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¿Sol o luna? La vez que mi compañera confundió hasta al mismísimo Papa

Dama Kevin confundida entre la luna gibosa y el sol radiante en un cielo azul claro durante un paseo matutino.
En esta escena fotorrealista, la Dama Kevin disfruta de un hermoso paseo matutino, asombrándose con el brillante sol y la luna gibosa, mostrando la maravilla de la naturaleza y el humor de un simple error.

¿Alguna vez te ha pasado que alguien en tu trabajo te deja sin palabras con una pregunta tan inocente (y tan fuera de lugar) que no sabes si reír o preocuparte? Pues en la oficina donde trabajo, esas historias no faltan, y hoy te traigo una de las mejores: la de mi compañera, a quien cariñosamente llamaremos “Lady Kevin”.

Esta es de esas anécdotas que, si te la cuentan en una reunión familiar, seguro acaba en carcajadas, pero cuando te sucede en vivo, solo te queda mirar al cielo y preguntar: “¿En qué momento los humanos nos convertimos en la especie dominante?” Prepárate para una historia que va del sol a la luna, y de ahí, directo al Vaticano… o a donde sea que eso quede, según Lady Kevin.

La pregunta que eclipsó mi mañana

Era una mañana como de postal: cielo despejado, el aire fresco y limpio, y yo caminando rumbo al trabajo junto a Lady Kevin. En el horizonte, el sol brillaba con todo su esplendor, mientras que al otro lado, la luna todavía se asomaba, como esas veces que uno ve ambos astros y piensa: “¡Qué bonito es el universo!” Pero Lady Kevin tenía otra cosa en mente.

De repente, me señala la luna y me suelta:
—¿Eso es la luna o el sol?

Yo, como quien explica a un niño curioso, le señalo el sol (sin que lo mire directo, claro) y le digo:
—Mira, eso que te deja medio ciega es el sol.

Ella, molesta, me contesta:
—¡Eso ya sé! Te estoy preguntando por eso otro.

Y ahí estaba, señalando la luna, confundida entre dos astros que cualquiera en primaria distingue. No pude evitar pensar en el comentario que leí una vez en internet: “Hay gente que me hace preguntarme cómo recuerdan respirar”. La verdad, ese día sentí que tenía que ponerle una alarma a Lady Kevin para que no se le olvide exhalar.

El tour mundial de Lady Kevin (sin salir de la oficina)

La historia, lejos de terminar ahí, solo mejoró. Cinco minutos después, Lady Kevin me lanza otra perla:
—¿Dónde vive ese señor Papa?

Yo, pensando que hablábamos de algún vecino, le respondo:
—¿El Papa? En el Vaticano.

—¿Y eso dónde queda?

—En la Ciudad del Vaticano, en Roma.

—¿Y Roma?

—¡En Italia!

—¿Y eso?

En ese momento, sentí que estaba en un episodio de “La Rosa de Guadalupe”, esperando a que una brisa milagrosa le diera la respuesta. Pero no, Lady Kevin seguía con cara de “no tengo idea” y, por pudor, ya no preguntó más. Lo mejor de todo: ¡trabajamos en la industria del turismo y estamos en Europa! Literalmente, vendemos viajes a esos lugares todos los días.

Esto me recordó a un forero que contaba que su amiga preguntó si Las Vegas estaba en Estados Unidos, solo porque el nombre sonaba español. O la que quería aprender “africano”, como si fuera un solo idioma. La creatividad para despistarse no tiene fronteras.

El club de los despistados: anécdotas de todo el mundo

Lo más divertido es que, al compartir esta historia en internet, muchos comenzaron a contar sus propias experiencias. Un usuario comentó que conocía gente tan despistada que hasta dudaba de que pudieran vestirse solos por la mañana. Otro, entre risas, decía que hay personas que necesitan tatuarse “inhalar” y “exhalar” en las muñecas para no olvidarse de respirar. ¿Exageración? Quizá, pero todos hemos conocido a alguien así.

Y aunque algunos dudaban que historias como la de Lady Kevin fueran reales (“Eso suena a que lo escribió una inteligencia artificial”, decían), el propio autor defendió su anécdota: “Lo escribí yo, con mi dedo humano, desde mi memoria humana”. Porque, seamos sinceros, la realidad a veces supera la ficción… y a cualquier algoritmo.

¿Ignorancia, despiste o solo ganas de reír?

Muchos comentaban que este tipo de preguntas no son señal de “falta de inteligencia”, sino de andar por la vida sin pensar demasiado antes de hablar. Y si bien a veces puede resultar desesperante, también es cierto que estas personas alegran la oficina y nos recuerdan que el humor es fundamental para sobrevivir al día a día laboral.

En Latinoamérica, solemos decir “no tiene dos dedos de frente” o “vive en la luna” para describir a los despistados. Y aunque nos reímos, muchos reconocemos en Lady Kevin a ese compañero que siempre le pone chispa al trabajo, aunque sea por sus ocurrencias.

Conclusión: ¿Quién no tiene una Lady Kevin en su vida?

Al final del día, estas historias nos unen y nos sacan una sonrisa. Porque, ¿quién no ha tenido a una Lady Kevin en su trabajo, en la familia o entre los amigos? Si tienes alguna anécdota parecida, ¡compártela en los comentarios! Después de todo, reírse de estas situaciones es lo que nos hace más humanos… y evita que confundamos la luna con el sol, o Italia con el polo norte.

¿Tienes una historia digna de contarse? ¡Déjala abajo y sigamos celebrando la magia de ser despistados!


Publicación Original en Reddit: Lady Kevin can't tell between moon and sun