Trabajar en Navidad y Año Nuevo: La realidad de los que nunca cierran
Hay trabajos que nunca paran, ni siquiera cuando todo el mundo está abriendo regalos o brindando con las doce uvas. Si alguna vez te hospedaste en un hotel en Navidad o Año Nuevo, seguro viste a alguien en recepción con una sonrisa (o cara de sueño) listo para atenderte. ¿Pero alguna vez pensaste en cómo es su vida en esas fechas? Hoy te cuento la historia de quienes, como yo, somos parte de la “otra Navidad”, la de los que mantienen la ciudad en marcha mientras otros festejan.
La eterna sorpresa: “¿Trabajas en Navidad? ¡¿Cómo es posible?!”
Cada año, la conversación con familiares y amigos es la misma. Uno les explica, con la paciencia de un santo, que los hoteles nunca cierran y que eso significa, sorpresa, ¡que alguien tiene que estar ahí! Pero por alguna razón, la idea de trabajar en días festivos sigue siendo un enigma para muchos.
—¿Trabajas en Navidad? ¡¿En serio?!
—Sí, ya sabes que mi turno es de martes a sábado.
—¡Pero es Navidad! ¿No puedes pedir el día libre?
—Podría… si el compañero de domingo y lunes me hace el paro. Pero sería raro que él quiera perder su descanso solo porque es 25 de diciembre.
—¡Pero es Navidad!
—Ajá.
Y así, una y otra vez, como villancico atorado.
Muchos lectores compartieron anécdotas similares: desde quienes trabajan en hospitales, hasta los que atienden casetas, tiendas o cocinas de hoteles. Como contó una enfermera de cuidados intensivos: “Mi familia todavía no entiende que el hospital nunca cierra, ni por Navidad ni por nada”.
El otro lado de la moneda: los beneficios de ser “el Grinch” de la familia
Ser sincero: a veces, trabajar en fiestas tiene su encanto, sobre todo si eres introvertido o simplemente prefieres evitar el maratón de primos y tías preguntando por tu vida amorosa. Como me pasó a mí, que uso el turno como excusa infalible para no ir a la cena familiar:
“Uy, justo me toca turno ese día, ni modo, me quedo trabajando…”
Muchos lectores se sintieron identificados. Uno comentó: “Si por mí fuera, pido todos los feriados. Prefiero el dinero y la tranquilidad”. Otro, con humor, decía: “Después de lidiar con clientes todo el día, ir a una fiesta sería mi infierno personal”. Y no falta el que agradece tener un trabajo donde puede cerrar la ventanilla si el cliente se pone pesado, como contó un operador de caseta en la frontera: “Lo mejor es que, si se ponen groseros, puedo cerrar la ventana y listo”.
Las historias que nadie ve: anécdotas detrás del mostrador
Trabajar en fiestas no solo significa perderte la cena, también te vuelves parte de historias únicas. Una vez, un huésped llegó el 25 diciéndome: “Qué pena que te tocó trabajar hoy”. Yo solo pensé: “Si no estuviera aquí, tú estarías furioso porque nadie te recibe”.
En algunos pueblos, los hoteles hasta se ponen de acuerdo para alternar quién abre en Navidad y quién descansa, como relató un encargado australiano: “Bloqueamos la fecha por tres años. Así solo uno abre y el resto descansa. No tiene caso abrir todos para dos huéspedes y perder dinero”.
Y no todo es malo: algunos reciben pago doble, otros aprovechan para celebrar en otro día. Como la mamá que contó: “Mi hijo trabaja de miércoles a domingo, así que celebramos Navidad y Acción de Gracias los lunes. Lo importante es estar juntos, el día es lo de menos”.
Eso sí, también hay desventajas. Un chef de resort admitió: “No he tenido una Navidad o Día de Acción de Gracias libre en casi 30 años”. Y para quienes trabajan de noche, la experiencia puede ser aún más surrealista: “Entré a trabajar la noche del 1 de enero a las 11:30 pm porque oficialmente ya era 2 de enero. Así que sí, entiendo perfecto lo que vives”, compartió alguien que estuvo en el correo postal.
¿Y la familia? Entre llamadas perdidas y tradiciones adaptadas
Siempre hay una tía que llama justo cuando estás en el pico de trabajo (“¡Ay, no sabía que estabas trabajando!”) o familiares que insisten en que “te escapes un ratito”. Pero, al final, uno aprende a celebrar en horarios raros o a disfrutar la tranquilidad de un hotel vacío cuando todos están de fiesta, como quien agradeció que sus vecinos no hicieran fiesta y pudo llegar a casa en paz, ponerse la pijama y ver memes antes de dormir.
Algunos descubren en estos turnos una oportunidad para ser solidarios: “Le cambié mi turno a un compañero más joven para que él pudiera celebrar, aunque sé que la noche será larga”, contó otro recepcionista.
Y hay quienes, como un lector que trabaja en el hospital, simplemente aceptan la realidad: “La gente nunca entenderá que hay trabajos que no paran. Pero así es la vida, y al menos me pagan extra”.
Conclusión: La vida nunca se detiene (¡y tampoco nosotros!)
Trabajar en Navidad o Año Nuevo puede sonar a sacrificio, pero para muchos es una forma de vida, una excusa perfecta o incluso una tradición distinta. Lo importante es valorar a quienes mantienen el mundo girando mientras los demás celebran. Así que la próxima vez que veas a alguien detrás de un mostrador en fiestas, mándale una sonrisa sincera. Y si tú eres de los que trabaja en días festivos, cuéntanos: ¿cuál es tu mejor o peor anécdota? ¡Queremos leerte en los comentarios!
Porque, al final, si el mundo no se detiene, tampoco nosotros. ¡Felices fiestas a todos los que están de guardia, y que nunca falte el café extra fuerte!
Publicación Original en Reddit: Working on Christmas and New Year's