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Señora, su “locura” no es nada comparada con la mía: historias de la recepción de hotel

Escena de concierto con fans celebrando tras la presentación de un cantante famoso, capturando la atmósfera animada.
Un vistazo cinematográfico a la vibrante energía post-concierto, donde los fans se reúnen para celebrar una noche inolvidable con el exvocalista de una banda querida. La emoción es palpable, mostrando la mezcla única de alegría y caos que solo un gran concierto puede ofrecer.

Hay trabajos que parecen tranquilos desde fuera, casi aburridos, como esos en los que tu tía te pregunta “¿y no te aburres ahí parado todo el día?”, pero los que hemos pasado horas tras un mostrador de hotel sabemos que la realidad es otra. Aquí, el aburrimiento es un lujo y lo inesperado es el pan de cada día. Esta es la historia de una noche que, para muchos, sería “de locos”, pero para quienes hemos visto de todo… fue apenas una anécdota más.

El concierto, la “locura” y la señora preocupada

Era finales de octubre, esa temporada donde el clima empieza a cambiar y la ciudad se prepara para el Día de Muertos, pero esta vez la locura no vino por catrinas, sino por un concierto. El protagonista: un ex vocalista de una banda cuyo nombre rima con “águilas” (sí, tú ya sabes cuál, pero aquí mantenemos la discreción). Después del concierto, el hotel se llenó de gente, aunque no eran los típicos fans jóvenes y escandalosos, sino una clientela más mayor, de esas que todavía bailan con baladas y les duele la rodilla pero no pierden la energía.

Todo parecía normal hasta que una señora se acercó al mostrador, con la cara de quien acaba de ver al mismísimo diablo en el lobby. “Acabo de ver cosas loquísimas allá afuera”, me dijo, “prepárate porque están desatados”. Yo, en mi papel de recepcionista curtido, le respondí con una sonrisa, pensando para mis adentros: “Señora, por favor, cuénteme algo que de verdad me sorprenda”.

Y la señora empezó: que una pareja (ni siquiera huéspedes) andaba pidiendo prestado el celular a todo el mundo porque sus teléfonos estaban descargados y necesitaban llamar a la mamá de la muchacha. Que la chica hasta lloró mientras hablaba con su mamá. Luego, que una señora mayor estaba esperando su Uber en el lobby, respirando como si acabara de correr el Maratón de la Ciudad de México. Y, para rematar, la señora me mira y suelta: “¡Vaya noche más salvaje, ¿no?!”.

Yo solo atiné a decirle que sí, mientras en mi cabeza pensaba: “Señora, si esto es lo más loco que ha visto, ¡qué vida tan protegida ha tenido! Le juro que la envidio”.

¿Qué es realmente una noche “loca” en recepción?

Aquí es donde los que trabajamos en hotelería nos reímos para no llorar. Porque, como comentó alguien en la publicación original: “Lo que usted llama salvaje, yo lo llamo un martes lento”. Y es que, para nosotros, lo realmente “loco” tiene otro nivel. Uno de los lectores del relato lo resume perfecto: “No sabes lo que es una noche loca hasta que escuchas el intro de Metallica en tu mente cada vez que te dan esos ataques de flashbacks”.

Y sí, porque hay noches en las que terminamos lidiando con fiestas clandestinas en los salones, borrachos que arman su propio bar en el lobby, bodas que se convierten en pachangas que ni en el carnaval de Veracruz y, claro, los infaltables huéspedes que quieren caminar desnudos por los pasillos. Una vez, como contó un colega en los comentarios, tuvo que escoltar a más huéspedes encuerados de regreso a sus habitaciones de los que puede recordar… y aún así, eso no fue lo más salvaje que vivió.

Por eso, cuando llega alguien a contarme que lo más “fuerte” que ha visto es una señora cansada esperando su Uber, solo puedo sonreír y pensar: “Ojalá todas mis noches fueran así de tranquilas”.

La perspectiva de los veteranos y los novatos

Aquí va el secreto: 99 de cada 100 noches en un hotel suelen ser tranquilas, tal vez con uno que otro detalle molesto, pero nada fuera de lo común. Sin embargo, esa noche número 100… ¡Ah! Esa noche es la que te hace contar historias por años. Como el colega que relató en los comentarios que una vez tuvo que lidiar con un grupo de boda que se montó su propio bar en el lobby, o aquel otro que vio cómo la policía sacaba a la fuerza a un tipo del baño después de una hora de negociaciones.

Y si crees que exageramos, hay quien dice que trabajar en la recepción de un hotel es como estar en una novela de Gabriel García Márquez, llena de realismo mágico: nunca sabes qué personaje o situación surrealista puede aparecer.

Un poco de empatía… pero con los pies en la tierra

No todo es burla o sarcasmo. Como bien dijo otro lector: tal vez la señora solo quería mostrar algo de empatía, compartir la sensación de que, aunque para ella fue algo fuera de lo normal, reconocía el trabajo de quienes estamos ahí en las buenas y en las malas. Y sí, se agradece, porque a veces solo necesitamos que alguien reconozca que no es fácil mantener la calma cuando el mundo parece un carnaval.

Pero si algún día crees que has vivido una noche “de locos”, te invito a pasar un turno en la recepción de un hotel en temporada alta, cuando hay boda, fiesta, evento deportivo y lluvia torrencial al mismo tiempo. Ahí entenderás por qué decimos: “Señora, su locura no es nada comparada con la mía”.

¿Y tú, qué es lo más “loco” que has visto?

Estas historias nos recuerdan que la vida en la recepción es como una telenovela: siempre hay drama, risas, y mucho de qué hablar. Así que, la próxima vez que te hospedes en un hotel y creas que viste algo fuera de lo común, piensa en todas las historias que ese recepcionista podría contarte.

¿Te ha tocado vivir algo “loco” en un hotel, restaurante o en tu trabajo? Cuéntanos en los comentarios, ¡queremos reírnos y sorprendernos contigo!

¿Quién sabe? Tal vez tu historia sea la próxima leyenda de la recepción.


Publicación Original en Reddit: Ma'am, Your Crazy Doesn't Match My Crazy