¿Por qué hay gente que parece disfrutar siendo desagradable? Crónicas del hotel de nunca acabar
¿Alguna vez has sentido que hay personas que salen de su casa con el único objetivo de amargarte el día? Si trabajas en hoteles —o en cualquier lugar donde atiendas al público— seguro que sí. Hoy te traigo una historia digna de telenovela, con todo el drama, la comedia y hasta las ganas de gritarle a la pantalla, directo desde la recepción de un hotel donde el sentido común parece haberse ido de vacaciones.
¿Te imaginas trabajar toda la noche, desde las 7 de la tarde hasta las 7 de la mañana, y que cada cinco minutos el teléfono suene con la misma persona al otro lado pidiendo algo nuevo? Bienvenido al mundo real de los recepcionistas de hotel. Ponte cómodo, porque esto apenas comienza.
El huésped complicado: un clásico latinoamericano
Todo empezó cuando una pareja llegó al hotel después de reservar a última hora. Desde el primer momento, ella llegó buscando problemas: que si las tapas de las válvulas de las llantas de su auto desaparecieron (¡y el valet ni siquiera había tocado el carro!), que no encontraba el menú del restaurante, que su celular estaba descargado y no podía escanear el código QR, que el shampoo no servía (cuando solo estaba bloqueado), que le faltaba mantequilla, que quería dulcificantes, platos extras, tazas adicionales… y la lista sigue.
Como buen latino, uno pensaría: “Bueno, qué le cuesta pedir todo de una sola vez”. Pero no, la señora llamaba cada veinte minutos con una nueva exigencia. Como comentó otro recepcionista en la comunidad: “Odio cuando la gente no puede pedir todo lo que necesita de un jalón. Siempre es lo mismo: subes con toallas, luego te piden almohadas, regresas y ahora quieren cobijas. Todo está en el mismo lugar, ¡nos ahorraríamos tanto tiempo si fueran más organizados!”
Para los que hemos trabajado en atención al cliente, esto es pan de cada día. Y claro, uno hace su trabajo con la mejor actitud posible, pero la paciencia tiene un límite. Como bien dijo el autor original: “No estoy sentado sin hacer nada, por favor, sean tan considerados con nuestro tiempo como nosotros lo somos con el suyo”.
El temido código QR y la tecnología que divide generaciones
Aquí es donde entra el famoso código QR, ese invento que para muchos millennials y centennials es lo más normal del mundo, pero que para otros es casi brujería. Algunos en la comunidad estuvieron de acuerdo: “Los códigos QR apestan, la única vez que apoyo al huésped”. Otro agregó: “Mi teléfono ni siquiera los escanea, y la verdad prefiero ver el menú en papel”.
Pero la realidad es que, en pleno 2024, es difícil imaginar que alguien viaje sin cargador. Y si de plano no puedes escanear el código, siempre puedes pedir el menú impreso (aunque, claro, mejor si lo pides de una vez y no después de tres llamadas más). Como respondió el recepcionista: “Si tienes un poco de alfabetización digital, puedes bajarte una app y listo. No es la gran cosa, salvo para nuestros abuelitos, ahí sí los entiendo”.
Eso sí, también hay que reconocer que a veces la tecnología falla, y no hay nada que desespere más que un menú online que no carga o una red wifi que exige conectarte para ver cómo conectarte (sí, esto pasa, y no solo en hoteles de Amsterdam).
El arte de complicar lo sencillo (o el poder de sentirse importante)
¿Será que algunas personas disfrutan ser difíciles? Un comentario lo resume perfecto: “Algunos simplemente quieren ser infelices y buscan cualquier excusa para proyectar esa infelicidad en los demás. Casi me daría lástima si no fueran tan insoportables”.
Otros van más allá y lo ven como un tema de poder: “Mientras más cómodos se sienten contigo, más te exigen. Les das la mano y te agarran hasta el codo”. En Latinoamérica, decimos que algunos clientes tienen complejo de patrón de hacienda: creen que por pagar, pueden tratarte como quieran.
Lo curioso es que no importa qué tan amable seas; si la persona viene predispuesta a la queja, nada la va a hacer feliz. Y si le pides algo tan básico como una identificación para hacer el check-in, arman un drama digno de novela de las nueve: “¿Cómo que necesitas mi cédula? En tal parte no me la pidieron”. Bueno, pues aquí sí, porque las reglas son para todos, aunque algunos crean que están por encima.
¿Qué aprendemos de todo esto? (Además de respirar hondo y contar hasta diez)
Lo más interesante es que, a pesar de todo, la mayoría de los recepcionistas y trabajadores del sector hotelero en Latinoamérica siguen tratando a cada huésped con respeto. Pero eso sí, cuando se topan con alguien especialmente desagradable, aplican la famosa “ley del mínimo esfuerzo”: ni más ni menos de lo que exige el reglamento. Como dijo el autor, “Si me tratas mal, te ayudo lo justo. No voy a premiar el mal comportamiento”.
Así que la próxima vez que vayas a un hotel, recuerda: pedir ayuda está bien, pero todos somos humanos y nadie quiere que le hagan la vida imposible por capricho. Un poco de empatía nunca está de más.
Y si eres de los que trabaja en atención al cliente, ¡ánimo! No dejes que los amargados te quiten la sonrisa. Recuerda que, como decimos por acá: “Lo cortés no quita lo valiente”. Y a veces, hasta una historia divertida te queda para contar.
¿Y tú, tienes alguna anécdota con clientes difíciles? Cuéntame en los comentarios, ¡que seguro nos reímos (o lloramos) juntos!
Publicación Original en Reddit: Why do people go out of their way to be unpleasant?