Vence a tu enemigo… ¡confundiéndolo con amabilidad científica!
¿Quién dijo que la ciencia es aburrida? Si alguna vez pensaste que un laboratorio era solo tubos de ensayo y bata blanca, prepárate para conocer una historia donde la venganza no se sirve fría, sino con una buena dosis de ADN y un toque de confusión al mejor estilo latinoamericano.
Todos hemos tenido ese compañero en el trabajo: el que cree que el laboratorio es su reino y que puede tratar a los demás como simples mortales. Pero, como buen dicho de abuelita: “A cada capillita le llega su fiestecita”. Y en esta historia, nuestro héroe logró darle la vuelta a la tortilla con una venganza tan sutil que hasta el mismísimo Chavo del 8 diría: “Eso, eso, eso”.
El laboratorio: más parecido a una novela de Televisa de lo que imaginas
Nuestra historia comienza con un joven pasante sin paga, esperando iniciar su doctorado en otra ciudad, mientras colaboraba en un laboratorio. Allí, en el pasillo de los científicos, existía un líder de grupo de esos que parecen villanos de telenovela. Para darle un toque geek, lo apodaremos “Odo”, por su parecido a un personaje gruñón de una serie de ciencia ficción.
La tarea era sencilla: pedir prestado un poco de ADN en forma de plasmido (esa especie de “USB” biológico que los científicos usan para engañar a las bacterias y que hagan lo que ellos quieran). Pero aquí las bacterias tienen carácter: si les das un plasmido que no les gusta, hacen trampa, se quedan solo con la parte que les conviene (resistencia a antibióticos) y desechan el resto. Como quien dice, “hecha la ley, hecha la trampa”.
Odo, fiel a su papel de antagonista, no solo fue tacaño y dio menos material del necesario, sino que además, cuando las cosas no funcionaron, trató al pasante como si fuera un inútil. Hasta le regaló un poco de sus propias bacterias… ¡pero éstas ya habían hecho trampa y no servían para nada! El colmo del descaro.
La venganza perfecta: ni agresiva, ni pasiva… solo desconcertante
Después de días de intentos fallidos, pruebas y hasta tener que demostrar con pruebas científicas que el error no era del pasante, sino del jefe sabelotodo, finalmente Odo cedió y entregó una muestra correcta. Ahí fue cuando se destapó la verdad: Odo había cometido un error de principiante al usar la cepa equivocada de bacterias, permitiendo que éstas se quedaran con el “premio” y tiraran el “castigo”.
En ese momento, el pasante tenía dos caminos: dejar que Odo siguiera sufriendo en su ignorancia, o hacer algo inesperado. ¿Qué hizo? Como buen protagonista de “La Rosa de Guadalupe”, decidió devolver el favor… ¡pero multiplicado! Preparó ADN de primera calidad y bacterias listas para usar, y se las dejó en el laboratorio de Odo sin esperar nada a cambio.
¿El resultado? Odo quedó más confundido que cuando tu tía intenta usar WhatsApp Web. No pudo entender por qué alguien a quien había tratado mal le haría un favor tan grande. Incluso su esposa (que tampoco era un pan de Dios) fue a felicitar al pasante por su futura posición de doctorado. Como bien dijo un usuario en los comentarios: “La verdadera venganza es hacer que la otra persona cuestione todo su mundo”.
Reflexiones de la comunidad: matar con amabilidad
Lo más divertido de esta historia es cómo los lectores del foro la interpretaron. Muchos coinciden en que, en ambientes de trabajo donde todo se maneja como “tú me das, yo te doy”, un acto de amabilidad genuina puede dejar más descolocado a un jefe complicado que cualquier venganza abierta. Como comentó un usuario, “la amabilidad le destrozó tanto su visión del mundo que sufrió una disonancia cognitiva”.
Otro usuario compartió una anécdota similar: en muchas culturas, especialmente en ambientes competitivos, si eres amable sin esperar algo a cambio, la gente se pone paranoica. En palabras latinas: “¿Y este por qué me hace favores? ¿Qué querrá?”. Algunos hasta recordaron refranes de abuela: “Mátalos con amabilidad, que eso los desarma”.
Y no faltó quien agradeció la explicación científica disfrazada de novela, porque, seamos sinceros, pocos sabíamos que las bacterias también son expertas en hacer trampa. Uno hasta bromeó diciendo que la historia parecía una clase de biología contada por un comediante mexicano.
¿Qué aprendemos de esta historia?
En los laboratorios y oficinas de América Latina, como en cualquier parte del mundo, siempre habrá personas difíciles y, a veces, las mejores lecciones de vida surgen lejos del pizarrón. La próxima vez que te topes con un “Odo” en tu vida laboral, recuerda que la amabilidad inesperada puede ser la mejor forma de dejarlo descolocado y, de paso, dormir tranquilo sabiendo que no te rebajaste a su nivel.
Como dijo el propio autor de la historia: “De vez en cuando, declara la paz. Eso desconcierta a tus enemigos”. Así que ya lo sabes: la venganza no siempre es dulce, a veces es desconcertante… ¡y mucho más efectiva!
¿Te ha tocado enfrentarte a un “Odo” en tu trabajo o escuela? ¿Alguna vez pagaste maltrato con amabilidad y lograste dejar a alguien pensando? Cuéntanos tu experiencia, que en esta comunidad, las risas y las anécdotas nunca faltan.
Publicación Original en Reddit: If you can't beat them, confuse them