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Sobrevivir a tu primer trabajo en recepción: 14 días de locura, notas y paciencia

Imagen fotorrealista de un espacio de trabajo ocupado, mostrando una atmósfera caótica pero vibrante de aprendizaje y crecimiento.
¡Abraza el caos del crecimiento! Esta escena fotorrealista captura el torbellino de aprendizaje al adaptarse a un nuevo horario. Después de 14 días navegando una rutina laboral desafiante, estoy encontrando mi ritmo en medio del desorden. ¡Acompáñame en mi viaje y descubre las lecciones aprendidas en el camino!

¿Quién no ha sentido ese vértigo de empezar en un trabajo nuevo, donde todo parece al revés y el manual de bienvenida más bien parece una novela de terror? Pues justo así comienza la aventura de nuestro protagonista, que lleva apenas 14 días como recepcionista de hotel y ya tiene historias para escribir un libro. Si alguna vez has sentido que los primeros días en un trabajo son como lanzarte al ruedo sin capote, ¡prepárate para sentirte identificado!

El mundo de la hotelería, especialmente en recepción, no es como lo pintan en las telenovelas: aquí no hay música romántica de fondo ni huéspedes agradecidos trayendo chocolates. Hay noches en vela, mañanas frenéticas, y una montaña rusa de emociones que te hace preguntarte si realmente tienes madera para esto... o si deberías haberte quedado vendiendo tamales los domingos.

El caos disfrazado de rutina: La vida entre turnos y jefes apresurados

La historia comienza con nuestro amigo trabajando turnos nocturnos los fines de semana (¡el famoso "NA" que parece tan tranquilo!) y turnos matutinos de martes a jueves. Aunque suena sencillo, la realidad es otra: mientras intentas recordar a qué hora debes abrir el desayuno, también tienes que saber de memoria los códigos de las reservas grupales, el guion para los check-ins y aprender a manejar el sistema como si fueras mago. Todo, mientras los gerentes te enseñan a velocidad de rayo y con menos paciencia que un taxista en hora pico.

Como buen latino, nuestro protagonista no es de los que tiran la toalla fácil. Aunque los errores se acumulan y el ánimo a veces flaquea, sabe que nadie nace sabiendo. Y aquí viene la típica frase de jefe impaciente: "¡Ya llevas dos semanas, deberías saberlo!" —como si aprender todo fuera tan fácil como preparar un mate. Pero, como bien dicen en los comentarios de la comunidad, todos cometemos errores y la experiencia solo se gana a base de repetir, fallar y volver a intentar.

Los consejos del pueblo: Apoyo, anécdotas y un poco de humor

En el post original y sus comentarios, se nota esa hermandad que solo entienden los que han pasado por la recepción de un hotel. Un usuario le dice: "Haz tu mejor esfuerzo, y siéntete orgulloso de eso", recordándonos que la autocompasión es vital en estos trabajos donde la presión viene de todos lados.

Otro comenta, adaptando la sabiduría popular: "Cuando yo empecé, aprender todo de golpe era abrumador. Pero si no te rindes, pronto serás tú quien enseñe los trucos a los nuevos." Es el típico consejo de abuelita: "Mijito, la práctica hace al maestro", y sí, aplica hasta para lidiar con huéspedes que piden desayuno a las 3 de la tarde.

No faltan quienes comparten sus propias calamidades: una recepcionista desde Texas (¡cómo olvidar ese toque internacional!) cuenta que le tomó dos meses entender todo, y que cambiar de turno es como vivir en dos mundos distintos. "Mientras no te entrenen bien, todo es más complicado", dice, y en Latinoamérica sabemos bien lo que es aprender "a la mala".

Por ahí también surge el consejo de oro: ¡Escribe todo! Aunque el jefe diga "no necesitas anotar eso", tú apunta hasta el color de la corbata del gerente. Mejor pasar por obsesivo que por olvidadizo cuando los nervios atacan.

La paciencia es un arte (y la hotelería su mejor escuela)

En Latinoamérica, solemos decir que la paciencia es la madre de todas las ciencias. Nada más cierto en la hotelería, donde el caos es parte de la rutina. Si hay algo que saca canas verdes es un jefe sin paciencia, pero también es cierto que nadie llega sabiendo todo. Como bien recuerda otro comentario: "Todos, incluidos los gerentes, alguna vez fueron nuevos en algo." Así que, si te toca un jefe con poca empatía, respira hondo, cuenta hasta diez y recuerda que esto también pasará.

Nuestro protagonista lo tiene claro: no se va a rendir. Y es que si uno ha sobrevivido a la venta de seguros, a consultas médicas o a la burocracia de cualquier oficina pública en nuestro continente, ¿cómo no va a poder con un par de turnos y una docena de códigos de reservas?

¿El secreto? No perder el buen humor y seguir adelante

La moraleja de esta historia es tan simple como potente: nadie se convierte en experto de la noche a la mañana. La hotelería, como la vida, se aprende a golpes y con risas. Si tienes el valor de quedarte cuando todos los demás ya habrían renunciado, ya llevas media batalla ganada.

Así que la próxima vez que tu jefe te diga que "ya deberías saberlo", sonríe por dentro y piensa en todas esas historias que, en unos meses, tú mismo contarás para motivar a los nuevos. Y si eres de los que apenas van empezando, no te preocupes: todos hemos mezclado los horarios de check-in y check-out, y nadie ha muerto por eso... al menos no todavía.

¿Tú también has tenido un jefe impaciente o una curva de aprendizaje que parecía montaña rusa? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios! Aquí, como buenos latinos, siempre hay espacio para compartir la anécdota, el consejo y, claro, el chisme.


Publicación Original en Reddit: 14 days in