Saltar a contenido

Por no soltar la tarjeta de gasolina, ¡terminaron pagando la grúa y mucho más!

Camión de entrega en un almacén preparándose para una parada de combustible, reflejando los retos logísticos de los 90.
Una representación fotorrealista de una escena animada en un almacén de principios de los 90, mostrando un camión de entrega listo para una parada de combustible. Esta imagen captura la esencia de la gestión logística y los obstáculos inesperados que enfrentan los conductores, como lidiar con facturas de remolque cuando se niega el acceso al combustible.

¿Quién no ha tenido un jefe o compañero que se aferra al control de todo, incluso de lo más absurdo? Hoy te traigo una historia de Reddit que podría pasar en cualquier empresa latinoamericana, donde la terquedad y las ganas de aparentar poder salen carísimas. Spoiler: todo por una simple tarjeta de combustible.

El inicio de la odisea: "Eso alcanza, no seas exagerado"

Corría la década de los 90 y nuestro protagonista, gerente de almacén de una mueblería, también era el encargado de hacer entregas en un camión diésel de 12 pies. Como buen responsable, notó que el tanque estaba en 1/8—¡algo que cualquier chofer sabe es pecado mortal en un motor diésel! Así que fue a pedir la famosa tarjeta de crédito para gasolina. Pero ese día, el jefe no estaba y quien mandaba era el jefe de ventas, típico personaje que cree que porque vende, puede mandar más que nadie.

Y claro, el vendedor, con esa actitud de "aquí mando yo", dijo: "Así está bien, llena el tanque cuando regreses". ¿Te suena ese tipo de lógica de oficina? Como cuando te dicen que el papel del baño alcanza hasta el viernes, aunque ya solo quede un cuadrito.

Cuando la necedad choca con la realidad (y la grúa)

El gerente obedeció y fue a hacer la entrega. Pero en el regreso, el camión empezó a toser y apagarse por falta de diésel. Logró rodar hasta la estación de servicio, pero ahí sí, el camión murió. Llamó al jefe de ventas, quien se indignó más porque le molestaran que por la situación. Después de una hora y media, por fin llegó alguien con la dichosa tarjeta... pero el camión ya no arrancó.

¿La razón? Para quienes no lo sepan, dejar que un diésel se quede sin combustible puede ser una pesadilla. Se mete aire al sistema y toca purgarlo, algo que en Latinoamérica muchos mecánicos conocen bien. Así que el camión terminó en la grúa, en el taller, con filtro nuevo y dos días fuera de servicio. Resultado: entregas perdidas, renta de camión extra, cuenta del taller y, por supuesto, la grúa.

Uno de los comentarios más votados lo resumió como lo haría cualquier latino: “¿Cuál es el punto de negar un llenado? Igual vas a tener que pagar la gasolina tarde o temprano. Por tacaños, ahora pagas mucho más.” ¡Tal cual!

El poder de la terquedad y la cultura del "control absoluto"

Lo más curioso es que esta historia no es única. En los comentarios, muchos compartieron anécdotas similares. Uno contó cómo en su empresa solo un VP tenía la tarjeta de gasolina, porque creía que el auto híbrido jamás necesitaba combustible. Resultado: varias veces el coche se quedó tirado y tuvieron que remolcarlo, pero el VP seguía aferrado a su “sabiduría”. El coche terminó abandonado y vendido, con el medidor siempre en “E”.

Otro usuario, desde la ironía, soltó un término muy alemán: “Kontrollzwangbedürftiger” (algo así como “adictos al control”), pero aquí podríamos llamarlo “el clásico jefe mandón”, ese que existe en toda oficina latinoamericana.

Y no faltó quien recordó a su papá, que prefería quedarse varado en la carretera antes que comprar gasolina porque “sí alcanza”. Una mamá resentida por décadas, porque quedarse sin gasolina en media autopista no se olvida nunca.

Lecciones para la oficina latina: Más vale prevenir… y no ser mandón

Al final, el jefe de ventas recibió tremendo regaño y nunca más volvió a poner trabas para usar la tarjeta de combustible. Como bien dijo un lector: “Por querer controlar todo, terminan gastando más y complicándole la vida a todos”. Es el clásico “por ahorrar centavos, terminas gastando billetes”.

En muchos trabajos de Latinoamérica, la cultura del “yo decido hasta cuándo se llena el tanque” o el control excesivo de recursos genera más caos que beneficios. Un comentario lo resumió perfecto: “Dejar salir un camión con menos de un tercio de tanque es como decir ‘quieto’ en un hospital... ¡es de mala suerte y peor gestión!”

Conclusión: El costo real de la terquedad empresarial

Esta historia nos deja una moraleja muy nuestra: a veces por querer lucirse o tener el control, terminamos pagándolo caro. Y no solo en dinero, ¡también en estrés y tiempo perdido! Así que, si en tu trabajo hay alguien que se aferra a la tarjeta, la llave, el formulario o el papel del baño, compártele esta historia. Tal vez se ahorren una grúa… y un buen coraje.

¿Te ha pasado algo parecido en tu chamba? ¿Tienes un jefe de esos que no suelta nada “por principios”? Cuéntanos en los comentarios, porque seguro hay mil historias más de terquedad y control que todos podemos entender (y reírnos un rato). ¡No te vayas sin dejar la tuya!


Publicación Original en Reddit: Wont give me the card to get fuel? Enjoy the towing bill