Una tarjeta de venganza fría: la historia de una vecina difícil y un saludo inolvidable
¿Quién no ha tenido alguna vez una vecina metiche, amargada o simplemente insoportable? En muchos barrios de América Latina, siempre hay alguien que parece tener como misión hacerle la vida imposible a quien se le cruce. Pero, ¿qué pasa cuando la venganza llega, no con gritos ni peleas, sino con una elegancia digna de telenovela? Hoy te traigo una historia real, sacada de los rincones más jugosos de Reddit, donde la paciencia y el ingenio logran una pequeña pero sabrosa justicia vecinal.
Cuando ser inquilino es pecado… para algunos
Hace más de 20 años, una familia decidió vender su casa y mudarse a una vivienda de alquiler en un barrio residencial, con la idea de invertir en un nuevo negocio. Desde el primer día, la vecina de al lado, a quien todos consideraban un “pan de Dios” (aunque en realidad era más bien lo contrario), los trató como ciudadanos de segunda clase sólo por ser inquilinos.
Y es que, aunque en muchos países latinoamericanos alquilar es algo común y nadie se escandaliza, en algunas comunidades cerradas todavía hay quienes creen que la propiedad da derecho a mirar por encima del hombro. Así era esta señora: excluía a los hijos de la familia de todas las actividades, prohibía a sus propios hijos jugar con ellos y, como si fuera poco, invitaba a todos los niños del barrio a su casa... menos a los pequeños “arrendatarios”.
Como dice el dicho: “En cada barrio hay un Judas”. Pero lo increíble es que, según cuenta la autora de la historia (u/pdxjen), el resto de los vecinos adoraba a la señora. Nadie veía su verdadera cara, excepto la familia que sufrió su desprecio.
El tiempo pasa, la herida queda… y la venganza se sirve fría
La familia logró lo que muchos sueñan: después de unos años de esfuerzo, pudieron comprar una casa más grande en el mismo barrio, sólo que unas cuadras más lejos de la vecina tóxica. Se siguieron con sus vidas, los niños crecieron y la herida parecía cerrada… hasta que, más de dos décadas después y ya viviendo en otro estado, la madre decidió que era hora de saldar cuentas.
¿Y cómo lo hizo? Con una elegancia que ni Soraya Montenegro: le mandó una tarjeta de felicitación por correo, escrita a mano, diciéndole, en pocas palabras, que era una bruja de primera categoría. Nada de insultos vulgares, sólo la verdad servida en plato frío y con una sonrisa imaginaria. Lo mejor: el envío venía desde bien lejos, así que la señora debió quedarse pensando quién la detestaba tanto como para enviarle semejante dedicatoria desde otro estado.
Entre los comentarios del post, varios usuarios se carcajearon con la idea. Uno propuso enviar bombas de brillantina —esas que al abrirse dejan un desastre imposible de limpiar—, mientras otro sugirió “regalarle una bolsa de caramelos con forma de penes” acompañados de una nota: “Cómase una bolsa de esto”. ¡Creatividad latinoamericana en su máxima expresión! Aunque la autora confesó que le daría miedo que la descubrieran, la idea de mandar una bomba de brillantina sigue rondando su mente para el futuro.
El arte de la venganza pequeña (y elegante)
En los comentarios surgieron ideas aún más ingeniosas, como enviarle una escoba el día antes de Halloween con una nota: “La va a necesitar mañana por la noche”. En Latinoamérica, donde el Día de Brujas se celebra cada vez más, la broma habría sido épica. También hubo quienes recomendaron enviarle anónimamente “felicitaciones” diciendo que estaba embarazada del esposo de la vecina, con ecografía falsa incluida. Por supuesto, algunos usuarios señalaron que no hay que dejar que gente así “viva gratis en tu cabeza”, pero la mayoría apoyó el toque de humor y justicia poética.
Un comentario que me llamó la atención fue el de alguien que notó: “La señora ha vivido ‘sin pagar renta’ en tu mente durante mucho tiempo”. A lo que otro respondió: “La gracia está en el anonimato, eso es lo que la vuelve loca”. Y sí, en nuestra cultura, donde el chisme, la indirecta y la broma pesada son casi un arte, la “venganza pequeña” tiene sabor especial.
Reflexión final: ¿Venganza o liberación?
¿Vale la pena guardar rencor durante tanto tiempo? Algunos dirán que no, que hay que dejar ir. Pero también es cierto que, de vez en cuando, una pequeña travesura puede ser la mejor forma de cerrar un ciclo. Y como decimos en México, “el que se lleva, se aguanta”.
Al final, la autora de esta historia logró lo que muchos deseamos: desahogarse, reírse un rato y, de paso, dejar a la vecina preguntándose quién la recuerda tan mal… después de tantos años. Porque en la vida, tarde o temprano, la tortilla siempre se voltea.
¿Y tú? ¿Qué harías si tuvieras una vecina así? ¿Te animarías a una venganza elegante o preferirías dejarlo en el olvido? Cuéntanos en los comentarios, porque en cada barrio latino siempre hay una historia digna de contarse… ¡y de reírse después!
Publicación Original en Reddit: A note best served cold