¿Por qué los huéspedes de hotel pierden la paciencia y asustan al personal? Un vistazo tras el mostrador
¿Alguna vez has estado en un hotel y te has sentido invisible en la recepción, esperando que alguien te atienda? Ahora imagina estar del otro lado: eres el recepcionista, corres de un lado a otro, y de repente, ¡zas! Un huésped aparece en la zona exclusiva para empleados, gritando como si se hubiera perdido en el Amazonas. Así empieza la increíble y algo escalofriante experiencia de muchos trabajadores hoteleros que, más allá de entregar llaves y preparar café, han tenido que lidiar con clientes impacientes que creen que el mundo gira solo para ellos.
En Latinoamérica, donde “la paciencia es la madre de todas las ciencias” (aunque a veces se nos olvide), estas historias nos hacen pensar: ¿en qué momento se volvió aceptable invadir el espacio de los demás solo por no esperar unos segundos?
De la recepción… ¡al susto!: Las historias más locas tras el mostrador
Una trabajadora de hotel en Estados Unidos, que compartió su historia en Reddit, cuenta que una vez salió al baño y regresó para encontrar a una señora dentro de la oficina privada gritando un “¡¿HELLOOOOO?!” digno de una telenovela dramática. Otra vez, mientras preparaba café en la cocina, una huésped abrió la puerta trasera solo para pedirle cambio para un billete de 20. Y no faltó el caballero que, mientras la recepcionista volvía de reabastecer refrescos, avanzaba diez metros gritando “¡¿HELLO?! ¡¿HELLO?!” como si estuviera buscando al fantasma de la ópera.
Y no, esto no es exclusivo de los hoteles gringos. ¿Quién no ha visto en algún banco o supermercado latinoamericano a alguien gritando “¡Oye joven!” o “¡Señorita!” desde la otra punta del local, solo porque el empleado se ausentó un par de minutos? Es como si la paciencia se hubiese perdido junto con el sentido común.
¿Por qué se les va la paciencia? La cultura del “yo primero”
Muchos de los que trabajan en hoteles, hospitales y comercios coinciden: hay una epidemia de impaciencia. Un usuario, que se identificó como encargado de hotel, relató que su escritorio está justo al lado de la puerta exclusiva para empleados, y que es común que los huéspedes, al ver el mostrador vacío, entren como Pedro por su casa al área restringida. “Nunca vuelven a pasar después de que les ladro por impacientes”, bromea.
Otra historia, que parece sacada de una comedia mexicana, cuenta cómo una clienta se metió detrás del mostrador, mientras la empleada le hablaba, y empezó a servirse el chocolate que el hotel reserva como detalle de cortesía. “¡Mejor le hubiera dado mis claves para que se registrara sola!”, ironiza.
Lo curioso es que no solo pasa en hoteles. Una enfermera comentó que, mientras contaba medicamentos delicados, familiares de pacientes entraban a la sala médica para pedir hielo o preguntar por su mamá, ignorando todos los protocolos. “¿La paciencia? Ya ni la enseñan en las casas”, lamenta.
¿Qué sienten los trabajadores? Entre el hartazgo y el humor negro
Trabajar en hotelería puede ser tan divertido como frustrante. Varios empleados, tanto en comentarios como en relatos, admiten que han perdido la cuenta de cuántas veces han tenido que poner cara de pocos amigos o responder con sarcasmo. Un auditor nocturno confesó que, por un problema de rodilla, a veces tarda ocho segundos en llegar al mostrador, y ya para entonces el huésped está tocando el timbre como si estuviera en una carrera de Fórmula 1. El empleado simplemente señala la cámara y pone los ojos en blanco: “Ya ni les sonrío”.
En Latinoamérica, todos conocemos ese cliente que cree que por pagar tiene derecho a todo. Pero también hay huéspedes que salvan el día. Como aquel socio VIP que, al ver a un borracho colarse en la fila para pedir su llave, le soltó: “¿Te criaste en una granja? ¿A tu mamá no le enseñaron modales?”. Aplausos digitales para esos héroes anónimos.
¿Y entonces, cuál es la forma correcta de pedir ayuda?
Ante tanto caos, surge la pregunta: ¿qué debe hacer un huésped cuando llega y no hay nadie en la recepción? La respuesta, según los mismos trabajadores, es simple: esperar un par de minutos. Muchas veces el personal está resolviendo cosas detrás de cámaras: desde atender una queja de ruido hasta reponer café o, sí, ir al baño. No es que estén de fiesta o ignorando a propósito. Y si de plano la espera se alarga, en la mayoría de los hoteles hay timbres o teléfonos de cortesía para avisar.
Como bien señaló una de las autoras del relato: “¿Te imaginas que yo llegara a tu trabajo y entrara a la sala de empleados solo porque no te veo? Es cuestión de respeto”.
El límite invisible: la frontera entre lo público y lo privado
En la cultura latina, donde el “compadrazgo” y la cercanía a veces nos juegan malas pasadas, es importante recordar que hay límites. El área de empleados no es solo una puerta cerrada, es el espacio donde el personal puede respirar y hacer su trabajo sin sentir que los vigilan. Así como uno no se mete a la cocina de un restaurante sin invitación, tampoco deberíamos invadir el área privada de un hotel.
Y si te parece que esperaste cinco minutos, probablemente fueron dos. El tiempo pasa más lento cuando uno está apurado, pero como dice el dicho: “El que espera, desespera”.
Conclusión: Un poco de paciencia, mucha educación… ¡y cero sustos al personal!
La próxima vez que vayas a un hotel y no veas a nadie en la recepción, respira hondo, cuenta hasta diez y recuerda que del otro lado puede haber alguien corriendo para atenderte… o simplemente usando el baño. No seas el motivo de una anécdota de terror para el personal.
¿Te ha tocado ver (o vivir) algo parecido en tu trabajo? ¿Eres de los pacientes o de los que gritan “¡Joven!” desde la puerta? Cuéntanos tu historia en los comentarios y hagamos juntos un manual de buenas maneras para la vida real.
Porque, al final, todos merecemos un poco de respeto y… ¡un café caliente sin sobresaltos!
Publicación Original en Reddit: What is with guests getting your attention in the most creepiest irritating way possible?!