Señora, yo no tengo su comida: Aventuras en la recepción de hotel
En los hoteles, uno ve de todo: desde huéspedes encantadores hasta personajes que parecen haber dejado el sentido común en casa junto con el cargador del celular. Pero hay días en los que la realidad supera la ficción, y hoy les traigo una historia que cualquiera que haya trabajado atendiendo público reconocerá al instante. Prepárense para reír, sentir un poco de vergüenza ajena y preguntarse, como muchos en la comunidad de internet: ¿de verdad la gente es así?
El caso de la señora y el misterio de la comida perdida
Todo comenzó como un día normal en la recepción de un hotel, ese lugar donde uno espera atender preguntas sobre reservas, llaves extraviadas o sugerencias de restaurantes locales. Pero de repente, una señora llega a la recepción, con cara de pocos amigos, y dice: “He pedido comida usando el código QR que estaba en una de las sillas de la piscina y llevo rato esperando. ¿Dónde está mi comida?”
Aquí hay que hacer una pausa para comprender el nivel de confusión. Para llegar a la recepción, la señora tuvo que salir de la zona de la piscina, pasar por el restaurante (sí, el mismísimo lugar de la comida), caminar hasta el frente del hotel, y solo entonces quejarse con el recepcionista. Es como si fueras a un Oxxo, vieras que no hay pan dulce y caminaras hasta la gasolinera de la esquina para preguntar por qué no hay conchas.
El recepcionista, con toda la paciencia del mundo, le explicó amablemente que él no tiene la comida, ni tampoco la capacidad de prepararla (¡qué más quisiera!). Incluso le ofreció llamar al restaurante, pero al final, la señora aceptó que lo mejor sería ir ella misma… al restaurante. Sí, ese por el que ya había pasado.
El “cerebro de vacaciones”: una epidemia real
Muchos en la comunidad donde se compartió esta historia coincidieron en que, al parecer, cuando uno viaja, el sentido común se queda en casa. En palabras de un comentarista: “El área del cerebro encargada del sentido común y la lógica se apaga en cuanto el huésped ya no es responsable de su propia comodidad”. ¿Será por eso que en el Caribe hay tantos turistas quemados por el sol que juran que no sabían que el sol pega fuerte?
No es la primera vez que pasa algo así. Otra persona relató cómo, en un hotel de Florida, una señora gritaba porque quería que la recepción le pidiera comida al IHOP del hotel. Y, como si fuera poco, hay quien exige que el recepcionista les sirva el desayuno “porque para eso pagan”. Uno de los comentarios con más likes comparó esto con ir a la farmacia de Walmart a reclamar porque el ceviche del área de mariscos estaba salado.
“¿Y si voy a la lavandería a preguntar por mi hamburguesa?”
La creatividad de las quejas no tiene límites. Hubo quien recordó la vez que un huésped salió del área de desayuno, ignorando a seis empleados, solo para ir a la recepción a mostrar un yogur que, según él, estaba vencido… ¡pero faltaba un mes para que caducara! Otros relataron anécdotas similares en supermercados, cuando la gente piensa que los empleados de cajas mágicamente controlan los hornos del área de panadería.
Un comentario que hizo reír a todos decía: “¿Por qué no fue mejor a la lavandería a preguntar por la hamburguesa?” Y es que a veces, parece que la lógica se nos va de vacaciones antes que el cuerpo.
El dilema de la recepción: ni magos, ni chefs, solo humanos
En los hoteles, sobre todo los grandes, muchos restaurantes operan como negocios independientes, incluso en edificios separados. Pero eso no lo sabe todo el mundo. Aun así, uno esperaría que si tienes hambre y tu comida no llega, lo lógico es preguntar en la cocina, no al que está haciendo check-in a otros huéspedes. Es como pedirle al portero del edificio que te arregle el internet porque “trabajan en el mismo lugar”.
Algunos defendieron a la señora, argumentando que “uno nunca sabe exactamente cómo funciona el hotel”. Pero, como bien respondió el autor original, “la señora pasó por el restaurante para llegar a la recepción; si ella pudo caminar tanto, ¿por qué no preguntar directamente ahí?”. La mayoría estuvo de acuerdo: hay que tener un mínimo de sentido común… o al menos leer los letreros.
Reflexión final: sentido común, el menos común de los sentidos
Al final, estas historias nos dejan claro que en la hospitalidad (y en la vida), la paciencia es clave. Los trabajadores de hoteles no son magos ni superhéroes, aunque a veces pareciera que se les exige serlo. Así que la próxima vez que viajes y algo no funcione, pregúntate: “¿Estoy preguntando en el lugar correcto o solo quiero desahogarme con el primero que se cruce?”
¿Tienes una anécdota parecida trabajando o viajando? ¿Alguna vez te encontraste reclamándole al cajero del banco porque la fila del café estaba larga? Cuéntanos en los comentarios, ¡y no olvides compartir este post con ese amigo que siempre se pierde en los hoteles!
Publicación Original en Reddit: I don’t have your food lady.