Sobreviviendo al hotel morado: historias de un trabajo de verano que fue todo menos mágico
¿Alguna vez te has preguntado cómo sería trabajar en un hotel británico durante el verano? Bueno, déjame decirte que lo que parece un trabajo sencillo puede convertirse en una verdadera telenovela, pero sin comerciales y con más drama que un capítulo de El Chavo cuando Don Ramón no paga la renta. Esta es la historia de un joven latino que, con la ingenuidad de quien busca experiencia laboral y un poco de aventura, terminó enfrentando situaciones tan absurdas como intensas en un famoso hotel de marca morada en el Reino Unido, a solo 25 minutos del tour de Harry Potter… pero con más magia negra que varitas y hechizos.
¿Listo para escuchar cómo un trabajo de verano se convirtió en una travesía llena de pacientes psiquiátricos, robos, peleas de cocina y turnos tan misteriosos como los secretos del castillo de Hogwarts? Acomódate, porque esto va para largo.
El hotel rural: más lejos de la magia y más cerca del caos
Imagina un hotel perdido en la campiña inglesa, rodeado de verde y neblina, pero en vez de tranquilidad, lo que hay es un desfile de situaciones dignas de una película de Pedro Almodóvar. Nuestro protagonista, como muchos jóvenes latinos buscando abrirse camino en el extranjero, llegó ilusionado al famoso “hotel morado” (sí, ese que hasta tiene restaurante propio, tipo “Beefeater”, y que en fotos parece todo orden y elegancia). Pero la realidad le dio una cachetada de guante blanco.
Durante su estadía, lo que más abundaba no eran turistas, sino problemas. Desde el primer día, los trabajadores sociales llegaban como si el hotel fuera un hospital improvisado, intentando dejar ahí a pacientes con graves problemas psiquiátricos porque “no había camas en la clínica”. Una vez, una trabajadora social tuvo el descaro de pedirle al recepcionista (o sea, nuestro protagonista) que guardara los medicamentos de un joven esquizofrénico y se los entregara durante la noche. ¡Como si fuera enfermero y no recepcionista! Al final, mágicamente “no había habitaciones disponibles” para ellos. Y cuando lograron colar a uno de estos pacientes, el chavo terminó orinando las puertas de las habitaciones vecinas. No, no es broma.
Un comentario de la comunidad lo resume perfecto: “Cualquier trabajador social que haga esas cosas debería perder su licencia. Seguro que descubrieron que sus habitaciones salían más baratas y se quedaban con la diferencia.” Aquí en Latinoamérica, esto sería el escándalo del año en redes y hasta harían memes de la situación.
Entre robos, cocineros fugitivos y una nómina más misteriosa que la receta de la abuela
Pero los problemas no terminaban ahí. Resulta que el hotel estaba tan mal administrado que la rotación de empleados era peor que la de porteros en el fútbol mexicano. La cocina, que se suponía era el corazón del restaurante, tenía solo dos meseros y los cocineros se iban en pleno servicio, dejando a los comensales con el tenedor en mano y el estómago vacío. Un día, una clienta se atrevió a decirle al recepcionista: “¿Puedes reemplazar al chef y cocinarnos la cena?” Él, con el humor británico que a veces compartimos los latinos, respondió: “Soy el único empleado del hotel esta noche, ¿de verdad crees que puedo cocinar?”
La situación laboral era tan precaria que, como comentó otro usuario, “no despedían a nadie, porque entonces el gerente tendría que cubrir los turnos”. Y ni hablar de la organización: los horarios de trabajo solo estaban en papel, así que había que ir cada semana a ver qué turno tocaba, como si fuera la tómbola de la lotería nacional.
Por si fuera poco, el estacionamiento trasero era tierra de nadie: robos de herramientas, partes de autos y hasta camionetas enteras. Las cámaras, claro, no funcionaban, pero había letreros que decían lo contrario. Aquí, cualquier dueño de camioneta sabe que hay que dormir abrazado de su herramienta, porque si no, al día siguiente solo queda el puro recuerdo.
Un ambiente laboral tóxico: chismes, peleas y cero solidaridad
Si pensabas que lo peor era lidiar con huéspedes complicados, espera a conocer el ambiente entre compañeros. El chisme y la queja estaban a la orden del día. Había más drama que en una fiesta de quinceañera donde bailan todos menos el festejado. El protagonista lo dice claro: “Era tan tóxico que había peleas abiertas entre el personal y uno tenía que enterarse de sus turnos yendo en persona, porque nadie confiaba en nadie”.
Y cuando llegaba un “cliente Karen” (de esos que abundan tanto en el Reino Unido como en cualquier parte de Latinoamérica), lo mejor era armarse de paciencia y humor. Una vez, una clienta amenazó con hacer que despidieran al recepcionista. Él, sin perder la calma, replicó: “Esta noche solo hay un empleado, ¿cuántos crees que somos?”. Aquí cualquiera de nuestros abuelitos le habría dicho: “¡Que se ponga a ayudar en la cocina si tanto le urge comer!”
La cruda realidad de los hoteles: ¿vocación o supervivencia?
La comunidad de Reddit, compuesta en su mayoría por trabajadores de hoteles y restaurantes, no se guardó nada. Uno comentó: “Somos hoteleros, no cuidadores. Hay que dejarles claro a quienes traen pacientes que esto no es hospital”. Otro compartió que en su hotel una vez dejaron a una señora de más de ochenta años porque su familia ya no podía cuidarla; ella necesitaba atención médica, no solo una cama.
Y es que, en palabras de otro usuario, después de la pandemia, las condiciones laborales en hoteles como el “morado” se fueron al piso: despidieron a un tercio del personal y los que quedaban tenían que hacer de todo, por el mismo sueldo miserable. Si en México, Argentina o Colombia muchos se quejan del trato al trabajador, esto demuestra que el maltrato laboral no tiene fronteras.
Conclusión: Si sobrevives a un hotel así, puedes con todo
La moraleja de esta historia es clara: trabajar en un hotel puede ser una experiencia enriquecedora, pero también un via crucis si la administración es deficiente y los clientes piensan que el personal es todólogo. A todos los que han trabajado de recepcionistas, meseros, cocineros o personal de limpieza en hoteles, ¡mis respetos! Porque si logras sobrevivir a un verano en un hotel así, puedes sobrevivir a cualquier cosa… hasta a la suegra más exigente.
¿Y tú? ¿Tienes alguna anécdota trabajando en hoteles, restaurantes o lugares donde el caos era el pan de cada día? Cuéntanos en los comentarios. Porque, como buenos latinos, si no lo contamos, ¡nadie nos lo cree!
Publicación Original en Reddit: Tales from a summer job at the UK purple brand.