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Programas de recompensas en hoteles: ¿por qué no son cosa de familia?

Ilustración estilo anime de una familia lidiando con las reglas de un programa de recompensas en el mostrador de un hotel.
En esta vibrante escena de anime, una familia se enfrenta a desafíos inesperados con los programas de recompensas en un hotel. Sus expresiones reflejan la frustración y el humor de navegar las políticas de las marcas, recordándonos que a veces los programas de lealtad pueden complicar los viajes familiares.

Imagínate llegar cansado después de un largo viaje, listo para tirarte en la cama del hotel, solo para que la recepcionista te ponga cara de “aquí hay gato encerrado”. ¿La razón? La reservación está a nombre de tu esposo, tu esposa o tu tía y, claro, el programa de puntos del hotel no es tan “familiar” como pensabas. Hoy te traigo un par de anécdotas que demuestran que, en el mundo hotelero, las recompensas a veces se cobran… ¡con paciencia y buen humor!

El club de los puntos… ¿solo para uno?

En Latinoamérica, compartimos todo: la comida, el mate, la sobremesa, la playlist y hasta las contraseñas de Netflix. Pero cuando se trata de programas de recompensas en hoteles, la historia es otra. Un usuario de Reddit, recepcionista de hotel, compartió situaciones que casi parecen sacadas de una telenovela: familias intentando usar la cuenta de recompensas del papá, la mamá o el cónyuge como si fuera el carrito del súper.

Una señora mayor llega muy sonriente a recepción, entrega su identificación y… ¡sorpresa! La reservación está a nombre de su esposo. “¿Viene el señor con usted?”, pregunta la recepcionista. “No, él se quedó en casa. Esta es la cuenta familiar que usamos”, responde la señora, como si estuviera hablando de la tanda. Pero aquí no hay tanda: la regla es clara, el titular de la cuenta debe estar presente o, al menos, autorizar el ingreso.

La recepcionista, con más paciencia que un santo, le explica amablemente que necesita llamar a su esposo para obtener el consentimiento. La señora, ya sin tanta paciencia, llama y le dice al marido entre risas y quejas: “¡No me dejan entrar si no dices que sí!”. Al final, todo se soluciona, pero la lección queda: los puntos son personales, no se heredan ni se reparten como pan dulce.

“¿Y si le ponemos mi nombre al recibo, joven?”

Pero la cosa no termina ahí. En otra ocasión, el esposo intenta hacer check-in con la reserva de su esposa. Antes de que la recepcionista diga algo, el señor se adelanta: “Necesito el recibo a mi nombre para el reporte de gastos de la empresa, pero siempre sale el nombre de mi esposa. ¿No se puede cambiar?”. Aquí ya no sabemos si reír o llorar: el señor no solo viaja usando el estatus “diamante” de su esposa, ¡sino que quiere que el hotel le ayude a disfrazar el gasto!

La respuesta es la misma: solo se puede cambiar si se elimina el número de lealtad de la esposa… con su permiso, claro. El señor pone cara de “esto es increíble”, pero al final llama a su esposa y, tras una breve charla, todo queda resuelto. Eso sí, la recepcionista no pudo evitar pensar que, si todos hicieran lo mismo, pronto los hoteles tendrían reglas más estrictas. Y sí, así es como surgen las políticas que luego todos odiamos.

Entre la picardía criolla y la seguridad

Algunos en la comunidad de Reddit opinaron que el hotel debería ser aún más estricto. “¿Por qué confiar en la voz de alguien por teléfono? Podría ser el primo, el vecino o cualquiera”, comentaba un usuario, mientras otro agregaba que, por seguridad, lo ideal sería que el hotel llamara directamente al número registrado, no al que da el huésped en ese momento.

Y es que, más allá de los chistes, hay razones de peso: en casos de separación o problemas legales, entregar la llave a quien no corresponde puede ser un dolor de cabeza –o peor. Un usuario lo resumió bien: “Imagínate que estás en pleno divorcio y tu ex llega al hotel con tu nombre. ¿De verdad querrías que le dieran acceso a tu habitación?”. ¡Ni en las novelas de Televisa!

Por otro lado, algunos viajeros experimentados cuentan que prefieren crearle una cuenta de recompensas aparte a su pareja, así cada quien reserva por su lado y se evitan enredos. ¡Tan fácil como darle a cada quien su propia tarjeta de puntos y listo!

¿Por qué los hoteles no son como las aerolíneas?

Un comentario interesante surgió sobre las diferencias entre hoteles y aerolíneas. En muchos casos, puedes usar tus puntos de viajero frecuente para que otra persona vuele en tu lugar, y la aerolínea ni se inmuta. Pero en los hoteles, el trato personalizado y la relación directa con el huésped hacen que la experiencia sea diferente. Los hoteles buscan construir una relación de lealtad con cada persona, no con la familia entera.

Además, si algo sale mal (imaginemos una fiesta salvaje en la habitación), el que sale perjudicado es el titular de la cuenta, aunque ni siquiera haya pisado el hotel. Por eso, los hoteles cuidan tanto quién usa los beneficios y cómo.

Moraleja: ¡No te pases de vivo con los puntos!

En resumen, los programas de recompensas hoteleros no son como la caja del súper ni como la herencia de la abuela. Son personales y, aunque algunos hoteles sean flexibles, no abuses de la confianza porque un día pueden ponerte las reglas más rígidas que una tía en misa.

La próxima vez que reserves, asegúrate de poner el nombre correcto y, si vas a enviar a alguien en tu lugar, ¡coordina con el hotel desde antes! Así evitarás el numerito en recepción y, de paso, te ganas una sonrisa del personal.

¿Te ha pasado algo parecido? ¿Tienes alguna historia de puntos, reservas y enredos familiares en hoteles? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque al final, en Latinoamérica, lo que más disfrutamos es compartir las buenas anécdotas… aunque los puntos no se puedan compartir.


Publicación Original en Reddit: Rewards memberships are not a family affair