Quiero cancelar mi servicio... pero no quiero darte mi número: Crónica de una llamada absurda
Imagina que quieres cancelar tu servicio de internet, teléfono o televisión. Ya estás harto, llevas media hora esperando, te han transferido de un lado a otro como balón de fútbol y lo único que deseas es decir: “¡Ya no más!”. Pero justo en ese momento, cuando por fin alguien te responde, te piden un dato tan simple como tu número de teléfono... y ahí empieza el verdadero partido.
Esta es la historia real de una de esas llamadas que parecen sacadas de una telenovela, pero en versión call center latinoamericano. Prepárate para reír, reflexionar y, tal vez, sentir un poco de pena ajena.
El cliente misterioso: ¿Eres o no eres?
El relato original viene de un foro de soporte técnico donde un usuario (u/Malfeitor1) cuenta cómo atendió una llamada de alguien que, desesperado, solo quería cancelar su servicio. Hasta ahí, todo normal. Pero el cliente se negó rotundamente a dar su número de teléfono. Insólito, ¿no? Es como ir al banco y negarte a dar tu nombre, pero exigiendo que te den dinero.
El agente, con toda la paciencia del mundo, le explicó: “Estoy en soporte técnico, pero te puedo transferir con quien te puede ayudar, solo necesito tu número para ubicar tu cuenta”. Pero el cliente, cual disco rayado, insistía: “¡Solo pásame ahora, ya me cansé de que me transfieran por todos lados!”. Al final, tras un breve vaivén de argumentos, el cliente decidió colgar y “volver a llamar”.
Una joya de la surrealidad cotidiana. Como decimos en muchos países: “Ni pichas, ni cachas, ni dejas batear”.
¿Por qué cuesta tanto dar el bendito número?
En los comentarios de la comunidad, muchos se reían y otros se compadecían del pobre agente. Algunos decían, medio en broma, medio en serio, que hay gente que ni para atarse los zapatos sirve… o que simplemente usan crocs para no complicarse la vida (¡la creatividad latina nunca falta!). Otros, más serios, apuntaron algo interesante: con tantas estafas telefónicas y llamadas sospechosas, el miedo a dar datos personales se ha vuelto casi un instinto.
Pero, como bien dijo uno de los usuarios: “Si tú eres quien llama, ya tenemos tu número, solo queremos confirmar que eres tú”. Es decir, no se trata de un interrogatorio de la Interpol, solo de un trámite básico para que las cosas funcionen. Sin embargo, el temor y la desconfianza parecen ganar la batalla al sentido común.
Y aquí entra algo muy latinoamericano: en nuestros países, la desconfianza a lo institucional es pan de cada día. “¿Para qué quieren mi número? ¿No será para otra cosa?”. Pero claro, a veces el exceso de desconfianza nos juega en contra y terminamos, como el protagonista de esta historia, peleando contra molinos de viento.
Sistemas de atención: ¿Enemigos o aliados?
Otra parte divertida de la discusión fue la crítica a los sistemas de atención telefónica. Más de uno comentó que estos call centers parecen diseñados para que te aburras y no termines tu trámite, como cuando llamas a una empresa de cable y te tienen media hora escuchando a José José o a Ana Gabriel mientras te dicen “tu llamada es muy importante para nosotros”.
Alguien bromeó que estos sistemas están hechos “para que te canses y no canceles nada”, y es cierto que muchos nos hemos sentido así: atrapados en un círculo infinito de transferencias. Es el equivalente moderno a hacer fila en la ventanilla del banco bajo el sol del mediodía: desesperante.
Pero, como explicó el mismo agente (el “fix it guy”, nunca el “no te vayas, porfa”), si ellos no piden datos, corren el riesgo de transferirte al área equivocada y empeorar las cosas. Y si no tienen cómo identificarte, ni siquiera pueden saber si eres cliente o un bromista con mucho tiempo libre.
¿Falta de curiosidad o exceso de terquedad?
Uno de los comentarios que más resonó fue sobre la falta de curiosidad. Decía que mucha gente nunca ha trabajado en un lugar donde hay que enrutar llamadas, y simplemente no entiende (ni le interesa entender) cómo funciona la maquinaria interna. En otras palabras: a veces no es malicia, es pura ignorancia o simple terquedad.
En Latinoamérica, solemos decir “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y esta historia lo ejemplifica perfectamente. El cliente no quería entender razones, ni escuchar explicaciones. Solo quería que el mundo funcionara a su modo y tiempo, aunque eso significara quedarse donde empezó: sin solución y con más coraje.
Reflexión final: ¿Quién pierde el tiempo al final?
Al final, el agente solo podía reírse (o llorar) ante la situación. Como él mismo dijo: “Por lo que sé, ni siquiera era cliente”. Y es que, muchas veces, el mayor enemigo de nuestro propio trámite somos nosotros mismos. Nos enfrascamos en peleas inútiles, nos negamos a dar los datos mínimos y terminamos perdiendo el doble de tiempo.
Así que la próxima vez que llames a un soporte técnico, recuerda: del otro lado hay alguien que solo quiere ayudarte, pero necesita un poquito de tu parte. Si no das tu número, nunca vas a llegar a la meta… como cuando intentas cruzar la avenida Insurgentes en hora pico y te niegas a moverte del camellón.
Y tú, ¿has vivido alguna llamada de servicio al cliente digna de una comedia de enredos? ¿Te has topado con clientes o agentes así de tercos? Cuéntanos tu historia en los comentarios, ¡que seguro hay anécdotas para rato!
Publicación Original en Reddit: I wanna cancel my service but