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Salí con un “Kevin”: Crónica de cuatro años con el rey del despiste

Ilustración en caricatura de una joven reflexionando sobre su relación con un soñador sin ambición.
Esta colorida imagen en caricatura 3D captura la esencia de mi camino con Kevin, un soñador que luchaba con la ambición y el compromiso. A lo largo de nuestros años juntos, aprendí valiosas lecciones sobre el amor, el crecimiento y la importancia de perseguir nuestros sueños.

¿Alguna vez has escuchado la frase “más perdido que el hijo de Limberg en el Día del Padre”? Bueno, eso es quedarse corto cuando hablamos de salir con un “Kevin”. Sí, de esos personajes que parecen estar en su propio universo, donde las reglas de la lógica y la madurez simplemente no aplican. Hoy te traigo la historia real (y casi de telenovela) de alguien que salió cuatro años con uno de ellos y vivió para contarlo… y advertirnos.

Porque todos hemos tenido, o conocemos a alguien que ha tenido, una pareja que simplemente no da una. Pero lo de Kevin es otro nivel. Siéntate, prepárate un café, y prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, aprender.

Kevin: El novio que nunca creció (ni trabajó)

La historia comienza cuando nuestra narradora tenía 17 años y Kevin, el susodicho, 5 años más. Ya desde ahí muchos de los lectores en Reddit levantaron la ceja: “¿17 y cinco años mayor? Mmm…”. Pero como ella misma aclara, estaba a punto de cumplir 18 y ya en la universidad (en su país es legal a esa edad, pero aclara que no lo aprobaría para sus propios hijos).

¿Y qué hacía Kevin? Bueno… ¡nada! Literalmente. Trabajos temporales, de esos de una semana cada varios meses, y el sueño eterno de ser emprendedor. Pero ojo, que en su mundo los negocios se abren solos, sin necesidad de ahorrar, invertir ni entender cómo funciona el asunto. Su gran idea: poner una tienda de bicicletas con su amigo Steve. ¿El problema? Ni un peso partido por la mitad.

Nuestra protagonista le insistía que necesitaban capital, aunque fuera para registrar la empresa. Pero Kevin y Steve, en vez de investigar, fueron timados por una pareja que les vendió una membresía de venta multinivel (sí, esos famosos MLM). Pagaron 60 dólares cada uno para “vender dispensadores de agua” antes de llegar a las bicicletas. Cuando por fin entendieron el engaño, ya era tarde.

El coleccionismo, la envidia y el berrinche eterno

Como buenos “emprendedores”, Kevin y Steve pasaban los días deambulando en el centro comercial, especialmente en una tienda de juguetes de colección de un amigo mayor, Frank. Kevin le echó el ojo a una figura valiosa, pero Frank, como todo comerciante, la vendió al primero que pagó. ¿Y qué hizo Kevin? Montó un berrinche de novela, se fue indignado y dejó de hablarle a Frank como niño chiquito.

Pero lo mejor vino después. Un nuevo dueño, Jase, abrió una tienda en un local privilegiado del centro comercial. Un día, al verlos siempre por ahí, les preguntó si trabajaban en la zona. Ellos, con toda la desfachatez del mundo, respondieron que no tenían trabajo y que nuestra narradora solo estudiaba. Jase, con toda la honestidad de la vida, les dio un consejo: “A su edad, ya deberían estar trabajando para cumplir sus sueños”. ¿Y qué hizo Kevin? Se burló de la calvicie de Jase (“que primero le salga pelo antes de aconsejarnos”) en vez de aceptar el consejo. El clásico “cuando no tienes argumentos, ataca lo superficial”.

La pobreza selectiva y el arte de pedir prestado

Kevin, sin empleo ni ingresos, dependía de su papá hasta para el celular. No tenía para nada y, por supuesto, intentaba sacar dinero de donde fuera, incluso de su novia. Un día, fue a un chequeo médico obligatorio por la reserva militar (allá el servicio es forzoso por dos años y luego entrenamiento anual), pero no quiso pagar ni el copago, diciendo que “el gobierno debería ayudar a su gente”. Lo mejor: cuando la clínica llamó para cobrar, Kevin había dado el número de nuestra protagonista, y al final acabó metiendo en problemas a su papá también. Por supuesto, se indignó porque la novia dio el número del papá para que lo localizaran.

Y como cereza del pastel, cuando le pagaron de más por error en la reserva militar (le depositaron una semana en vez de cuatro días), Kevin se gastó todo en juguetes, argumentando “el que se equivoca, paga”. Cuando le pidieron devolver el dinero, andaba llorando y pidiendo prestado. La novia le dijo que no, y acabó regañado por su mamá. ¡Hasta tuvo que pedirle los botines a su cuñado para no gastar!

Reflexiones y moralejas que deja un Kevin

Después de cuatro años de aguantar todo esto, nuestra narradora finalmente terminó la relación. Y como por arte de magia, su vida mejoró: consiguió su primer empleo fijo y, como decía un comentarista en Reddit: “A veces, uno mismo se bloquea las bendiciones; si estás con alguien que no lo merece, no avanzas porque si tú creces, esa persona también se beneficia”. Esas palabras resonaron en los comentarios, donde muchos felicitaron a la autora por haber salido de esa relación.

Y como bien respondió ella cuando le preguntaron si al menos el sexo era bueno... “¡Uf, no! Solo lo toleraba”. Cuatro años de paciencia, pero al final, una gran lección: nada peor que ser el cajero automático emocional y financiero de alguien que no quiere crecer.

¿Y tú, has salido con un “Kevin”?

Dicen por ahí que todos tenemos o tendremos un “Kevin” en la vida, y si no lo reconocemos a tiempo, terminamos pagando la factura (o varias, literalmente). Esta historia nos recuerda que el amor propio es primero, que no hay que cargar con personas que solo restan, y que sí, a veces dejar ir es lo que hace que por fin salga el sol.

¿Alguna vez te tocó un “Kevin” o una “Kevina”? ¿Qué consejo le darías a alguien que está en una relación así? ¡Cuéntanos en los comentarios, comparte tu experiencia y, sobre todo, no seas el cajero automático de nadie!


Publicación Original en Reddit: Dated a Kevin