Tres semanas en la recepción de un motel: anécdotas, locuras y lecciones de vida
¿Quién pensaría que trabajar en la recepción de un motel sería como estar en una telenovela de bajo presupuesto? Apenas llevo tres semanas en el puesto y ya siento que he vivido más historias que en todo un año. Entre personajes salidos de una película de Almodóvar y situaciones que solo se ven en memes, cada noche es una aventura nueva. Si alguna vez pensaste que ser recepcionista era aburrido, ¡prepárate para sorprenderte!
Bienvenidos al motel: donde la realidad supera la ficción
Todo comenzó hace apenas unas semanas, cuando me contrataron de inmediato junto a otros tres “valientes” (o ingenuos, según se vea) para trabajar en la recepción de una cadena de moteles. El ambiente parecía tranquilo: un gerente buena onda, compañeros que no se meten en la vida de nadie y cero dramas. Pero ya sabes lo que dicen, “no todo lo que brilla es oro”… o en este caso, “no todo lo que parece tranquilo en el día, lo es en la noche”.
Al terminar mi entrenamiento, me lanzaron al ruedo en el turno vespertino, solo contra el mundo (y los huéspedes). Y ahí fue cuando empecé a notar lo que realmente pasa tras el mostrador…
El desfile de personajes: del cliente misterioso a la abuelita explosiva
Lo primero que me sorprendió fue la cantidad de huéspedes femeninas que, digamos, ejercen el trabajo más antiguo del mundo. Llegan, esperan a su cliente, él paga la habitación, y al rato vienen a exigir un reembolso porque “vieron cucarachas”. Lo curioso es que cuando reviso la habitación después, está como si hubiera pasado un huracán: toallas por todos lados, camas deshechas… ¡y ni una sola cucaracha!
Como diría un usuario en el foro, en estas situaciones hay que tener la cabeza fría: “No ofrezcas reembolsos, solo cambia la habitación y discúlpate. Si insisten, que hablen con la gerencia al día siguiente”. Y es que, si cada quien se va con su cuarto gratis, el motel quiebra antes de que termine el mes. Aquí, como en el futbol, lo importante es aguantar la presión y no dejarse engañar por los “jugadores” más astutos.
Pero si creías que todo era acción, también hay drama. Entre los residentes de largo plazo, está la típica señora mayor que parece abuelita tierna, pero de pronto cambia el chip y arma un escándalo porque cree que le robamos la correspondencia o porque no le gustan los perros de servicio. Llama a la recepción solo para platicar (o desahogarse) y uno tiene que sacar creatividad para zafarse, como contó otro recepcionista: “Dejo mi celular en el escritorio, marco el número del hotel y finjo una reservación hasta que se va”. ¡Eso es tener maña!
La ley del motel: aprende rápido o te comen vivo
Si algo me quedó claro es que aquí uno aprende a la mala. Los gerentes desaparecen cuando termina su turno y apagan el celular, como si fueran superhéroes retirados. Al principio pensé que era broma, pero no: en la noche, el que manda eres tú y solo tú.
Y vaya que hay que tener carácter para lidiar con huéspedes problemáticos. Un consejo recurrente de los veteranos es: “Confía en tu instinto, no tengas miedo de rechazar a alguien si crees que está en algo turbio”. Sobre todo cuando llegan con un fajo de tarjetas o con una identificación local, hay que estar alerta. Más vale prevenir que lamentar, porque aquí el que no corre… ¡vuela!
Algunos compañeros, medio perdidos todavía, se asustan con cada queja y quieren devolver el dinero a la primera. Pero los más experimentados recomiendan: “Solo la gerencia puede dar reembolsos. Tú puedes ofrecer una soda o un detalle, pero nada más. Si no les gusta, que vengan mañana a hablar con el jefe”. Así se evitan problemas y no te agarran de su puerquito.
Entre quejas, cuartos viejos y el sueldo que no alcanza
La verdad es que los cuartos del motel han visto mejores días: huelen raro, las teles parecen de los años noventa y las quejas sobre el estado de las habitaciones son el pan de cada día. Muchos quieren cambiarse de cuarto o piden reembolso, pero como dicen por ahí, “es lo que hay”. Y para colmo, todo este show por un sueldo que apenas alcanza para el camión y los tacos.
Eso sí, a pesar de todo, los colegas se echan porras y hasta se ríen de la situación. Como comentó uno: “Esto parece un circo, pero ni siquiera es uno divertido”. Otros lo comparan con trabajar en una tienda de conveniencia, donde cada cliente es una caja de sorpresas y nunca sabes si te va a tocar el día tranquilo o el caos absoluto.
Moraleja y consejos para sobrevivir en la recepción de un motel
Después de estas semanas, mi mayor aprendizaje es: aquí no solo vendes habitaciones, también vendes tu paciencia, tu sentido del humor y, a veces, hasta un pedacito de tu alma. Pero cada día trae una historia nueva para contar (o para reírse a carcajadas con los amigos).
¿Mi consejo para quien quiera aventurarse en este mundo? Mantén la calma, usa el sentido común, apóyate en tus compañeros y, sobre todo, no pierdas el buen humor. Porque si algo abunda en la recepción de un motel, son las ganas de reír… ¡o de llorar, según el día!
¿Y tú? ¿Has trabajado en lugares así o tienes una anécdota parecida? Cuéntame en los comentarios, ¡que aquí todos tenemos una historia que contar!
Publicación Original en Reddit: Lol third week into the job, solo shifts now.