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Ser amable abre puertas (y ser grosero te las cierra en la cara): Crónica de hotel

Huésped registrándose en la recepción de un hotel, destacando la amabilidad y los desafíos del servicio al cliente.
En este instante cinematográfico, capturamos la esencia de la hospitalidad en la recepción, donde la amabilidad realmente marca la diferencia. ¡Acompáñame a compartir un encuentro memorable con un huésped que nos enseñó a todos el valor de ser amables!

¿Alguna vez te has topado con alguien que parece creer que el mundo gira a su alrededor? Pues agárrate, porque la anécdota de hoy es una joyita del mundo hotelero: una muestra clarísima de cómo la actitud puede cambiarlo todo, para bien o para mal. Si alguna vez has trabajado en recepción, seguro te vas a sentir identificado; y si no, prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, aprender por qué ser amable nunca pasa de moda.

El viaje de tres horas… y el olvido imperdonable

Imagina esto: eres recepcionista de hotel, es un día normal y llega una señora cansada, con dos niños pequeños a cuestas, después de manejar tres horas desde su pueblo. Hasta aquí, todo bien. Pero cuando llega el momento de pagar, la señora saca su celular dispuesta a pagar con “tap” (ese método de pago con el celular que todavía no todos los hoteles aceptan en Latinoamérica). Tú, con la mejor sonrisa, le explicas que por ahora solo aceptan la tarjeta física porque cambiaron el sistema y, pues, ni modo.

Y entonces, la bomba: “Es que no traigo mi tarjeta física, solo tengo tap. ¡Vine manejando tres horas y me di cuenta en el camino que la olvidé!” ¿Qué haces ahí? Aunque uno piensa “¡Señora, por Dios, ni que fuera a comprar tortillas!”, hay que mantener la calma y explicar (otra vez) que sin la tarjeta física no se puede hacer check-in. Aquí, la protagonista empieza a mirarte como si tú fueras el villano de la novela.

“¿Y ahora qué vas a hacer?”: El síndrome del protagonista

Aquí es donde la historia se pone buena. La señora, con tono de telenovela, exige: “¿Entonces qué vas a hacer? ¿Quieres que duerma en el carro con mis hijos?” En ese momento, todos los que trabajamos en atención al cliente sabemos que ya entramos al terreno del dramatismo. Es como si creyera que uno puede romper las reglas con solo chasquear los dedos, arriesgando el trabajo nada más porque ella decidió viajar sin medios de pago.

Curiosamente, un usuario en Reddit lo resumió perfecto: hay gente que vive pensando que todos sus problemas son culpa de los demás, como si fueran la estrella principal y el resto del mundo solo existiera para resolverles la vida. Y claro, la señora ni siquiera se planteó soluciones; solo quería que mágicamente todo se arreglara.

Cuando la amabilidad sí mueve montañas (y la grosería, solo muros)

En medio de esta crisis, aparece la amiga salvadora. Resulta que estaban en la ciudad para un torneo de deportes juveniles y, “casualmente”, su amiga sí traía tarjeta física. Después de un intercambio de miradas y algunas frases no muy amables, logran hacer el check-in usando la tarjeta y credencial de la amiga. Fin del drama… ¿o no?

Lo curioso es que, como muchos comentaron en Reddit, si la señora hubiera pedido ayuda de buena manera, probablemente el recepcionista habría hecho una excepción, tal vez autorizando el pago manual o llamando al esposo para confirmar la tarjeta (aunque fuera contra la política del hotel). Pero como llegó con mala actitud y ganas de pelear, lo único que consiguió fue que todos siguieran el reglamento al pie de la letra. Como dice el dicho: “donde manda capitán, no gobierna marinero”… ¡y menos si el capitán viene de malas!

Un comentario lo puso en palabras muy sabias: “Si eres amable, los trabajadores pueden mover montañas para ayudarte; pero si eres grosero, se van a escudar en la política del hotel y no te van a dar ni los buenos días”.

Consejos de oro para viajeros despistados

A raíz de esta historia, la comunidad compartió varios tips útiles para no pasar un mal rato viajando. Por ejemplo, siempre lleva contigo tu tarjeta física y una identificación, sobre todo si viajas lejos o a lugares donde no sabes qué métodos de pago aceptan. Una usuaria comentó que ella guarda fotos de sus tarjetas e ID en el celular “por si las moscas”, aunque muchos hoteles aún piden ver los originales.

Otro detalle interesante: en países como Australia, casi nadie carga tarjetas físicas porque todo se paga con el celular o el reloj. Pero en Latinoamérica y Estados Unidos, todavía hay lugares (¡hola, Walmart!) donde solo aceptan pago físico. Así que, aunque la tecnología avance, más vale prevenir que lamentar.

Y si alguna vez te toca el papel de la señora olvidadiza, recuerda: una disculpa sincera y una sonrisa pueden abrir más puertas que cualquier berrinche. Nadie quiere dormir en el coche, pero tampoco el recepcionista quiere perder su trabajo por saltarse las reglas.

Reflexión final: ¿Protagonista o buena onda?

Después de todo el show, la señora regresó al día siguiente, ya más tranquila, para cambiar la tarjeta ahora que su esposo llegó con la física. Eso sí, ni una disculpa por el mal rato de la noche anterior. Como quien dice, “ni las gracias”.

Así que la moraleja es clara: ser amable no cuesta nada y puede salvarte la noche (y la de tus hijos). Porque, como decimos en México, “más vale caer en gracia que ser gracioso”… ¡y la gracia aquí la pone la buena actitud!

¿Tú qué opinas? ¿Te ha pasado algo parecido en un hotel, restaurante o tienda? ¿Crees que los trabajadores deben ser flexibles ante estas situaciones o las reglas son las reglas? ¡Cuéntame tu historia en los comentarios y sigamos la charla!


Publicación Original en Reddit: Being Nice Goes a Long Way (being mean does not)