¿Por qué siempre la culpa es del que atiende? Aventuras en la recepción de hotel y el arte de no subirse al “stuber” equivocado
Si alguna vez has trabajado cara al público, sabes que hay días en los que sientes que te echarán la culpa hasta por la lluvia. Ahora, imagina llegar a tu turno en la recepción de un hotel, apenas acomodarte y, ¡pum!, en menos de cinco minutos, tienes a un par de huéspedes gritándote porque terminaron a 30 kilómetros de donde realmente debían estar. ¿Por qué? Porque se subieron al “stuber” equivocado. Así es, ni siquiera habían pedido “Uber”, sino “Stuber” (quítale el “ST” y ya sabes a qué se refiere).
¿Y la culpa? Obviamente, es del recepcionista nuevo que apenas entró a trabajar. Porque claro, uno tiene el superpoder de ver el futuro y de asegurarse que todos se suban a la combi correcta, aunque ni siquiera haya estado ahí dos horas antes. ¡Qué maravilla trabajar en atención al cliente en Latinoamérica!
El ciclo eterno de la culpa y el “yo no fui”
La historia que hoy te traigo salió de uno de esos rincones mágicos de Internet donde la gente comparte sus peores anécdotas laborales, y vaya que esta es digna de telenovela. Resulta que dos chicas, en plan “protagonistas de su propia película”, pidieron un Stuber desde el hotel. Pero, por alguna razón, ignoraron todos los datos que la app te da: marca del auto, color, placa, nombre del conductor y hasta el bendito código de seguridad que debes decir antes de subirte.
¿El resultado? Terminaron a 20 millas al norte, cuando su destino era 10 millas al sur. Y como en las mejores historias de “no tengo la culpa”, fueron directo a buscar al primer empleado que vieron para desahogar su frustración.
Como bien comentó un usuario en el foro: “Algunas personas flotan por la vida convencidas de que nunca pueden equivocarse, y si algo sale mal, seguro es porque alguien puso una piedra en su camino a propósito”. Y vaya que es una mentalidad tóxica que, por desgracia, vemos mucho en el día a día.
¿De verdad es tan difícil subirse al Stuber correcto?
En Latinoamérica, aunque muchas veces la tecnología tarda en llegar completa, la mayoría de las apps de transporte ya tienen sistemas de seguridad: el conductor debe confirmar tu nombre, mostrarte el auto y hasta pedirte un código. Pero igualito que en una fiesta donde nadie escucha las instrucciones del brindis, hay quienes solo preguntan: “¿Eres mi chofer?” y al primer “sí”, ¡vámonos!
Un comentarista del foro contaba que, incluso en Seattle, el último Uber que tomó no se movió ni un centímetro hasta que le dio el código de seguridad. ¡Así de fácil! Pero si uno anda en la luna y responde “¡sí!” a cualquier pregunta, pues termina paseando por la ciudad con un extraño.
Y claro, siempre hay quienes quieren hacer responsable a cualquiera, menos a sí mismos. Como contó otro usuario, “cuando pido un taxi, reviso la placa y el modelo del auto, pero hoy en día la responsabilidad personal brilla por su ausencia”. ¿A poco no les suena conocido eso?
Los mejores dramas se viven en recepción
En la cultura latinoamericana, la recepción de un hotel es como el confesionario de la tía: todos llegan con sus problemas, reales o imaginarios, esperando que tú los resuelvas, aunque no tengas vela en el entierro. Y si te niegas, ¡cuidado! Eres el villano de la telenovela.
El recepcionista de esta historia, cansado de gritos y culpas ajenas, les dio dos opciones a las protagonistas: regresar a su cuarto a reflexionar o abandonar la propiedad. Y aunque su jefe seguro le llamaría la atención por su “falta de amabilidad”, muchos en el foro aplaudieron su valentía. Porque, como dijo otro usuario, “hay personas que hasta si el policía les pone una multa por manejar a exceso de velocidad, culparán a la patrulla por estar ahí”.
Incluso hubo quien compartió una anécdota aún más bizarra: una mujer llegó al hotel equivocado, no tenía dinero para el depósito ni para ir al hotel correcto, y terminó pidiendo que el recepcionista le pagara su Stuber. Cuando le dijeron que no, ¡le pidió al compañero! Y cuando finalmente le sugirieron buscar otro hotel cercano… ¡se indignó porque tendría que caminar! “Tal vez si la policía te detiene, hasta te den un aventón”, bromeó el recepcionista, aguantándose las ganas de decirle unas cuantas verdades.
Reflexión final: ¿Hasta cuándo seguiremos echando culpas?
Esta historia, aunque parezca exagerada, es el pan de cada día para quienes trabajan en atención al cliente aquí y en China. En Latinoamérica, todos conocemos al típico que nunca acepta un error y busca a quién cargarle la mano. Pero, como bien dijo un comentarista, “el número de veces que he tenido que decir: ‘Nooo, tú eres responsable de ti’, ya me está haciendo hablar como mis papás”.
Así que la próxima vez que uses un servicio de transporte, revisa bien la placa, confirma el nombre y no te subas al Stuber que no te toca. Y, sobre todo, recuerda: el que atiende también es humano y no es tu niñera.
¿Tú has vivido algo parecido? ¿Te han echado la culpa de una metida de pata ajena en el trabajo? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios! Porque en este espacio, reírnos juntos es la mejor terapia.
Publicación Original en Reddit: Well of course it's my fault!