Venganza chiquita pero bien sabrosa: cuando el compañero cochino se lleva su merecido
¿Quién no ha tenido ese compañero en el trabajo que parece salido de una película de desastres? Ese personaje que te hace replantear el significado de la paciencia y te pone a prueba cada día, ya sea por su actitud, sus hábitos o simplemente porque parece que le gusta incomodar a todos. Hoy les traigo una historia perfecta para los que han soñado con una pequeña, pero satisfactoria, venganza: la de un mesero harto de un cocinero hippie, cochino y con ego del tamaño del Estadio Azteca.
¡Agárrense que esto se pone bueno! No importa si trabajas en una fondita, un café hipster o una taquería a la vuelta de la esquina, seguro te vas a identificar con lo que pasó en este restaurante. Y, por supuesto, la comunidad de internet no tardó en dar su opinión, con todo y memes.
Un compañero que ni el incienso puede limpiar
En todos los trabajos hay personajes pintorescos, pero el protagonista de esta historia se lleva el premio. Imagina a ese típico “hippie” que se viste como si acabara de salir de un festival, con suéter de colores y pantalones parchados, pero con la actitud de que el mundo le debe algo. Para acabarla, ni siquiera vivió la época dorada de su ídolo musical (¡ni había nacido cuando murió el famoso Jerry García de los Grateful Dead!). Pero eso sí, se creía la reencarnación del rock psicodélico y hasta tenía apodo de “la banda”.
Pero lo peor no era su estilo ni su ego, sino su asqueroso hábito: masticar tabaco y escupir en botellas de refresco, llenándolas de colillas y babas. ¿Te imaginas el olor? Pues este cuate no solo hacía eso en la cocina, sino que además dejaba sus botellas pegajosas por todo el restaurante, como si fueran parte de la decoración.
La gota que derramó la botella (y la paciencia)
Un día, el “hippie” decidió invitar a sus amigos igual de desaliñados al restaurante. Hicieron un desastre en la terraza, no dejaron ni una propina y, para colmo, él mismo dejó su infame botella de Sprite con tabaco y colillas sobre la mesa. ¡Ni la decencia de recoger su mugrero tuvo! Para los que han trabajado en restaurantes, saben que esto es como una mentada de madre directa: dejar basura y no pagar ni un centavo extra.
Aquí es donde entra nuestro héroe (el mesero), quien, harto de las cochinadas y la falta de compañerismo, ideó una venganza digna de película mexicana. Sabía que el “hippie” guardaba su suéter favorito en el cuarto de empleados. Así que, ni tardo ni perezoso, vació todo el contenido asqueroso de la botella en la bolsa del suéter. Cuando el “hippie” metió la mano y sintió la sorpresa, la satisfacción del mesero fue total. ¡Eso es justicia poética, dirían por ahí!
¿Venganza justificada o solo mala onda? El debate en internet
Como era de esperarse, la historia se volvió viral y la comunidad no tardó en dividirse. Algunos decían que la venganza fue exagerada y que el mesero solo estaba desquitando su odio personal. Un usuario comentó algo así como: “No suena a venganza pequeña, más bien parece que solo te caía mal y te pasaste de la raya”. Otros, más comprensivos, decían: “¡Claro que fue por no dejar propina y dejar su basura! Eso sí es una falta de respeto en cualquier restaurante”.
Hasta hubo quienes preguntaron por las palabras raras que se usaron en la historia, como “drainbow” (una mezcla de “drain” y “rainbow”, que en el contexto se refiere a un hippie que más bien drena la energía) o los términos FOH (Front of House, o sea, los que atienden al público) y BOH (Back of House, los de cocina o apoyo). Todo un glosario de la vida godín-restaurantera, pero en versión gringa.
Otros hasta se rieron diciendo que seguro el karma ya le estaba cobrando al mesero, pero que la satisfacción de ver la cara confundida de su compañero valía la pena. Y cómo no: en México diríamos que esto fue un “cobro de factura” o un “ajuste de cuentas” muy a la mexicana.
Lo que nos deja esta historia: lecciones para la vida laboral... y para la próxima comida
La moraleja aquí no es que debamos vengarnos de todos los compañeros que nos caen mal (aunque a veces se antoje). Más bien, nos recuerda la importancia del respeto y la convivencia en el trabajo. Dejarle la basura a otro nunca está bien, menos cuando compartimos turnos largos, clientela exigente y salarios que no siempre reflejan nuestro esfuerzo. Si a eso le sumas la falta de propina (que en Latinoamérica sí que duele), la paciencia se acaba rápido.
Y si trabajas en restaurantes o cualquier lugar en equipo, acuérdate: un poco de empatía y limpieza hacen milagros. Porque uno nunca sabe cuándo el karma (o un compañero creativo) te va a devolver el favor con una venganza sabrosita.
¿Tú qué hubieras hecho en su lugar? ¿Te parece justa la venganza o crees que fue pasarse de la raya? Déjanos tu comentario y cuéntanos tu mejor historia de “venganza chiquita” en el trabajo. ¡Aquí nos echamos el chisme juntos!
Publicación Original en Reddit: If you’re gonna be gross…