Sin comisión, sin ganancia: la venganza justa de un vendedor de tecnología en Nueva York
¿Alguna vez sentiste que tu trabajo no te valora y te dieron ganas de devolverles el favor? Pues la historia de hoy es digna de esos memes donde el empleado termina dándole una cucharada de su propia medicina a la empresa. Prepárate para reírte, indignarte y, por qué no, aplaudir la astucia de un vendedor que no se dejó pisotear por políticas absurdas.
Te cuento la anécdota real de un vendedor en una tienda de computadoras en Nueva York—de esas que, como muchas, ya son solo un recuerdo para los nostálgicos. Pero, atención: lo que hizo este chavo es algo que cualquier latino con dignidad hubiera hecho si le niegan su paga... ¡y con razón!
Cuando la empresa te da la espalda... ¡pero tú tienes la última palabra!
La historia arranca en una tienda cerca de Bryant Park, en pleno Manhattan. El protagonista, empleado de tiempo completo, recibía un sueldo base de $300 a la semana, pero lo jugoso estaba en la comisión: el 10% de la ganancia sobre lo que vendiera. Ojo, solo si superabas los $300 de comisión. Ya desde ahí uno empieza a sospechar.
Imagínate que, para calcular la comisión, el sistema de la tienda te daba un código secreto con el costo real que la empresa pagaba por el producto. Por ejemplo, “H45S99” significaba que la tienda lo compraba a $45.99. Así, el vendedor podía negociar precios con los clientes—¡como en los tianguis de la CDMX!—y aún así ganar su comisión.
El detalle es que nuestro protagonista trabajaba casi siempre en el área de software, donde las comisiones eran casi imposibles de alcanzar porque las ganancias eran mínimas. Pero un día, lo subieron al “nivel Dios” de la tienda: computadoras, cámaras y demás productos caros, donde sí se podía ganar buena lana.
Tres minutos de retraso, $630 menos en el bolsillo
En una semana, este vendedor se puso las pilas, juntó todas sus ventas y calculó que le correspondían unos $630 de comisión. ¡Por fin, un pago decente! Pero al llegar el día de cobro… solo le pagaron el mínimo, menos impuestos. Se fue directo a la oficina a preguntar y la respuesta fue de telenovela: “Llegaste tres minutos tarde un día, por política pierdes toda tu comisión”.
Como diríamos en México: ¿Qué clase de chafa es esa? El pobre vendedor, furioso, decidió tomar cartas en el asunto. Y aquí viene la parte sabrosa de la historia: durante dos semanas, vendió absolutamente todo a precio de costo. Nada de ganancia para la tienda. Los clientes, felices, volvían por más y hasta decían que solo compraban con él porque nadie más les daba esos precios.
Cuando los jefes se dieron cuenta, lo llamaron a la oficina y le mostraron un informe: en dos semanas, la tienda había ganado solo 32 centavos de sus ventas. Y él, sin perder la calma, les recordó lo de la comisión perdida por tres minutos de retraso.
La venganza se contagia: cuando el ejemplo prende la mecha
En vez de correrlo de inmediato, le pidieron que dejara de hacerlo. ¿Y qué hizo él? ¡Lo mismo una semana más! Ahora sí lo despidieron, pero como dicen en Argentina: “me fui con la frente en alto, porque ese trabajo ya lo odiaba”.
Lo más divertido es que, según cuenta el propio protagonista y algunos usuarios de Reddit, otros empleados empezaron a hacer lo mismo: “¿No hay comisión? Pues vendo a precio de costo”, y la política absurda tuvo que ser eliminada. El karma, como dirían en Colombia, se la cobró a la tienda.
Uno de los comentarios más celebrados decía: “Tuvieron que despedirte para hacerle espacio al siguiente incauto al que explotar”. Y otro resumió la historia con una frase perfecta: “Le diste donde duele. Se lo merecían por cretinos”.
El propio autor reflexiona que, si hubiera sabido más de leyes laborales en ese entonces, habría podido reclamar su comisión porque ya era un salario ganado. Pero como muchos jóvenes en su primer empleo, no sabía cómo defenderse. En Latinoamérica esto es pan de cada día: empresas que abusan de la falta de experiencia de los empleados jóvenes.
¿Empresas tacañas o empleados astutos? Reflexiones con sabor latino
Esta historia nos recuerda lo que muchos vivimos en trabajos de ventas o atención al cliente: políticas injustas, jefes que se creen muy listos y empleados que, con ingenio, terminan dándoles una lección inolvidable. En México, Argentina o Colombia, todos conocemos a “ese jefe” que cree que puede pisotearte y sale trasquilado.
También surgieron comentarios nostálgicos sobre tiendas icónicas de Nueva York, como Crazy Eddie o DataVision, y algunos lectores compartieron anécdotas similares de empleadores que prefieren perder empleados antes que cambiar políticas absurdas.
¿Quién no ha sentido ganas de hacerle la vida imposible a ese jefe que se pasa de listo? Al final, el protagonista no solo se fue en paz, sino que su acción ayudó a mejorar las condiciones para los que se quedaron. La tienda terminó cerrando años después, y él bromea diciendo que quizá puso su granito de arena para que eso pasara.
¿Te ha pasado algo así? ¡Cuéntanos tu historia!
¿Te sentiste identificado con esta historia? ¿Alguna vez te negaron un pago justo o sufriste una política absurda en el trabajo? Los lectores latinos sabemos que la picardía y el ingenio a veces son la mejor arma contra la injusticia. Deja tu comentario y comparte tu experiencia, que aquí nos gusta reírnos, aprender y, sobre todo, apoyarnos entre todos.
¿Tienes alguna anécdota de venganza pequeña pero sabrosa en el trabajo? ¡Anímate y cuéntala! Porque si algo nos une como latinoamericanos, es ese espíritu rebelde que no deja que nadie nos pase por encima—ni el jefe más negrero.
¡Hasta la próxima historia, comunidad!
Publicación Original en Reddit: No commission? Well, no profit!