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¿Por qué estás en mi baño? La surrealista odisea de un recepcionista en hotel latino

Escena cinematográfica de una puerta de baño, sugiriendo una interrupción inesperada durante un turno nocturno.
En este momento cinematográfico, la tensión crece mientras un empleado de hotel busca un instante de paz, solo para ser interrumpido por el caos que a menudo acompaña los turnos nocturnos. ¿Qué sucederá a continuación? ¡Sumérgete en la historia para descubrirlo!

¿Te ha pasado alguna vez que justo cuando vas al baño, parece que el universo conspira para fastidiarte? Ahora imagina que trabajas en la recepción de un hotel, tu día ha sido largo, el movimiento está tranquilo y decides aprovechar para ir al sanitario. Pero no, la paz no dura ni un minuto y lo que sigue es una tragicomedia digna de telenovela mexicana con toque de humor colombiano y paciencia de santo guatemalteco.

Esta es la historia real de un recepcionista que solo quería hacer sus necesidades en calma, pero terminó enfrentando a una repartidora de comida que parece salida de una película de Pedro Almodóvar… ¡o de la peor pesadilla de cualquier trabajador de hotel!

El baño: el último refugio del recepcionista (o eso creía)

En muchos hoteles de Latinoamérica, los empleados son todólogos: atienden la recepción, resuelven emergencias, hacen de psicólogos improvisados y hasta cuidan la comida ajena. Pero hay algo sagrado: el momento de ir al baño. Nuestro protagonista, cubriendo su último turno diurno por un buen tiempo, pensó que por fin tendría unos minutos de paz. Pero, como diría la abuela: “El que no conoce a Dios, a cualquier santo le reza”.

Apenas se sentó, comenzó el infierno: desde la recepción se escuchan a lo lejos unos gritos que podrían competir con el pregonero más escandaloso del mercado: “¡HOLA?!! ¿HOLAAAAAA?! ¡NECESITO AYUDAAA!”

Y ahí empieza la batalla mental del recepcionista: ¿Salgo y dejo el ‘negocio’ a medias, o me quedo y espero que el cartel de “Vuelvo en un minuto” haga efecto? Pero la señora no se rinde, y después de unos golpes dignos de luchador de AAA, la historia se pone peor: la doña descubre que el baño no está cerrado… y entra.

De la entrega fallida al asalto al baño: crónica de una locura

La señora, que resultó ser una repartidora (tipo Rappi, Uber Eats o DoorDash, de esas que nunca faltan en la ciudad), no solo irrumpe en el baño, sino que además empieza a exigir atención como si estuviera en una fila del banco un lunes por la mañana: “¡¿POR QUÉ NO HAY NADIE EN LA RECEPCIÓN?! ¡ESO ES POCO PROFESIONAL!”

El recepcionista, con una dignidad digna de un maestro zen, le responde: “Bueno… no puedo controlar cuándo necesito ir al baño. Por favor, regrese a la recepción y la atiendo en un momento”. Pero la repartidora, en modo “tía intensa”, intenta abrir la puerta del cubículo. ¡Sí, así de surrealista!

“Voy a tener que pedirle que no haga eso”, dice el recepcionista, aguantando la risa y la rabia. “¡Pero necesito ayuda YA!” — “¿Alguien se está muriendo?” — “¿¡CÓMO!?” — “Si nadie está en peligro de muerte, le doy una última oportunidad de regresar a la recepción antes de que la saque del hotel”.

Pero la señora, con más necedad que un burro en feria, sigue en su plan. Lo que sigue parece una comedia de enredos:

  1. “Necesito el código de Jamal”. “¿Quién demonios es Jamal?”
  2. La señora le mete un pedido de alitas por debajo de la puerta y empieza a arrastrarse para tomarle foto “como prueba de entrega segura”.
  3. El recepcionista, ya con paciencia a punto de explotar, patea el celular y las alitas.
  4. La repartidora sale furiosa, amenazando con demandar por agresión.
  5. Las alitas, deshonradas, van directo al bote de basura.

¿Quién es Jamal y por qué quiere sus alitas del baño?

Ya cuando el recepcionista regresa al sistema para buscar al famoso Jamal, resulta que no hay ningún huésped con ese nombre. El mundo sigue girando hasta las 10 de la noche, cuando aparece el verdadero Jamal… ¡pero es de otro hotel cercano! Con la cara de decepción de quien esperaba cenar rico, muestra la foto de las alitas y pregunta por su pedido. El recepcionista, con toda la calma del mundo, le explica que su repartidora dejó la comida en el piso del baño y que por higiene, tuvo que tirarlas.

Jamal, resignado, pregunta: “¿Y ahora qué hago?”. La respuesta es la que todos en Latinoamérica hemos dado alguna vez: “Pues reclama con la app, a ver si te devuelven el dinero o te mandan otras alitas, hermano”. Jamal se va, mascullando su mala suerte, y el recepcionista se queda pensando: ¿por qué la gente cree que el personal de hotel debe ser niñera, rescatista y terapeuta a la vez?

Reflexiones y carcajadas de la comunidad: “¡Esto solo pasa en hoteles!”

La historia original, publicada en Reddit, desató una ola de comentarios de trabajadores de hoteles, restaurantes y hasta repartidores. Un usuario, indignado, comentó: “Eso de entrar al baño es de locos, yo sí pondría una queja con la app”. Otro, más resignado, respondió: “De nada sirve, esas empresas ni caso hacen. Mejor quejarse en redes sociales, a ver si así les duele”.

Muchos se rieron del clásico cliente que exagera el tiempo de espera: “¡He estado esperando 15 minutos!” — cuando en realidad solo han pasado 10 segundos. Y otros, recordando sus propias anécdotas, dijeron: “Si no has vivido esto, no sabes lo que es la verdadera hospitalidad en Latinoamérica”.

Por ahí alguien preguntó: “¿Qué emergencia puede resolver un recepcionista?” Y la respuesta fue sincera: “Nos entrenan para primeros auxilios, pero fuera de eso… mejor llama al 911”.

¿Y qué opinan los repartidores? Uno confesó: “El trabajo atrae a gente que no encaja en empleos normales, pero lo de meterse al baño ya es demasiado”.

Conclusión: En el baño, ni a la mamá se le molesta

Esta historia es el pan de cada día para quienes trabajan en hotelería o atención al cliente en Latinoamérica. Si algo nos queda claro es que el baño es territorio sagrado… ¡y que ni la comida merece terminar en el piso de un baño público!

Así que la próxima vez que vayas a un hotel, restaurante o hasta a la tiendita de la esquina, recuerda: todos somos humanos, todos tenemos necesidades… y nadie, pero nadie, merece ser interrumpido en su momento de paz en el baño.

¿Te ha pasado algo parecido? ¿Tienes una anécdota igual de absurda? Cuéntanos en los comentarios, porque reír (y desahogarse) también es parte del servicio.

¡Hasta la próxima, y que los dioses del baño te protejan siempre!


Publicación Original en Reddit: Why are you in my stall?