¿Por qué nadie lee antes de reservar? Aventuras de un recepcionista en un hotel “con” elevador
Hay trabajos que parecen fáciles hasta que te toca vivirlos en carne propia. Ser recepcionista de hotel, por ejemplo, suena a una labor tranquila: atender con una sonrisa, entregar llaves, responder preguntas. Pero la realidad es otra cosa, sobre todo cuando los huéspedes llegan sin haber leído ni una línea de lo que reservan. Hoy te cuento una historia que podría ocurrir en cualquier rincón de Latinoamérica, donde el “yo pensé que…” es el pan de cada día.
El drama de los tres escalones… y el elevador invisible
Imagínate esto: trabajas en un pequeño hotel ubicado en pleno corazón comercial de tu ciudad, en un edificio antiguo que fue remodelado con amor y esfuerzo. Tiene elevador, sí, pero para llegar a la recepción y subirte a él, primero hay que subir unas escaleras. Esta información está clarita en la página web, en Booking, y hasta en las letras grandes de los anuncios. Pero como bien lo dijo un usuario en Reddit: “Jamás aprenderán a leer”.
Un día, llega una familia de tres –papá, mamá y su hijo– con cara de pocos amigos. Apenas cruzan la puerta, la esposa ya viene reclamando: “¿Cómo que no hay elevador abajo? Mi esposo y mi hijo tienen problemas para caminar, ¡esto es inaceptable!”. Con toda la paciencia del mundo, les explicas que el edificio es antiguo y solo se pudo instalar el elevador desde el primer piso (o “segundo piso” si piensas en el sistema latino), que tú no eres arquitecto ni mago, y que la información está en todos lados, hasta en la sopa.
Pero el esposo, después de subir las escaleras con gran esfuerzo, llega furioso, insultando a diestra y siniestra, como si le hubieras escondido el elevador a propósito. “¡Esto es publicidad engañosa! ¡Los voy a denunciar!” Y aunque le enseñas en Booking lo que dice, él sigue gritando. En ese momento, como buen latino, solo piensas: “Diosito, dame paciencia porque si me das fuerza…”.
¿Leer? ¿Para qué? El deporte nacional de asumir
Aquí va una verdad incómoda: la mayoría de la gente no lee. No importa si hay letreros, avisos, emails con puntos destacados o imágenes gigantes de escaleras. Como dice otro usuario de Reddit: “Puedes poner la foto de las escaleras, el texto, el GIF animado... igual te preguntan dónde está el elevador”. Y es que en nuestra cultura, así como en muchas otras, preferimos asumir antes que leer. Si el hotel tiene buena ubicación y precio, ¿para qué perder el tiempo en detalles como “accesibilidad” o “amenidades”?
Más de uno en la comunidad comenta que esto es así en todas partes: desde tiendas hasta hospitales, nadie lee. “Cuando trabajé en retail, llenábamos la tienda de letreros. Nadie leía. Jamás. Hay que perder la esperanza, es parte de trabajar cara al público”, cuenta alguien. Y en Latinoamérica lo vemos a diario: desde el que pregunta si el metro va para el norte aunque hay mapas por todos lados, hasta el que llega a la fonda y pide menú especial sin leer que ese día solo hay guiso.
Y cuando la culpa es de uno, ¿qué hacemos? Le echamos la culpa al empleado, porque “seguro él me quiere hacer la vida difícil”. Como le pasó a nuestro recepcionista: aguantó insultos, amenazas y hasta temió que el cliente se pusiera violento. Todo porque, literalmente, no leyeron lo que estaba bien clarito.
El arte de la paciencia: sobrevivir al cliente enojado
Trabajar en hotelería o atención al cliente en Latinoamérica es como tener un doctorado en tolerancia. Sabes que tarde o temprano te tocará ese huésped que cree que el mundo gira a su alrededor. Como dice un comentario adaptado: “Algunos creen que las reglas no aplican para ellos, que son especiales. No es que no lean, es que suponen que todo se puede cambiar a su antojo”.
Uno quisiera responder como lo haría un amigo en confianza: “Mire señor, si va a seguir gritando y faltando el respeto, aquí tiene su reembolso y buen viaje”. Pero la realidad es que toca poner la mejor cara, mantener la calma y hasta bromear un poco para evitar que la situación se salga de control. En la historia original, la esposa intervino y convenció a su familia de irse después de recibir el reembolso, y el recepcionista pudo respirar. De fondo, otros huéspedes esperaban, pero al menos ellos fueron amables y comprendieron la situación.
Como bien lo resume otro comentario: “El problema no es solo que no lean, es que ni siquiera piensan en los demás. Solo importa su molestia del momento”. Y a veces, uno se queda con el mal sabor de boca, pero también con una anécdota que contar en la próxima reunión familiar.
¿Qué podemos aprender de esto? (Además de leer, claro)
Esta historia no solo es divertida, también deja lecciones para todos. Primero, si tienes necesidades especiales al viajar, ¡lee la descripción completa del lugar! Segundo, si metiste la pata, no descargues tu frustración en quien te atiende; recuerda que al otro lado hay una persona, y en Latinoamérica solemos ser cálidos y buscar soluciones. Y tercero, si trabajas en atención al cliente, ten a mano tu kit de paciencia, buen humor y, si puedes, una botellita de agua para calmar los nervios.
En última instancia, como decimos por aquí: “El que no oye consejo, no llega a viejo… ¡ni a la recepción del hotel!”
Y tú, ¿lees antes de reservar o eres del club de “yo pensé que…”?
¿Te ha pasado algo similar al viajar o atender clientes? ¿Qué otra locura has visto por culpa de la falta de lectura? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, quién sabe, ¡quizás formes parte de la próxima anécdota viral!
Publicación Original en Reddit: When will people learn to READ?