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Si los huéspedes también recibieran calificaciones: La otra cara de la recepción hotelera

Agente de recepción frustrado por las quejas de los huéspedes sobre las opciones de habitaciones en un hotel cinematográfico.
En esta representación cinematográfica, un joven agente de recepción enfrenta los desafíos de las expectativas y elecciones de los huéspedes, resaltando las frustraciones a menudo pasadas por alto en la industria hotelera. ¿Qué opinas sobre dejar reseñas para los huéspedes?

¿Te imaginas que al salir de un hotel, no sólo tú pudieras dejar una reseña del lugar, sino que el personal también calificara tu comportamiento como huésped? ¡Ay, caramba! Sería como un episodio de Black Mirror, pero con desayuno continental y mucho drama. Y es que, aunque parezca increíble, a veces los huéspedes olvidan que quienes están detrás del mostrador también son personas... y vaya que tienen historias para contar.

Hoy te traigo una de esas anécdotas que te harán reflexionar la próxima vez que pidas “un upgrade gratis porque soy cliente frecuente” o que llegues a recepción con cara de “yo soy el que manda aquí”. Prepárate para ver el mundo hotelero desde el otro lado del mostrador.

El huésped difícil: Un clásico internacional

En Latinoamérica, todos conocemos a alguien que vive buscando “el pilón”, ese extra que se consigue con insistencia, reclamo y hasta un poquito de drama. Pero en el mundo hotelero, esto se vuelve casi un deporte extremo. Una joven recepcionista de hotel en Estados Unidos compartió en Reddit la frustración de lidiar con huéspedes que, después de reservar una habitación específica, llegan quejándose porque no cumplió sus “expectativas”. ¿Y la culpa? Obvio, para ellos, del pobre agente de recepción que, aparentemente, debería leer la mente y anticipar todos sus deseos.

Lo más curioso es que muchos de estos huéspedes son personas con años de experiencia viajando y, supuestamente, con “estatus élite” en cadenas hoteleras. Sin embargo, como dice el dicho, “la educación no se compra ni con puntos de recompensa”. Un usuario del hilo compartió la historia de una persona que presumía en una reunión cómo siempre encontraba algo por lo que quejarse, sólo para sacarle puntos extra al hotel. ¡Eso sí es tener mañas de campeonato!

“Yo sólo quiero lo que me corresponde”… ¡y un poquito más!

El tema de los “clientes frecuentes” da para largo. Varios trabajadores de hoteles y hasta de casinos comentaron cómo hay huéspedes que han perfeccionado el arte de la queja. Llegan, encuentran cualquier detalle (que si la cama está dura, que si el desayuno no es lo suficientemente caliente, que si el color de la pared les parece deprimente) y, al final, piden un descuento o un cuarto mejor.

¿Te suena familiar? En Latinoamérica, tenemos la versión del “mejor precio para la familia” o el famoso “¿y no hay nada de cortesía?”. Pero, como bien señaló una comentarista, el problema es cuando la queja se convierte en rutina y se hace sólo para obtener ventajas, no porque realmente haya un problema.

Incluso hay empleados que, cansados de este comportamiento, reportan a estos clientes por mal uso del programa de membresías. Algunos hoteles han implementado sistemas internos donde, si un huésped acumula demasiadas quejas sin razón, pueden perder sus recompensas o incluso ser vetados. Como en el fútbol: demasiadas tarjetas amarillas y te vas expulsado.

¿Y si los hoteles calificaran a los huéspedes?

Ahora, imagina este escenario: cada vez que un huésped se va, el personal puede dejarle una reseña interna. “Muy amable, dejó la habitación impecable, bienvenido siempre” o “Se quejó hasta del clima, mejor que no regrese”. Un usuario comparó esto con el sistema de Airbnb, donde anfitriones y huéspedes se califican mutuamente. ¡Y vaya que ayuda a tener mejores experiencias para todos!

Algunos sugirieron incluso llevar un registro tipo “karma hotelero”: quien tenga más quejas que noches de estancia, empieza a perder privilegios. Así, los que de verdad se comportan y valoran el servicio, reciben mejores ofertas y habitaciones. Y los que sólo buscan el “chanchullo”, pues les tocará probar suerte en otro lado.

Por supuesto, otros advirtieron que tampoco se trata de reprimir toda petición. Hay formas y formas. Como comentó un viajero experimentado: pedir algo con educación no cuesta nada, siempre y cuando aceptes un “no” con una sonrisa. El problema es cuando la exigencia viene acompañada de malos modos y aires de superioridad.

Detrás del mostrador: Somos humanos, no robots

Algo que muchos olvidan –tanto en hoteles como en bancos, restaurantes o cualquier servicio al cliente– es que quienes te atienden también tienen días buenos y malos. Cargar con la energía de huéspedes groseros o quejosos termina provocando rotación de personal, falta de motivación y, a la larga, peor servicio para todos. Como bien dijeron en el hilo: si sólo premiamos a quienes más se quejan, ¿qué incentivo hay para quienes valoran el trabajo bien hecho?

Por eso, la próxima vez que viajes, piensa: ¿cómo te gustaría que te recuerden en recepción? ¿Como el huésped agradable que recomendó el mejor café de la zona, o como el que hizo un escándalo porque el jugo no era de naranja recién exprimida?

Conclusión: La hospitalidad es de ida y vuelta

En resumen, la hospitalidad es una calle de dos direcciones. Todos queremos un buen servicio, pero también está en nosotros poner de nuestra parte. Sé ese huésped que deja huella por su amabilidad, no por sus quejas. Y quién sabe, quizá algún día los hoteles sí empiecen a dejar reseñas de sus huéspedes… y ahí sí, más nos vale portarnos bien.

¿Y tú? ¿Has visto o vivido alguna de estas situaciones en tus viajes? Cuéntanos tu historia en los comentarios. ¡Prometemos no calificarte con estrellas!


Publicación Original en Reddit: I wish I could leave reviews for guests. (rant)