¿Quién manda aquí, el recepcionista o los gansos? Crónica de una noche insólita en el hotel
Trabajar en la recepción de un hotel puede ser como subirse a una montaña rusa sin cinturón: nunca sabes qué giro te espera en la siguiente curva. Y si pensabas que lo habías visto todo, te aseguro que siempre puede aparecer alguien (o algo) que te sorprenda. Esta es la historia de una noche cualquiera donde, de pronto, los verdaderos protagonistas no fueron ni los huéspedes ni el personal, sino… ¡una bandada de gansos!
El turno nocturno: cuando todo puede pasar (y pasa)
Que levante la mano quien ha trabajado de noche y no le haya tocado algún personaje digno de telenovela. Era la madrugada, cerca de las 2 a.m., ese momento en que el silencio reina y solo se escucha el zumbido de la nevera del lobby. De repente, entra una señora, claramente huésped porque tenía su llave, pero con una actitud que ni doña Florinda regañando a Don Ramón. Se negó a decir su nombre, pero venía enojadísima, como si acabara de pasar la peor experiencia de su vida.
En un principio, pensé que había tenido un pleito con otro huésped, o que le habían rayado el auto. ¡Pero no! Después de varios minutos de preguntas y respuestas dignas de interrogatorio policial, la señora revela su reclamo: “¡Un ganso casi me cae encima con su popó!” Así como lo lees. Según ella, era mi responsabilidad controlar lo que pasa en el estacionamiento… ¡y hasta lo que hacen las aves volando por ahí!
El arte de mantener la calma (y el sentido del humor)
Aquí es cuando uno como recepcionista saca ese diplomado no oficial en “Gestión de situaciones absurdas con una sonrisa”. La señora exigía un descuento porque estuvo a punto de ser víctima de un ataque aéreo de guano. Yo, con toda la seriedad que me permitió el momento, tuve que escribir en el registro que “informaría a los gansos que hacer sus necesidades cerca de los huéspedes es de mala educación”. Milagrosamente, eso la dejó satisfecha.
No pude evitar recordar lo que comentó otro recepcionista en la comunidad: “¿No sabías? Los auditores nocturnos controlamos todas las criaturas del mal… ¡incluyendo los gansos!” Así, entre bromas, muchos coincidieron en que los gansos son los verdaderos jefes del estacionamiento, como si fueran los “caciques” del barrio que deciden quién pasa y quién no. Más de uno sugirió aprender algún conjuro o canto, al estilo de esas películas donde el villano convoca a su ejército de minions.
Exigencias fuera de este mundo: ¿el cliente siempre tiene la razón?
Esta historia no es única; en la recepción del hotel, los reclamos extraños están a la orden del día. Hay quienes piden que se callen los pájaros al amanecer, otros que quieren que el mar no haga tanto ruido, y hasta quien exige que el aire no sea tan fresco porque “le duele respirar”. Un comentario memorable de la comunidad fue: “¿Dónde guardan a los animales salvajes por la noche?”. Imagínate responder algo así en un hotel de Buenos Aires o Cartagena: “Los tenemos en el cuarto de mantenimiento, pero hoy están de descanso”.
Una recepcionista argentina contó que una vez una huésped pidió que sacaran a los perros que aullaban porque le daban miedo. Cuando le dijeron que eran coyotes salvajes, la señora insistió: “¡Pues hagan que se callen!”. Como si el personal tuviera un silbato mágico para amansar a la fauna local. Y no faltó quien recordara a los gansos de un parque en su barrio, que caminan como si pagaran impuestos y reclamaran su territorio a los gritos.
Humor y paciencia: las armas secretas del hotelero latino
Lo más curioso es que, en medio de lo insólito, los trabajadores del hotel suelen encontrar la risa como mejor aliada. “¿Cómo iba a darle descuento si ni siquiera me dijo su nombre?”, se preguntaba el recepcionista original. Otro sugería: “Deberías preguntarle si quiere que los gansos se queden a dormir en su habitación para que dejen de merodear afuera”.
La moraleja aquí es clara: en la hotelería, como en la vida, uno debe estar listo para todo, hasta para convertirse en “entrenador de gansos”. Y aunque a veces toca aguantar la risa y mantener la compostura, estas historias son las que después se cuentan en reuniones como leyendas urbanas. ¿Quién no tiene una anécdota así, donde la realidad supera la ficción y el cliente pide lo imposible?
Conclusión: ¿Quién es el verdadero jefe del hotel?
Así que la próxima vez que pases por la recepción de un hotel y veas a alguien escribiendo muy serio en un cuaderno, tal vez esté dejando constancia de que “ha informado a los gansos sobre la etiqueta al volar”. Porque en este trabajo, uno aprende a lidiar con huéspedes de carne y hueso… y con los de alas y pico.
¿Te ha tocado vivir una situación absurda en tu trabajo? ¿Algún animal te ha “arruinado” el día y creíste que merecías un descuento? Cuéntanos en los comentarios, porque aquí, como buen latino, sabemos que reír es el mejor remedio. ¡Y cuidado con los gansos, que esos sí no piden permiso!
Publicación Original en Reddit: I guess I'm in charge of the geese?