¿Tragos en el lobby? La historia de un huésped terco y una regla incómoda en hoteles
¿Te imaginas llegar a tu turno de noche en un hotel y encontrar a un grupo de señores tomando whisky en pleno lobby, como si fuera la sala de su casa? Pues eso le pasó a un recepcionista en Estados Unidos, y lo que parecía una noche tranquila se convirtió en una batalla de egos, políticas y botellas de Maker’s Mark. Si alguna vez has trabajado en hotelería, seguro te sentirás identificado… o al menos te dará risa la situación. Pero más allá del chisme, la historia nos deja preguntas interesantes: ¿Dónde termina el servicio al cliente y empieza la responsabilidad? ¿Hasta dónde hay que ceder ante los huéspedes “de hueso colorado”?
El trago amargo: cuando el lobby se vuelve cantina
Todo comenzó un lunes por la noche, cuando nuestro protagonista —recién llegado del fin de semana— inicia su turno de auditoría nocturna y ve un grupo de hombres viendo fútbol americano en la televisión del lobby, con una botella de whisky bien puesta sobre la mesa. Hasta ahí, todo suena como una típica reunión de amigos... pero aquí viene el detalle: en ese hotel, como en muchos otros de Estados Unidos (y créanme, también en América Latina), está prohibido consumir bebidas alcohólicas en áreas comunes después de que el bar cierra. La razón principal no es el capricho del gerente, sino las estrictas regulaciones de la licencia de alcohol y las leyes estatales, que pueden poner en aprietos legales (y económicos) tanto al hotel como a sus empleados.
El recepcionista, ni corto ni perezoso, avisa a su compañera que está por terminar su turno para que les llame la atención. Ella va, les dice algo, y luego se va a su casa. Pero ahí no acaba la cosa, ¡al contrario! Uno de los señores, el más bravo (y el dueño del whisky), se acerca al nuevo encargado de la noche, claramente molesto y buscando pelea.
“Llevo 200 noches en esta cadena y nadie me había dicho nada…”
Si hay algo que nunca falta en hotelería es el huésped que presume experiencia: “He estado más de 200 noches en esta cadena y jamás me habían dicho que no se puede tomar en el lobby”. ¿Te suena conocido? Es como cuando alguien en la fila del banco dice: “Siempre lo he hecho así, ¿por qué ahora me dicen que no?”
El recepcionista, con toda la paciencia del mundo (y probablemente con el corazón latiendo a mil), le explica que no es un capricho: es política del hotel. Aquí es donde la cosa se pone tensa y el huésped exige nombre y apellido, amenaza con llamar a gerencia y hasta a la oficina corporativa, como si eso le fuera a abrir las puertas del paraíso etílico. Nuestro protagonista, medio entre divertido y nervioso, le suelta: “Pues espero que me feliciten por cumplir la política…” —frase que, lejos de calmar, termina de enfurecer al cliente.
Mientras tanto, el whisky seguía fluyendo. El recepcionista, incómodo, duda si llamar a seguridad, a la policía o simplemente dejar que la situación se apague sola. Finalmente, el grupo se retira, pero antes el huésped regresa con la típica excusa de “lo busqué en internet y no encontré ninguna ley que lo prohíba”. Y claro, se niega a dar su número de habitación, como si eso fuera a protegerlo del “gran complot hotelero”.
¿Quién tiene la razón? Opiniones de la comunidad y lecciones para América Latina
La historia, compartida en Reddit, encendió el debate. Muchos trabajadores hoteleros dijeron lo mismo: esas reglas existen por una razón, y no es para molestar a los huéspedes, sino para proteger al hotel y a los empleados de demandas y multas. Como comentó un usuario: “En la mayoría de los estados, tomar en el lobby es borrachera pública. No juegues con eso, porque solo se van a poner más necios. Yo habría llamado a la policía”.
Otros, con más picardía, dijeron: “Si vas a romper la regla, al menos disimula. Pon el trago en un vaso térmico y hazte el digno”. Porque, seamos honestos, en América Latina la creatividad para saltarse reglas incómodas es legendaria: desde el café sospechosamente fuerte en la taza hasta el “refresco” con hielos en la playa.
También hubo quien defendió la importancia de ser claros con las políticas: “Lo mejor es culpar a la ley, no al hotel. Diles que son normas estatales y listo”. Y es cierto: a veces, si dices que es por ley, la gente se calla más rápido que si creen que es decisión del empleado.
Pero lo que más molestó al recepcionista fue sentirse el “malo de la película”, porque sus compañeros no aplicaban la regla cuando él no estaba. Eso es muy común en cualquier trabajo: si uno pone orden y los demás no, al final parece que uno es el ogro. Como dijo un usuario: “Si tus compañeros no aplican la política, tú quedas como el amargado”.
Reflexión final: Entre el servicio y el sentido común
En América Latina, nos encanta convivir, compartir un trago y hacer amigos hasta en la sala de espera. Pero también entendemos que hay reglas que, aunque molesten, existen por algo: proteger a todos. Si un hotel pierde su licencia de alcohol por un incidente así, no solo pierde dinero, sino empleos y reputación.
El verdadero problema aquí no fue el whisky, sino la falta de respeto y la necedad. ¿Tanto cuesta llevarse el trago al cuarto? Como dijo una comentarista: “Hay gente que simplemente no soporta que le digan que no, aunque sea una tontería”.
Así que la próxima vez que vayas a un hotel y quieras armar el “precopeo” en el lobby, piénsalo dos veces: no es que el recepcionista quiera arruinarte la noche, es que todos estamos jugando bajo las mismas reglas… y a veces, con huéspedes así, ¡hace falta más paciencia que en el tráfico de viernes en la CDMX!
¿Tú qué opinas? ¿Es exagerado prohibir el alcohol en los lobbies? ¿O es mejor prevenir que lamentar? Cuéntanos tu experiencia o tu mejor anécdota de hotel en los comentarios. Y si eres de los que esconde el tequila en el termo… ¡no te juzgamos, pero compártelo con estilo!
Publicación Original en Reddit: Drinking In Lobby