Temporada de fiestas en hoteles: huéspedes desorientados, anécdotas y mucha paciencia
El fin de año llega con villancicos, luces, cenas familiares… y, para quienes trabajan en hoteles, también con historias que parecen sacadas de una telenovela. Porque sí, en esta temporada no solo llegan familias felices a disfrutar de sus vacaciones, sino que también aparecen esos huéspedes que, por cuestiones de salud, viven su propia aventura dentro de los pasillos y habitaciones. ¿Quién no ha visto a un abuelito confundido buscando su cuarto o a una señora convencida de que hay una obra de construcción en su habitación?
Si alguna vez te tocó ver a alguien deambular en bata por el lobby mientras todos desayunan, o tu propio familiar se perdió en el hotel por un despiste, sigue leyendo. Te prometo que aquí hay risas, comprensión y, sobre todo, mucho corazón.
Navidad, Año Nuevo… y huéspedes que se pierden: una tradición no escrita
En estas fechas, las familias suelen viajar juntas, y eso incluye a los abuelos, tíos y parientes con condiciones como demencia, Alzheimer o esquizofrenia. Para ellos, cualquier hotel —por elegante o sencillo que sea— resulta un laberinto. Un recepcionista compartió en Reddit cómo, año tras año, recibe llamadas nocturnas porque un abuelo se escapó del cuarto y anda tocando puertas buscando el suyo: "Me tocaba acompañarlo de regreso y, claro, despertar a la familia que ni cuenta se daba".
Las historias se repiten: una señora mayor llega a la recepción al borde de la desesperación porque, según ella, en su cuarto hay bulldozers y taladros trabajando a todo motor. Su esposo, resignado, le pide volver al cuarto mientras el recepcionista hace de mediador y detective. Al final, solo era el calefactor y la imaginación, pero la confusión era real. Como dirían en México: ¡vaya que se armó la novela!
Entre anécdotas y aprendizajes: lo que nadie te cuenta del trabajo en recepción
Más allá de las risas y el desconcierto, estas situaciones ponen a prueba la empatía y la paciencia del personal hotelero. Un usuario de la comunidad compartió la historia de una señora que bajó preocupada diciendo que alguien había entrado a su habitación y que su esposo estaba desaparecido. No recordaba el número de cuarto ni aparecía en el sistema, así que llamaron a la policía, revisaron cámaras y, al final, descubrieron que en realidad viajaba con su hermana y cuñado. Su esposo, probablemente, ya no estaba con vida, pero en su memoria seguía presente.
Otro comentario, que me arrancó una sonrisa, relató cómo la abuelita eligió la botella de agua más grande de la tiendita del hotel y la cargaba con esmero, mientras pedía sentarse cerca del recepcionista porque se sentía segura a su lado. Pequeños gestos de bondad que, como bien dijo otra persona que cuidó a sus padres con demencia, "valen oro y se quedan en la memoria para siempre".
No falta quien, con un toque de humor muy latino, menciona: “Siempre nos preguntan qué está abierto a estas horas. Nadie. Solo la gasolinera, y eso porque en el Oxxo nunca duermen”. Y sí, en América Latina, a falta de cena navideña en el restaurante, una torta de la tiendita o unos taquitos de la esquina salvan la noche.
Consejos para familias y hoteleros: ¡más vale prevenir que lamentar!
Hay quienes opinan que la responsabilidad es compartida. Si sabes que tu familiar tiene problemas de memoria, ponle una pulsera con su nombre y número de habitación, o avisa en recepción para que estén atentos. Como bien dijo un usuario: "En casa puede que todo esté bajo control porque el entorno es familiar, pero en un lugar nuevo hasta el más cuerdo se confunde".
Algunos hasta toman fotos diarias de sus familiares para saber qué ropa llevan puesta y dejar alertas en el sistema del hotel. Una nieta compartió que, en un hotel-casino, su abuela —fanática del juego— se perdió varias veces, pero los empleados siempre la ayudaron a regresar, y ella, feliz, seguía apostando (aunque la familia sospecha que el casino estaba encantado de seguir recibiendo su dinero).
Para el personal, la recomendación es clara: mucha empatía, un poco de humor y, sobre todo, la disposición de ayudar. Porque, como dicen en el Caribe, “hoy por ti, mañana por mí”.
El valor de la paciencia (y un poco de humor)
En el fondo, estas historias nos recuerdan que todos somos vulnerables. Las fiestas pueden ser caóticas y viajar con personas mayores o con problemas cognitivos es todo un reto. La clave está en la paciencia: un gesto amable, una sonrisa, o simplemente acompañar a alguien de regreso a su cuarto pueden marcar la diferencia.
Y si tú trabajas en un hotel, ya sabes: esta temporada no solo se trata de repartir llaves y dar recomendaciones de restaurantes. También es época de ser parte de la historia de alguien más, aunque solo sea ayudando a una abuelita a cargar una botella de agua o calmando a quien cree que hay una obra de construcción en su habitación.
¿Tienes alguna anécdota similar? ¿Eres de los que ha tenido que buscar a un familiar perdido en un hotel? Cuéntanos en los comentarios. ¡En estas fechas, todos tenemos una historia que compartir!
Publicación Original en Reddit: It is that time of the year, be on the lookout for confused guests