¿Quieres más pimienta? ¡Te vas a acordar de mí!
Hay días en el trabajo que uno simplemente no puede creer la paciencia que se necesita para lidiar con ciertos clientes. Ya sabes, esos que parecen estar en una misión personal de arruinarte la mañana y que, sin importar lo que hagas, siempre encuentran algo de qué quejarse. Pero a veces, los empleados nos hartamos y, con una sonrisa, aplicamos la famosa: “¿Así la querías? ¡Pues ahora te aguantas!”
El arte de sobrevivir a la clientela complicada
Esta historia, que se hizo viral en Reddit, nos la cuenta alguien que trabajó en QuickChek, una cadena de tiendas en Estados Unidos parecida a los OXXO o Extra de Latinoamérica, pero con un toque gringo: venden gasolina, hacen sándwiches y hasta tienen un mini deli. Como muchos de nosotros que hemos trabajado en tiendas o restaurantes, el protagonista pasó por todos los puestos: desde atender en caja hasta preparar los desayunos más extraños que puedas imaginar.
Pero había un cliente, uno de esos que parecen haber nacido para quejarse. Llegaba todas las mañanas a pedir el mismo desayuno: bagel de semillas de amapola, con mantequilla, mucho tocino y, lo más importante, “extra pimienta negra”. Pero nada era suficiente para él. Si el tocino no estaba crujiente, mal. Si había poco tocino, peor. Si el bagel estaba muy tostado, se enojaba. Si estaba poco tostado, también. Pero el tema de la pimienta era otro nivel: “No le pusiste suficiente”. Cada. Maldita. Vez.
Lo curioso es que, cuando una compañera le preparaba el sándwich, el tipo salía feliz. Pero cuando lo hacía cualquier otro, siempre encontraba un “pero”. Y claro, los demás empleados ya le huían, dejándole la bomba a quien cayera. ¡Así cualquiera!
Cuando el compliance se vuelve un arte... malicioso
Un día, cansado de las quejas, el protagonista decidió aplicar la famosa “compliance malicioso” (o sea, hacer exactamente lo que pide el cliente, pero al extremo). El tipo llegó diciendo: “Esta vez ponle suficiente pimienta, ¿eh?”. Así que nuestro héroe agarró el frasco y le echó tanta pimienta que el interior del bagel parecía una pista de baile de salsa negra.
¿El resultado? El cliente regresó, pero ahora calladito, casi susurrando: “Eso es tanta pimienta como cualquiera podría tolerar…” ¡Por fin! A veces, solo hay que darle al cliente exactamente lo que pide, para que se le quiten las ganas de molestar.
Esto me recordó a un comentario muy acertado de la comunidad: “Algunos solo son felices cuando pueden estar miserables”. Y no falta quien diga: “La felicidad ajena les molesta más que una mosca en la sopa”. Seguro conoces a alguien así, ¿verdad?
¿Es realmente sobre la comida… o sobre el control?
En los comentarios, varios se preguntaron si en realidad el tipo estaba tan obsesionado con su desayuno, o si simplemente buscaba sentir que tenía el control. Porque, como bien dice el dicho, “el que no tiene poder en su vida, lo busca en el mostrador”. Uno comentó: “Esto no es ser exigente, es una cuestión de control. Su única felicidad es hacer que los demás la pasen mal”.
Otros teorizaron que tal vez el cliente tenía un favorito: la compañera que sí le hacía el sándwich “perfecto”. ¿Será que solo quería platicar con ella? En Latinoamérica decimos: “El que quiere azul celeste, que le cueste”. Pero aquí el tipo quería que todos se rindieran, menos la que le caía bien. ¡Qué mañoso!
Y claro, no faltó el humor latino: “Por lo menos no lo ‘a-sal-taste’”, bromeó uno, jugando con la palabra ‘sal’ y ‘asalto’. O el que sugirió: “Debería hacerse sus sándwiches en casa y así no molesta a nadie”.
Entre risas y resignación: el consuelo de los empleados
Muchos empleados que han pasado por lo mismo compartieron sus propias anécdotas. Una persona contó que en el cine, un cliente siempre pedía “más mantequilla y sal” en las palomitas. Un día, el empleado se hartó y le puso tanta mantequilla que las palomitas se deshacían y el cliente terminó con las piernas empapadas. Después de eso, nunca más volvió a quejarse de la mantequilla.
Otro dijo: “Me encanta cuando los quejosos se eliminan solos de mi vida. Es como cuando la basura se saca sola”. ¡Qué sabias palabras!
Y para cerrar con broche de oro, uno compartió una frase que bien podríamos tatuarnos todos los que trabajamos de cara al público: “Una actitud positiva no resolverá todos tus problemas, pero molestará a suficiente gente como para que valga la pena”.
¿Y tú, qué harías ante un cliente así?
La próxima vez que te toque un cliente quisquilloso, recuerda: a veces la mejor respuesta es darle justo lo que pide… pero sin pasarte de buena gente. Eso sí, siempre con una sonrisa y el humor latino que nos caracteriza. Porque, como decimos por acá, “al mal tiempo, buena cara”.
Y tú, ¿has tenido tu propio “cliente de la pimienta”? ¿O tal vez eres de los que prefieren hacer sus sándwiches en casa para no batallar? Cuéntame en los comentarios tu mejor (o peor) anécdota de atención al cliente. ¡Seguro nos echamos unas buenas risas!
Publicación Original en Reddit: You want more pepper? Sure!