¿Por qué los huéspedes piensan que el hotel es la casa de la abuela? Aventuras y enredos en la recepción
¿Alguna vez has sentido que los huéspedes de un hotel creen que están en la casa de su abuelita, donde todo es gratis y las reglas no aplican? Si la respuesta es sí, te vas a sentir identificado con la historia de hoy, una joyita que salió de un foro estadounidense pero que, la verdad, podría haber pasado en cualquier hotelito de México, Colombia, Argentina o cualquier rincón de Latinoamérica. Prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, reflexionar sobre las peripecias de quienes trabajan en la recepción de hoteles.
El huésped “sorpresa” y el cobro misterioso
Imagínate: trabajas en un motel de pueblo, tranquilo, donde lo más emocionante normalmente es que el café se acabe antes de las ocho. Pero un buen día, llega un huésped que se va muy campante tras su estancia... hasta que, al ver el cargo extra por un adulto adicional que no declaró al reservar, ¡se le arma la de San Quintín! El tipo jura y perjura que en ningún otro hotel le cobran por llevar a un adulto extra, y amenaza con llamar a la oficina central para acusar al personal de “fraude y robo”.
La recepcionista, tan tranquila como una abuelita regañona, le explica que ahí siempre se cobra por adulto, no importa si el cuarto tiene una o dos camas. “Si quieres, llama a la oficina central”, le dice, mientras deja bien anotado el incidente. Porque claro, no es culpa del hotel que el cliente no haya hecho bien su reservación, ¿verdad?
Esta escena, aunque parece sacada de una telenovela, es pan de cada día en la industria hotelera. Como diría cualquier latino: “¡Ay, no más falta que me pidas que te suba el desayuno a la cama, compadre!”
El show de los perros “de servicio” y otros trucos de huéspedes
Pero si creías que lo del adulto extra era el colmo, espera a conocer las historias sobre mascotas. Uno de los comentarios más populares cuenta cómo algunos huéspedes intentan meter a sus perros sin pagar la tarifa correspondiente. Firman la hoja de registro sin decir nada y, acto seguido, pasan con su perrito en plena vista de la recepción. Cuando se les cobra la multa (que puede ser tres veces más cara que la tarifa de mascota), ponen cara de “yo no fui”.
Y claro, siempre hay quien sale con la excusa de “pero es un animal de servicio, no puedes preguntarme nada”. Aquí es donde la paciencia del personal se pone a prueba, porque en Estados Unidos y muchos otros países, la ley sólo permite dos preguntas: si el animal es necesario por una discapacidad y qué función realiza. Pero ya sabemos cómo es la creatividad para las excusas: “¡Es un chihuahua de servicio!” “Pues su chihuahua acaba de hacerse pipí en la sala de desayunos”. No falta quien hasta saca credenciales falsas impresas en la papelería de la esquina.
Por otro lado, un usuario compartió con orgullo la historia de su yerno, quien sí pagó la tarifa por mascota al darse cuenta del error. Eso sí es ser gente decente, como diría cualquier suegra latina: “¡Ese sí es muchacho para mi hija!”
¿Cobrar por persona o por habitación? El eterno debate
En Latinoamérica estamos acostumbrados a que el precio “por persona” es cosa de tours, no de hoteles. Pero en muchos lugares, sobre todo en Europa, es común que te cobren impuestos o tarifas adicionales por cada huésped. Un usuario mencionó que en Rusia hasta los niños deben mostrar pasaporte al hacer check-in, y en Europa occidental casi siempre te piden identificarte, incluso en Airbnb.
Y aquí surge el debate: ¿debería el hotel cobrar por cada persona o por habitación? Algunos administradores han optado por simplificar y cobrar solo por tipo de habitación, sin importar si es para dos o cuatro personas. Esto, dicen, hace más felices a los huéspedes y les genera más lealtad. “A la gente le gusta saber cuánto va a pagar, sin sorpresas”, afirma uno de ellos, y la verdad, en Latinoamérica también somos fans de la transparencia... siempre y cuando no implique pagar más, claro.
Sin embargo, otros defienden el cobro adicional: más personas significan más toallas, más desayuno gratis, más limpieza y más gasto en servicios. Como diría la abuela: “¡No hay lonche gratis, mijito!”
La queja a la oficina central: el deporte favorito del huésped inconforme
Y cuando todo lo demás falla, el huésped furioso siempre tiene un as bajo la manga: amenazar con llamar a la oficina central. Como bien dice un comentario: “Y luego llamará para contar una versión completamente diferente de la historia”. Al final, el personal de recepción se vuelve experto en lidiar con todo tipo de cuentos, desde el que quiere colar a la familia entera en una habitación individual, hasta el que exige el desayuno continental aunque sólo pagó por el café.
Lo cierto es que trabajar en recepción es como tener un doctorado en psicología, diplomacia y actuación. Y si alguna vez te toca estar del otro lado del mostrador, recuerda: ser honesto y cordial abre más puertas que cien quejas a la oficina central.
Conclusión: ¿Y tú, qué harías?
Así es la vida en la recepción de los hoteles: llena de anécdotas, enojos y muchas risas. La próxima vez que te hospedes, ponte en los zapatos del recepcionista y piensa: ¿me gustaría que me hicieran lo que estoy intentando hacer? Y si tienes una historia igual de loca, ¡compártela en los comentarios! Al fin y al cabo, todos tenemos un poco de recepcionista en el corazón.
¿Te ha tocado vivir algo parecido en un hotel? ¿Eres de los que paga todo o te haces el “yo no fui”? Cuéntanos tu historia y hagamos juntos más grande la leyenda de la recepción.
Publicación Original en Reddit: I’m going to call corporate because I lied