Una noche en el hotel: descontrol, bodas y fiebre… ¡Bienvenido al turno infernal!
¿Alguna vez te has preguntado qué pasa en la recepción de un hotel durante la madrugada? Hay noches que parecen salidas de una telenovela: fiestas, caos, personajes insólitos y más drama que en cualquier episodio de “La Rosa de Guadalupe”. Hoy te traigo la historia de un recepcionista que, con fiebre y todo, sobrevivió a una de las peores jornadas de su vida… y todavía tuvo tiempo de sacar la basura.
No importa si trabajas en un hotel boutique en CDMX o en un hostal de playa en Cartagena: todos tenemos esas noches donde el universo conspira para ponerte a prueba. ¿Listo para sumergirte en el relato de una noche de locura total?
El turno que nadie quiere: fiebre, bodas y borrachos
Imagina llegar a tu trabajo sintiéndote más muerto que vivo, con los síntomas de una buena gripa (o influenza), y descubrir que la entrada del hotel parece la previa de una fiesta patronal: ¡treinta personas afuera, bebiendo como si se acabara el mundo! Nuestro valiente recepcionista, al que llamaremos “Juan” para ponerle un toque local, ni siquiera había checado entrada cuando ya estaba sacando botes de basura extra porque los que había estaban a reventar de latas y colillas.
Y como si eso no fuera suficiente, un huésped se acerca indignado: “Oye, unos tipos están orinando en los arbustos”. Clásico. No es una película de Cantinflas, es la vida real de los hoteles. Juan sale, pide amablemente que bajen el volumen y, por favor, que usen el baño como personas civilizadas. Spoiler: nadie escucha cuando hay alcohol de por medio.
Treinta minutos después, la tormenta empeora: llegan dos camionetas llenas de invitados de una boda, todos más borrachos que los de la fiesta anterior. Se abalanzan sobre la tiendita, preguntan por comida a gritos y llenan el lobby de carcajadas y anécdotas a todo pulmón. Por suerte, después de veinte minutos de caos, la mayoría sube a sus habitaciones (dejando el lobby como si hubiera pasado un carnaval).
Cuando el “cliente frecuente” pierde la paciencia
A la 1 am, justo cuando piensas que ya nada puede sorprenderte, aparece el “huesped de cada semana”, ese que ya saluda de mano y sabe el nombre de tu perro. Pero hoy, algo anda mal: el hotel está lleno y su reservación era para el día siguiente. El pobre muestra un correo donde su compañero de turno le prometió una habitación por llegar antes, pero no hay ni un solo cuarto libre. Explota, grita, suelta insultos (en inglés, pero aquí todos entendemos los “palabrotas”).
Juan, con toda la paciencia del mundo y una fiebre subiendo, le consigue una habitación en un hotel cercano y promete el reembolso. ¿Las explicaciones? Eso será problema del compañero que llega a las 7am. Como diría cualquier latino: “El que parte y reparte se lleva la mejor parte”... o el peor turno.
Emergencias médicas y homofobia: el colmo del turno
Ni tiempo de respirar: llaman de una habitación porque una señora mayor se cayó y cree que se fracturó la pierna. Su esposo logró levantarla y Juan, sin dudarlo, llama a la ambulancia. En esos momentos, uno entiende por qué en los hoteles grandes hay varios turnos y apoyo, pero aquí nuestro protagonista está solo como el llanero solitario.
¿Termina ahí la noche? ¡Para nada! Mientras espera a la ambulancia, aparece uno de los invitados de boda, tambaleándose, buscando su pedido de comida. El repartidor mandó una foto, pero ese pedido no está ni por error en el hotel. El huésped, frustrado, empieza a insultar al repartidor y luego descarga toda su rabia contra el hotel, soltando insultos homofóbicos (sí, de esos que avergüenzan hasta al más macho). Lo que no sabe es que nuestro recepcionista es gay y, lejos de sentirse mal, piensa: “Bueno, al menos tu comida se perdió en otro lobby”.
Un comentarista en Reddit lo resume a la perfección: “¡Qué injusto tener que lidiar con tanto desastre, y encima enfermo!”. Y otra usuaria, con el toque de humor latino, le dice: “Por lo menos, quizá le contagiaste la gripa al grosero ese, para que se le quite lo homofóbico”.
Reflexiones de la comunidad: solidaridad, recomendaciones y humor
La historia se viralizó no solo por el caos, sino por la empatía y consejos de otros trabajadores. Muchos coincidieron en que, en la hotelería, rara vez puedes faltar si te enfermas: “Si eres el único en turno, a veces ni aunque te lleven en camilla te puedes ir”, comenta alguien, recordando esas jornadas donde ni los tacos te animan.
Algunos recomendaron que, si hay problemas con borrachos orinando en la vía pública, mejor llamar a la policía y no arriesgarse a salir solo. Otros, con nostalgia, extrañan los hoteles grandes con varios compañeros de noche: “Aquí uno termina siendo niñera, psicólogo y hasta velador”, dice otro usuario.
Y para terminar con buen ánimo, no faltó la solidaridad: “¡Que se mejoren esas defensas y que la próxima noche solo haya silencio y almohadas frías!”. Porque, admitámoslo, todos hemos tenido ese turno eterno donde solo quieres llegar a tu cama y olvidarte del mundo.
¿Y tú? ¿Cuál ha sido tu peor turno?
Si trabajas en atención al cliente, seguro tienes mil anécdotas dignas de Netflix. Cuéntanos en los comentarios: ¿te ha tocado una noche de caos así? ¿Qué haces cuando la paciencia se te acaba y todavía faltan horas para irte? Como decimos en Latinoamérica: “Al mal tiempo, buena cara… ¡y mucho paracetamol!”
¿Listo para tu próximo turno? ¡Ojalá solo tengas que acomodar almohadas y no lidiar con bodas desbocadas!
Publicación Original en Reddit: This is definitely in my top 10 worst shifts