión en los comentarios. ¡Aquí nadie juzga, pero todos nos reímos juntos!
Publicación Original en Reddit: Petty Revenge with a little bit of Pro Revenge? I like to think so!