¿Por qué los huéspedes insisten tanto? Aventuras y enredos tras el mostrador de hotel
Si alguna vez has trabajado en la recepción de un hotel, sabes que la paciencia es casi tan importante como saber manejar el sistema de reservas. Desde la señora que pregunta si puede cocinar tamales en la habitación, hasta el grupo que llega con una familia entera para meterlos en un departamento de dos personas, las historias nunca faltan. Y si eres huésped, seguro reconoces a ese amigo que insiste, insiste, e insiste… porque “el no ya lo tienes, pero el sí quién sabe”.
El dilema de la fiesta familiar: ¿Dónde meto a 20 tíos y primos?
Esta historia comienza como muchas otras: una llamada inocente. Una huésped, emocionada, ya había reservado dos condos (departamentos estilo condominio, de 1 a 4 habitaciones) y quería saber si había algún salón común para organizar la fiesta de cumpleaños de su mamá, con entre 15 y 20 personas. La respuesta del recepcionista fue clara y directa: “Lo siento, no tenemos un espacio tan grande.” Pero, como buen mexicano diría, “el que no habla, Dios no lo oye”, así que la huésped vuelve a preguntar, como si la respuesta fuera a cambiar por arte de magia: “¿Está seguro?”
Aquí es donde los recepcionistas de hotel empiezan a sudar frío y a mirar el reloj. Porque si hay algo universal, es que cuando un huésped quiere una fiesta, la recepción se convierte en confesionario, centro de quejas y, a veces, hasta en terapeuta.
Recomendaciones, enredos y la eterna pregunta: “¿Y ahora qué hago?”
El recepcionista, demostrando que la hospitalidad no es solo sonreír y decir “buenos días”, le recomienda otro hotel cercano con salones para eventos. Pero la señora, como buena tía que no se rinde fácil, responde: “Pero ya reservamos aquí…” Y claro, ¿quién no ha escuchado eso de algún familiar que quiere todo, pero sin mover un dedo más de lo necesario? El recepcionista le explica que en el otro hotel rentan el salón aunque no seas huésped, pero la señora se queda pensativa, como si estuviera esperando un “bueno, déjeme ver si le puedo construir un salón ahí en el patio”.
En el fondo, el recepcionista piensa: “¡Usted pidió una recomendación! ¿Qué más quiere que haga, señora?” Y es que, como comentó uno de los usuarios en Reddit, hay huéspedes que creen que el hotel debe ser como el genio de la lámpara: lista de deseos infinita, soluciones mágicas y, por supuesto, todo incluido.
Cuando la insistencia se vuelve deporte nacional
No todo termina con la llamada. Muchos lectores del foro compartieron anécdotas semejantes. Un usuario mencionó que hay quienes reservan una “suite” para 4 personas y pretenden meter a 12, luego se quejan porque no hay espacio para una fiesta, protestan porque no dejan desayunar gratis a todos y, si no les cumplen el capricho, amenazan con una reseña negativa en Google. ¡Eso sí que es tener creatividad!
Otro usuario, con el humor típico de quienes han visto de todo tras el mostrador, cuenta: “Me han preguntado si pueden hacer una reunión en el lobby. Les digo que no, por las leyes de protección civil. Y aun así, lo intentan. Ya mejor lo anoto en la reservación para evitar dramas.”
Y no falta quien, cansado de la vida hotelera, compara la situación con trabajar en una tienda: “Te preguntan por un producto, les dices que no hay, pero igual van y preguntan a otros tres empleados… esperando oír algo distinto.” Como diría la abuelita: “El que persevera, alcanza… o al menos lo intenta mucho.”
¿Atención al cliente o hacer milagros?
Hay quienes opinan que los huéspedes están en su derecho de preguntar, incluso varias veces, porque no conocen el lugar. Pero el punto de quiebre, como explica el propio autor original del post, no es la pregunta, sino la insistencia: “El problema es cuando preguntan una y otra vez, como si repitiendo la pregunta fuera a cambiar la respuesta. Y encima, se ofenden cuando les das una sugerencia.”
Algunos lectores empatizan con la frustración, otros piensan que si no tienes paciencia, mejor busca otro trabajo. Pero la mayoría coincide: la insistencia, cuando ya se ha explicado todo con claridad, puede sacar de quicio a cualquiera. Al final del día, el recepcionista solo quiere que respeten las reglas y que, si no hay salón, no lo inventen.
Moraleja: Haz tu tarea y confía en la respuesta
Organizar una fiesta sorpresa o una reunión familiar en un hotel puede parecer la solución perfecta, pero no todos los lugares están diseñados para ser salones de eventos. Antes de reservar, pregunta, sí, pero acepta la respuesta y busca alternativas. Y si eres de esos que insisten, recuerda: los recepcionistas no son magos, aunque a veces parezca que sacan conejos de la galera.
Como decimos en Latinoamérica: “No porque el santo sea milagroso, le vas a pedir el favor dos veces.” Y tú, ¿has vivido alguna situación parecida como huésped o tras el mostrador? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de estas ocurrencias!
Publicación Original en Reddit: Short and sweet. What I hate