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Señor, no voy a cambiar todos los relojes de la tienda solo para usted

¿Te ha pasado que llegas a una tienda justo cuando están por cerrar, y te encuentras con la mirada impasible del empleado que ya está soñando con su cama? Pues, prepárate para una historia que podría pasar en cualquier tiendita de barrio o supermercado en Latinoamérica, donde el tiempo parece tener vida propia y los relojes, más bien, personalidad.

Hay personas que creen que el mundo gira alrededor de su reloj, y si su teléfono marca una hora, entonces es la hora oficial, la universal, la que rige el destino de todos. Pero, ¿qué pasa cuando ese reloj no coincide con el de la tienda? Ahí es cuando comienza la verdadera novela.

El cliente del reloj y el eterno debate de la hora exacta

El sábado pasado, un empleado ya había cerrado la tienda, cuando un cliente insistente llegó un minuto tarde y se quedó pegado a la ventana como si fuera niño mirando pan dulce. Ignorando el candado y la señal de "CERRADO", el señor decidió mostrarle su reloj del celular al encargado, reclamando que aún le quedaban dos minutos. Pero el empleado, curtido en mil batallas de cierre, no cedió. No hubo trato ni compadreo: la puerta permaneció cerrada.

¿Quién no ha visto a ese cliente que se siente protagonista de la historia? Como bien comentaba un usuario en Reddit, "todos piensan que son el personaje principal". Y en Latinoamérica, tenemos esa tía que llega a la fiesta cuando ya están guardando la comida, y todavía exige su plato. Así el cliente: convencido de que, por él, cambiarían todos los relojes de la tienda.

Cuando el cliente regresa... y la paciencia se acaba

Como si fuera telenovela, la historia no terminó ahí. Días después, el mismo cliente volvió, esta vez cinco minutos antes del cierre, con la actitud de quien viene a "exigir justicia". Acusó al pobre empleado de cerrar antes de tiempo y, al no recibir respuesta dócil, terminó sugiriendo que deberían "arreglar sus relojes". El empleado, ya cansado del día y de la vida, soltó lo primero que le vino a la mente: "Pues a lo mejor el que tiene que arreglar su reloj es usted".

Y ahí el cliente explotó, insistiendo en que los relojes de la tienda estaban mal… hasta que el empleado, con toda la calma que solo un latino después de mil cierres puede tener, le deseó un buen día y siguió con lo suyo. Porque aquí, como nos enseñan los abuelos, "el que se enoja, pierde".

¿La hora de quién manda? Reflexiones de los que trabajan en tiendas

Este tipo de historias no son exclusivas de un país o una cadena comercial. En los comentarios, muchos compartieron anécdotas dignas de película de comedia. Un usuario contó que en su tienda, los clientes llegaban hasta quince minutos antes de abrir y se quedaban afuera, platicando como si fueran en fila para las tortillas. Otro relató que en la pizzería donde trabajaba, incluso con letreros enormes de "NO ENTREGAMOS AL ESTACIONAMIENTO", siempre había quien intentaba negociar, especialmente después de unas copitas de más.

En Latinoamérica, es común ver la hora del "cierre" como algo flexible, pero quienes trabajan en tiendas saben que ese momento es sagrado. Como dijo alguien en los comentarios: "La mala planeación de tu parte no es una emergencia para mí". Es una frase que muchos quisieran tatuarse en la frente.

Algunos negocios, como los bares, hasta adelantan sus relojes cinco minutos para que la clientela se vaya a tiempo. "Así tenemos chance de sacar a los últimos antes de que nos caiga la policía", confesó un ex-cantinero. Y en supermercados o bancos, la regla de oro es clara: el horario oficial es el del establecimiento, no el de tu celular, ni el de Google, ni el del gallo que canta en tu pueblo.

El arte de cerrar una tienda (y sobrevivir en el intento)

Cerrar una tienda en América Latina no es solo bajar la cortina. Hay que contar dinero, limpiar, recoger, y rezar para salir a tiempo y no perder el último bus. Por eso, cuando un cliente llega justo al final, muchas veces no se trata de ser grosero, sino de sobrevivir y cumplir con el trabajo.

Como dice un refrán popular: "Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente". Pues el que llega a la tienda justo al cierre, quizá se quede viendo el letrero de "CERRADO" y pensando que para la próxima, mejor llega más temprano.

Y para los clientes que aún creen que por mostrar el reloj del celular todo se resuelve, un recordatorio amable: el mundo no se detiene por un par de minutos, pero la paciencia de los empleados sí tiene límite. Mejor llegar con tiempo, saludar con una sonrisa y, si te cierran la puerta en la cara, recordar que mañana será otro día.

Conclusión: ¡Sé buen cliente, y todos ganan!

¿Y tú? ¿Eres de los que llegan corriendo al último minuto o prefieres ir con calma? Cuéntanos en los comentarios tu historia más absurda de cierres de tienda, o si alguna vez te tocó ser el empleado que se convierte en el "villano" del reloj. Al final del día, todos merecen respeto y un cierre digno, tanto los clientes como los trabajadores. ¡Nos leemos!


Publicación Original en Reddit: I am not changing all the clocks in our store for you