Un día curioso en la tienda: clientes, confusiones y risas en la caja
Si alguna vez has trabajado en una tienda de barrio, supermercado o las famosas tiendas de “todo a un precio” (que ya ni son tan baratas, la verdad), sabes que el turno puede pasar de aburrido a surrealista en cuestión de minutos. Hoy quiero compartirte un par de anécdotas que me pasaron, porque seguro más de uno se va a sentir identificado… o al menos se va a reír de lo absurdo del momento.
Cuando la calculadora mental falla (y el cajero paga el precio)
Empecemos con la joya del día: una clienta llegó con un carrito que parecía sacado de La Comer en quincena, pero aquí era la “tienda verde” de productos baratos (sí, esa que todos conocemos porque tiene de todo y siempre hay fila para pagar). Yo calculo que llevaba como $3,000 pesos en mercancía, pero claro, aquí cada cosa cuesta poquito y se te va la mano fácil.
Total, que empiezo a pasar los productos y de pronto, cuando ya llevaba escaneados como $2,400 pesos, la señora me dice: “Ay, joven, mejor voy a separar porque no me va a alcanzar”. Y ahí me tienes, ayudando a priorizar lo que sí y lo que no, mientras la fila crece y los de atrás ya sacaron el celular para chismear en WhatsApp.
Al final, paga unos $2,700 y deja el resto para que yo lo devuelva a su lugar. No es la primera vez que pasa, pero no deja de molestarme un poquito. Si ya sabes que tienes un presupuesto limitado, ¡mejor ve sumando en el celular! Como dijo un usuario en los comentarios del foro: “Deberían usar la calculadora del teléfono, pero eso sería demasiado lógico”. Y sí, la verdad, aunque el mundo digital nos lo facilita, a veces preferimos jugárnosla y confiar en la memoria… hasta que toca hacer el ridículo en la caja.
Otro comentarista bromeó sobre la tienda diciendo: “El ‘todo a dólar’ ya ni es a dólar. Es el ‘todo a $1.25’, y cada vez hay más cosas que cuestan más.” Eso pasa igual en todas partes: antes era “todo a $10”, pero hoy hay etiquetas de $15, $20 y hasta $50. ¡Así no se puede calcular nada de memoria!
El cerebro en modo zombie: confusiones y carcajadas
Ahora, la segunda anécdota es de esas que dan pena, pero que terminan con todos riendo. Ese día traía solo tres horas de sueño (sí, ya sé, típico cuando toca cerrar y abrir al siguiente día). Llega un señor y solo lleva un refresco de dos litros. Yo, en automático y medio dormido, le pregunto: “¿Quiere el refresco en el recibo?” Me quedo viendo, él me mira, y de pronto… los dos soltamos la carcajada. Obvio, lo que quería decir era si quería el refresco en bolsa, pero la lengua y el cerebro no se pusieron de acuerdo.
Esto de los lapsus mentales es más común de lo que uno cree. Alguien en los comentarios contó que cuando le dicen “Su recibo está en la bolsa”, responde sin pensar: “Gracias, igualmente”. ¿Quién no lo ha hecho? Es como cuando en el Oxxo te dicen “Buen día” y tú respondes “Igualmente…”, aunque sea de noche. Otro usuario agregó entre risas: “Feliz fin de semana”, ¡pero es martes!
Son esos mini-momentos que nos recuerdan que todos vivimos en automático a veces. Acá en Latinoamérica, estamos acostumbrados a esos pequeños errores que terminan siendo la anécdota del día. Y la verdad, mejor reírnos de ellos que estresarnos.
El arte de trabajar en atención al cliente: paciencia, humor y mucha calle
Trabajar en una tienda de barrio o de cadena es como hacer un doctorado en psicología y manejo de crisis, pero sin diploma. Hay que aprender a tener paciencia con quienes llegan contando monedas, a reírte de tus propios errores y a entender que la gente a veces viene en automático, igual que uno.
Como comentó otra persona en el foro, a veces los clientes tampoco son expertos en matemáticas ni finanzas. “Capaz que la primera clienta ni sabía sumar y solo agarró lo que vio bonito”. Y sí, muchos llegan al mostrador y se dan cuenta de la realidad hasta que ven la cuenta final.
Por eso, en cada jornada se mezclan momentos de caos, otros de ternura (como cuando un niño te saluda con el nombre equivocado, “Hola Navidad”, aunque ni se llame así) y muchos en los que solo queda reírse y seguir adelante. Al final, todos estamos sobreviviendo el día a nuestra manera.
Conclusión: ¿Y tú, qué historia tienes de la caja?
Estas historias no son solo mías: seguro tú también tienes una anécdota graciosa o desesperante de cuando fuiste cliente o trabajaste atendiendo al público. ¿Te ha pasado quedarte sin dinero en la caja? ¿O responder cualquier cosa cuando la mente ya no da más? Cuéntame en los comentarios, ¡que aquí todos aprendemos y nos reímos juntos!
¿Quién dijo que trabajar en una tienda era aburrido? Aquí siempre hay material para el próximo capítulo de “La Rosa de Guadalupe del súper”. Nos leemos en la próxima, familia.
¿Y tú, qué frase extraña has dicho o escuchado en la caja?
Publicación Original en Reddit: Interesting day at work