¡Señor, sus perritos no son excusa! Cuando los huéspedes y las leyes se vuelven un circo en el hotel
¿Quién dijo que trabajar en la recepción de un hotel era aburrido? Si crees que lo más complicado es lidiar con huéspedes exigentes o el clásico “¿por qué no hay toallas limpias?”, prepárate para conocer lo que sucede cuando aparece ese huésped que parece haber salido de una telenovela… ¡pero versión comedia negra!
En este relato, vamos a sumergirnos en una semana caótica donde los “perros de servicio” son más sospechosos que el mismísimo huésped, las amenazas legales vuelan como piñatas en fiesta familiar y, por si fuera poco, el pollo rostizado cobra protagonismo. Si alguna vez pensaste que tu trabajo era estresante, espérate a leer esto.
El huésped de todos los días… y sus “perros de servicio”
Imagina tener un huésped que no se va nunca, pero tampoco se queda fijo. Hace una reservación nueva cada día usando diferentes plataformas, como si estuviera jugando al escondite con la administración. Así era nuestro protagonista: un hombre aparentemente común, pero con dos perros de “servicio” que, siendo sinceros, parecían más mascotas que asistentes certificados.
Ya desde la primera semana, el asunto olía raro… y no solo por los perros. Literalmente, el cuarto olía a perro mojado. La gerente general, que fue a revisar si el huésped seguía ahí, casi sale huyendo por el aroma. Pero bueno, nada fuera de lo habitual… hasta que todo explotó.
Perros, cachorros y un “robo” digno de novela
Aquí es donde la cosa se pone buena. Una mañana, el huésped reporta que le “robaron” en el estacionamiento. La policía llega, la gerente y el encargado de mantenimiento van a inspeccionar… ¿y qué encuentran? No hay ni rastro de robo, pero sí tres cachorros apiñados en una jaula diminuta en la parte trasera de su camioneta. Y ojo: estos no eran los famosos “perros de servicio”.
Resulta que el huésped había estado intentando vender esos cachorros a otros huéspedes del hotel, cual vendedor ambulante en el mercado. Al parecer, unos huéspedes apiadados, en vez de comprar, trataron de alimentar y dar agua a los cachorros. El dueño, furioso, los amenazó con hacerlos echar del hotel, presumiendo que todos en la administración estaban de su lado. La realidad: nadie recordaba ni su cara.
Viendo la situación, no hubo duda: llamada inmediata al control animal y decisión fulminante de expulsarlo del hotel. Y aquí empieza el verdadero circo.
“¡Están violando la ADA!”: cuando Google y el drama se apoderan del teléfono
Al recibir la noticia de que debía irse, el huésped explotó. Empezó a gritar que lo estaban discriminando y violando la ADA (Americans with Disabilities Act), una ley estadounidense que protege a personas con discapacidades y el uso de perros de servicio. En Latinoamérica, tendríamos la Ley de Inclusión, pero aquí el punto es que él juraba que lo echaban por sus perros, no por el maltrato animal ni las ventas clandestinas.
Intentó escalar la situación llamando a control animal para denunciar supuesta discriminación. Pero ni ellos le creyeron. Incluso uno de los comentarios más populares de la comunidad fue: “En cuanto alguien amenaza con abogados, todo debe pasar por el equipo legal del hotel. Fin de la conversación y a dormir tranquilo.”
En ese momento, muchos empleados hoteleros comparten el mismo consejo: si un cliente menciona abogados, sólo responde con cortesía que el tema debe tratarse por vía legal y cuelgas. Lo más gracioso es que la mayoría de estos clientes no tiene abogado… ni el presupuesto para uno. Como dijo otro comentarista: “Si está vendiendo perritos desde la camioneta, dudo mucho que tenga un equipo legal a la mano”.
El pollo rostizado de $60 y otras rarezas de huéspedes
Como si todo esto no fuera suficiente, el huésped llamó una vez más, indignado porque su comida se había perdido. Según él, había dejado $60 dólares en comida en el mini refrigerador del cuarto, y ahora el hotel era responsable legalmente. ¿La realidad? Solo había un pollo rostizado a medio comer.
Este tipo de situaciones sacó carcajadas a la comunidad, porque todos los que han trabajado en hoteles saben que los mini refrigeradores muchas veces ni fríos están. “¿Por qué guardan allí filetes carísimos o pollo de hace días?”, preguntó alguien, y no faltó la anécdota del bloque de queso olvidado en otro hotel.
Lo más curioso es cómo estos huéspedes, que pueden olvidarse de pagar, recoger sus cosas o hasta de sus perros, nunca olvidan reclamar por una comida que ya ni sirve. Una lectora comentó entre risas: “A veces pienso en el burrito que dejé olvidado en un hotel hace años… ojalá quien lo encontró me haya perdonado”.
Reflexión final: cuando el hotel se vuelve circo… y tú eres el domador
Trabajar en hospitalidad, ya sea en un hotel de lujo en Cancún o en una pensión familiar de Buenos Aires, implica convivir con todo tipo de personajes. Desde el que deja propina con billetes rotos, hasta el que amenaza con demandar porque le tiraron su pollo de dudosa procedencia.
La lección aquí, como bien señalaron los comentaristas, es saber poner límites y no dejarse intimidar por amenazas vacías. Si la cosa se pone legal, todo por escrito y por el canal oficial. Y para los que llegan preguntando por leyes gringas: mejor aprendan primero cómo se usa un mini refri antes de citar la ADA.
¿Y tú? ¿Alguna vez tuviste un huésped o cliente así de intenso? Cuéntanos tus anécdotas en los comentarios y comparte este relato con tus amigos hoteleros. ¡Quién sabe! Tal vez el próximo pollo perdido sea el tuyo…
Publicación Original en Reddit: You are not in compliance with the ADA!