¿Por qué pedimos tantas toallas en los hoteles? El misterio de la “mente vacacional” y la guerra silenciosa en la recepción
¿Alguna vez has llegado a un hotel, te has instalado, y a la mañana siguiente ya estás pidiendo toallas frescas como si fuera un derecho humano básico? No te preocupes, no eres el único. En los hoteles de todo el mundo, pero especialmente en los de América Latina donde nos encanta sentirnos consentidos, pedir toallas nuevas es casi un deporte nacional. Pero, ¿qué hay detrás de esta manía? ¿Realmente usamos tantas toallas en casa o es solo que la “mente vacacional” se apodera de nosotros?
La “mente vacacional”: Cuando el huésped olvida cómo vive en casa
Piénsalo un momento. ¿Cuántas veces cambias la toalla en tu propia casa? Salvo que seas fanático de la lavadora o tengas quien te ayude con el aseo, lo normal es usar la misma toalla varios días. Pero apenas entramos a un hotel, el chip cambia. De pronto, cada baño merece una toalla limpia y seca, como si estuviéramos en una novela de Televisa y la vida fuera puro lujo.
Un recepcionista estadounidense lo explica así: “El fin de semana no fue tan caótico, pero sí hubo una avalancha de huéspedes pidiendo toallas nuevas. No damos servicio de limpieza automático los fines de semana, salvo que se solicite la noche anterior. Aun así, las solicitudes de toallas nunca paran”. Y es que, aunque parece una tontería, esta pequeña batalla diaria genera más drama que el último capítulo de tu telenovela favorita.
Pero ojo, no todos los huéspedes son iguales. Como bien comentó una usuaria: “No pido toallas nuevas porque las necesite limpias, sino porque no hay suficientes desde el principio. Tengo el cabello largo y dos toallas no me alcanzan”. Otro agregó con humor: “A veces me da tristeza pedir cosas, así que evalúo qué me entristece menos: secarme con una toalla húmeda o pedir otra”.
El gran dilema: ¿Toalla limpia o toalla seca?
En los hoteles, especialmente los de precio medio o económico, las habitaciones suelen ser pequeñas, con poca ventilación y ni hablar del espacio para colgar toallas. ¿Quién no ha intentado secar la toalla en el respaldo de la silla, en el clóset o hasta en el aire acondicionado? Como bromeó un viajero: “Si tuviera percheros decentes en el baño, no pediría más toallas. Pero entre el calor, la humedad y esos ganchos que ni aguantan una servilleta, mi toalla nunca se seca”.
Aquí en América Latina sabemos lo que es el calor, la humedad y hasta la temporada de lluvias. Si encima vas a la piscina, la playa o haces turismo bajo el sol, las duchas se multiplican y las toallas húmedas también. Un comentario lo resume todo: “En vacaciones me baño más veces; entre el mar, el sudor y las caminatas, termino usando el doble de toallas que en casa”.
No falta quien aprovecha para pedir extra: “Me dan puntos extras si uso más toallas, porque en mi casa ni tengo para tanto”, soltó otro usuario. Y sí, hay quienes confiesan que en casa son austeros, pero en el hotel se dan permisos que normalmente no se darían. ¡La mente vacacional ataca de nuevo!
¿Solución latina? Ingenio, premios y sentido común
Algunos hoteles ya están probando soluciones creativas. En un hotel independiente, por ejemplo, ofrecían una bebida gratis por cada día que el huésped renunciaba al servicio de limpieza. ¡La motivación nunca falta si hay un trago de por medio! Un viajero cuenta: “Me dieron dos bebidas gratis por no pedir limpieza durante tres noches. Mi hermano solo una, porque se le acabó el café y el champú y tuvo que pedir servicio”.
Otros sugieren que la clave es dar suficientes toallas desde el inicio, sobre todo si viajas en familia. “Si hay cinco personas en la habitación y solo dos toallas, es obvio que van a pedir más. Deberían poner tantas toallas como camas hay… mínimo”. Y sí, porque en muchos hoteles, especialmente los viejitos, parece que el diseño nunca tomó en cuenta a las familias grandes ni a los que tenemos el cabello tipo “Rapunzel”.
Pero también hay quienes proponen cobrar un pequeño extra por cada toalla adicional. “Con cobrar un dólar por toalla, seguro se acaban las solicitudes”, reflexiona un recepcionista. En países donde apretamos el presupuesto hasta para el café, seguro que nos lo pensaríamos dos veces antes de pedir la tercera toalla.
Reflexión final: ¿Realmente necesitamos tantas toallas?
Al final, pedir toallas en el hotel es un pequeño lujo que pocos se niegan cuando están de viaje. Entre el deseo de sentirse consentidos, la batalla contra la humedad y la falta de espacio, y las costumbres que dejamos atrás en casa, pedir una toalla fresca parece inofensivo. Pero no olvidemos el impacto: más agua, más detergente, más trabajo para el personal, y más gastos para el hotel (y el planeta).
Así que la próxima vez que viajes, piensa: ¿de verdad necesitas esa toalla extra o es solo el “vacation mode” hablando? ¿Y tú, eres del club de las toallas frescas o del team “aguanta una más”? ¡Cuéntanos tu anécdota en los comentarios y comparte este blog con ese amigo que siempre viaja con media casa!
Nos leemos en la próxima historia de hotel, porque aquí hay más drama que en la cola del súper un sábado por la tarde…
Publicación Original en Reddit: Towel turnover rate