¿Por qué hay hombres que no entienden un “no”? Crónica de un turno en la recepción
Si trabajas cara al público, sabes que cada día puede traer desde historias para morir de risa hasta anécdotas que te dejan con el ojo cuadrado. Pero cuando eres mujer en un puesto de atención, la realidad suele tener un sabor amargo. Hoy te traigo la historia de una recepcionista de hotel que, como muchas en Latinoamérica, tuvo que lidiar con un “cliente” que confundió el mostrador con Tinder y la cortesía con obligación.
¿Alguna vez te han hecho sentir incómoda solo por hacer tu trabajo? Prepárate para indignarte, reír y, por supuesto, encontrar esa pizca de solidaridad que nos une.
El huésped que confundió el hotel con una discoteca
Imagina esto: estás atendiendo la recepción de un hotel, es un día normal y entra un tipo más o menos de tu edad. Hasta aquí, todo bien. El hombre empieza a preguntar sobre los servicios, los cuartos, lo típico. Pero de pronto suelta la pregunta del millón: “¿Los cuartos son bonitos?”. Aquí, la recepcionista —con toda honestidad, porque tampoco vas a vender espejitos— le dice que puede mirar uno de los cuartos del primer piso.
Y ahí, como salido de una telenovela de bajo presupuesto, el tipo se pone coqueto: “¿Vienes conmigo a verlo?”. La respuesta es un rotundo NO, pero el hombre no entiende indirectas, ni directas, ni nada: empieza a suplicar como niño chiquito que le negaron el postre. “¿Por qué nooooo?”, repite —y repite— hasta ocho veces con voz de queja. ¿Te lo imaginas? Como si estuviera pidiendo permiso para salir a jugar y no le dejan.
Al final, la recepcionista, harta de tanta inmadurez, suelta la frase que todas hemos querido decir alguna vez: “Hermano, te estás haciendo el ridículo”. Pero ni así el tipo se rinde: pregunta la edad mínima para registrarse (21 años), y como no cumple, sale refunfuñando y soltando la joya de “eres una perra”. ¿Sabes qué? ¡Mejor ser una perra que una víctima de un baboso!
Reflexiones de la comunidad: el club del “no es no”
La historia rápidamente se hizo viral en Reddit, donde decenas de personas (sobre todo mujeres) compartieron su indignación y experiencias similares. Una usuaria comentó: “No entiendo por qué algunos hombres creen que tienen derecho a nuestra sonrisa y nuestro cuerpo”. Y es que en nuestra cultura, aunque hemos avanzado, todavía hay quienes piensan que la amabilidad femenina es una invitación.
Otro mensaje que resonó mucho fue el de una comentarista que reinterpretó el “insulto” del tipo: “¡Adueñate de ese título! Significa ‘Babe In Total Control of Herself’ —o sea, una mujer que se controla y se respeta a sí misma—. Él tenía razón sin saberlo”. Y vaya que sí, porque lo importante aquí es tener claro que un “no” no necesita explicación, justificación ni segundas vueltas.
En los comentarios también surgió la típica estrategia del anillo de compromiso falso, que muchas usan en trabajos de atención al cliente para espantar insistentes. Pero como bien dijo otra usuaria, a veces ni eso los detiene: “Algunos creen que pueden ‘robarse’ a una mujer casada, como si fuera un trofeo”.
¿Por qué pasa esto? Entre cultura machista y la falta de límites
Muchos se preguntaron en la conversación: ¿qué les pasa a estos tipos? ¿Por qué insisten aun cuando ya los rechazaron? Una opinión recurrente es que todavía arrastramos esa mentalidad machista donde el hombre cree que merece todo solo por ser hombre. Como dice un forero: “Hay quienes piensan que si quieren a una mujer, la deben tener, como si fuera un derecho”.
Otros opinaron que la culpa es de la crianza: “A mí mi mamá me hubiera puesto en mi lugar si hacía algo así”, confesó un usuario, recordando cómo en muchas casas latinas se enseña el respeto... pero en otras, la cosa no va igual.
Por supuesto, no faltó el humor: “¿De verdad pensaba que eso iba a funcionar? Qué asco”, escribió alguien. Y otra persona acotó: “¡Eso me dio el ick!”, usando esa expresión millennial para describir algo que te produce rechazo inmediato. En Latinoamérica, lo diríamos como “me dio un repele” o “me dio cosa”.
El lado oscuro de la atención al cliente (y cómo sobrevivir)
Queda claro que trabajar en atención al cliente no es solo sonreír y dar información. A veces significa poner límites, aguantar comentarios fuera de lugar y lidiar con personas que no saben comportarse. Como bien aconsejó una de las participantes: “Deberías tener el teléfono a la mano para marcar al 911 (o al 112, según el país) y pedirle que se retire a la primera señal de acoso. Estos tipos pueden pasar de ‘jugando’ a agresivos en un segundo”.
La moraleja: hay que perderle el miedo a decir “no” y a dejar en ridículo al que se lo merece. Y si alguien se molesta porque no le sigues el juego, que se vaya a llorar a la llorería más cercana.
Conclusión: ¿Y tú, qué harías?
Esta historia es apenas una muestra de lo que muchas mujeres viven en hoteles, tiendas, oficinas y hasta en la calle. Pero también es una llamada a no quedarse calladas, a apoyarnos entre nosotras y a ponerle un alto al acoso, venga de quien venga.
¿Te ha tocado vivir algo parecido? ¿Crees que la sociedad está cambiando o seguimos igual que hace décadas? Cuéntame tu experiencia en los comentarios y, si eres de los que sí entienden un “no”, ¡gracias por existir! Porque como decimos en Latinoamérica: “Más vale sola que mal acompañada”.
¿Te animas a compartir tu anécdota? ¡Aquí te leo!
Publicación Original en Reddit: “Whyyyy nottttt?”