Saltar a contenido

¡Te juro que eras tú! Aventuras y enredos en la recepción del hotel

Imagen 3D de un huésped enojado en la recepción exigiendo toallas.
En esta vibrante ilustración 3D, vemos a un huésped frustrado en la recepción, expresando su descontento por el retraso en la entrega de toallas, capturando a la perfección la tensión de la ajetreada temporada de verano.

Si alguna vez has trabajado en recepción de hotel, sabes que lo que pasa detrás del mostrador puede ser más intenso que un final de telenovela. Y es que, a veces, solo falta que entre la música dramática cuando un huésped llega con cara de pocos amigos y exige respuestas… aunque ni sepa qué está preguntando, ¡o a quién!

Eso fue justamente lo que le pasó a nuestro protagonista: apenas se había puesto la filipina y ya tenía a un huésped furioso frente a él. El verano estaba llegando a su fin y, con él, las historias dignas de contarse en la sobremesa. Pero lo que sucedió esa mañana superó cualquier novela de horario estelar.

El huésped que veía dobles (o cómo todos los recepcionistas se parecen)

Imagínate llegar al trabajo, saludas al guardia, te preparas un café para despertar y, ¡bam!, ahí está un señor rojo de coraje reclamando por unas toallas que pidió hace 20 minutos. Ni tiempo para respirar. El recepcionista, con la paciencia de un santo, le ofrece dos opciones clarísimas: “¿Se las doy aquí o se las mando a su cuarto?” Pero el huésped estaba más interesado en despotricar que en resolver su problema.

Lo curioso es que, aunque el recepcionista le explica que acaba de regresar de vacaciones y que ni siquiera estaba en el hotel cuando ocurrieron las otras quejas, el huésped insiste: “¡Sé que eras tú! ¡Te he visto estos días!” Como diríamos en México, el señor estaba necio, más terco que una mula.

En los comentarios, varios trabajadores de hoteles de Estados Unidos y Canadá contaban que esto es pan de cada día. Uno decía: “Para algunos huéspedes, todos los de recepción somos el mismo: una sombra con la placa que dice ‘FRONT DESK’.” Y cómo no reírse del comentario que traducido sería algo así: “A veces tienes que mirar al cliente y decirle: ‘¿Entonces lo que me estás diciendo es que no puedes distinguirnos?’ Eso muchas veces los saca de su trance.”

Cuando responder con lógica es inútil (y las ganas de aplaudir de regreso)

Nuestro protagonista intentó, por segunda y tercera vez, explicarle al huésped la situación. Pero el señor, más aferrado que el fan de equipo en descenso, seguía en su monólogo, acusando, reclamando y, por supuesto, amenazando con llamar a la oficina central (el famoso “corporativo”). Aquí, todos conocemos ese tipo de amenazas. En Latinoamérica, seguro más de uno ha pensado: “Ah, sí, señor, marque al 01-800-QUEJA, ahí lo atienden igualito.”

Y no faltó quien, en los comentarios, compartió lo que todos los recepcionistas han querido decir pero nunca pueden: “Mire, señor, uno de los dos está equivocado y el otro está trabajando. Mejor cada quien en lo suyo.” Otros, con más picardía, decían que deberían enviarle toallas cada hora durante toda su estancia, no sea que le falte alguna.

Eso sí, no faltó quien sugirió ponerse creativo: “Deberías haberle dicho que tienes un gemelo idéntico y que tal vez fue él quien lo atendió.” Imagínate la cara del huésped si le salen con esa, ¡como en las mejores comedias mexicanas!

Los aprendizajes del mostrador: paciencia, humor y desodorante extra

Más allá del coraje que puede sacar un huésped así, la moraleja es clara: trabajar en recepción es un arte. Hay que tener temple, buen humor y, a veces, resignación. Como dijo un comentarista, “hay clientes tan tóxicos que, aunque se vayan, el olor queda en el aire.” Y otro añadió: “A veces, lo mejor es echar un poco de aromatizante y seguir adelante.”

En Latinoamérica, estamos acostumbrados a lidiar con todo tipo de clientes: los “doctores” que exigen respeto, los “jefes” que quieren saltarse todas las reglas, y los que creen que uno tiene conexión directa con el universo para resolver cualquier problema. Pero también sabemos que a veces, aunque pongas toda la disposición, habrá quien nunca quede satisfecho. Como dicen en Argentina, “no hay manera de conformar al que no quiere ser feliz”.

Una llamada al corporativo… y una carcajada

¿El final? El huésped, fiel a su amenaza, llamó al corporativo. Pero ahí, la encargada no solo escuchó la versión del recepcionista, sino que hasta se rió con él al enterarse que había estado de vacaciones. Como quien dice: “El que no conoce, cualquier santo le reza.”

Así, entre risas, resignación y ganas de mostrar el horario de trabajo como prueba, nuestro protagonista sobrevivió un día más en la jungla hotelera. Y como dijeron en los comentarios: “Olvídalo como se olvida un baño tapado… y sigue adelante.”

¿Y tú? ¿Qué harías en su lugar?

¿Te ha tocado un cliente así de necio? ¿Trabajas en atención a clientes y tienes historias para no dormir? Cuéntanos abajo tu anécdota, comparte este blog con tus colegas y no olvides: en cada recepción, hay historias dignas de un capítulo de “La Rosa de Guadalupe”. ¡Hasta la próxima, y que no te falten las toallas!


Publicación Original en Reddit: I know it was you!!