Saltar a contenido

¡Por fin mi última semana en la recepción! Historias de sobrevivir tras el mostrador de un hotel universitario

Persona alegre celebrando su última semana de trabajo en un hotel universitario, rodeada de gratos recuerdos.
¡Después de tres años de dedicación y esfuerzo, estoy listo para abrazar nuevas aventuras! Esta imagen fotorealista captura la emoción y el alivio de dejar atrás el escritorio y dar un paso hacia un futuro más brillante.

¿Alguna vez te has preguntado qué tan loco puede ser trabajar en la recepción de un hotel? Si piensas que es solo repartir llaves y sonreír, prepárate porque la realidad es más intensa que un final de telenovela. Esta es la confesión de una recepcionista que, después de tres años en un hotel privado dentro de una enorme universidad, al fin ve la luz al final del túnel… y no es precisamente la del minibar.

Hoy quiero compartirte esas historias que te hacen reír, llorar, y sobre todo, cuestionar la cordura humana. Desde dueños con delirio de grandeza, huéspedes que parecen salidos de La Rosa de Guadalupe, hasta la guerra generacional por el control remoto. Si alguna vez te has sentido explotado en tu trabajo, créeme, este relato es para ti.

El fantasma del dueño pasado: “Aquí mando yo”

En Latinoamérica, todos tenemos ese familiar lejano que cree que la casa todavía es suya, aunque hace años la vendió. Así es el antiguo dueño de este hotel: aunque una empresa más grande lo compró, el lugar sigue con su nombre, y él se pasea como patrón de hacienda. Imagina que te digan que te cortes el cabello porque “no es apropiado” (¡y eso que eres mujer y apenas te llega a los hombros!), o que te regañen por el uniforme porque se te nota que eres… digamos, “bendecida por la naturaleza”.

Nada le parece. Un día pide el agua en el escritorio, al siguiente la quiere en el refri y cuando la encuentra allí, ¡se enoja igual! Aquí en México o Colombia le diríamos “tóxico nivel jefe de telenovela”. Como dijo una comentarista en el hilo, “ojalá un día puedas decirle a ese dueño todo lo que realmente piensas”. Eso sí, paciencia de santo, porque a cualquier latino ya le habría dado el “ya basta, Don”.

Grupos eternos y fiestas clandestinas: “Aquí nadie es casado”

Si alguna vez te ha tocado trabajar en hoteles, sabrás que los grupos grandes son como piñata en fiesta de niños: seguro termina en desastre. En este hotel, llegan desde deportistas hasta profesionistas de cursos largos. ¿El problema? Los que se quedan dos semanas o más se convierten en los reyes del desmadre: se meten a la cocina a robar alcohol, destruyen salas de juntas y, si los denuncias, ¡todavía te reclaman!

Pero lo más insólito es el ambiente de “tierra de nadie”. Al tercer día, los casados ya andan de romance con algún colega. Parece que el hotel les da permiso para olvidar el anillo y portarse como adolescentes en viaje de graduación. Como dice la autora, muchos sienten que porque están más tiempo, pueden hacer lo que quieran… pero, como en cualquier fonda, si te pasas de listo, te corren sin miramientos.

Un comentarista latino lo habría resumido: “¡Páguenle la cuenta de la sala y el alcohol, y que les cobren el show!”

La guerra del control remoto: Generación X contra el streaming

En los últimos años, cambiar la televisión por streaming ha sido como pasar del bolero al reggaetón: unos se adaptan, otros sufren. El hotel decidió modernizarse y puso televisores inteligentes. ¿El resultado? Una generación completa en crisis existencial.

Hay huéspedes que bajan a recepción con el control en mano, como si fuera el Santo Grial, pidiendo ayuda porque no encuentran el canal de novelas. Otros te preguntan si puedes pagarles Netflix con tu cuenta (“¡no, señora, ni para mi me alcanza!”). Y a diario alguien se enoja porque no hay cable tradicional. Como dijo un usuario del foro, “solo quiero encender la caja boba y dormir, no andar navegando menús”. Y otro propuso una app que emule la TV de antes, con control de números y todo. ¡Eso sí sería un hit en los hoteles de Cancún!

Y, claro, siempre hay el clásico despistado que olvida cerrar sesión… y deja su cuenta de streaming para que el siguiente huésped termine la serie. Como bromearon en el hilo: “Gracias, Paul, por no cerrar tu Hulu, así pude ponerme al día con mi novela”.

Reflexión final: ¡Sean amables con la recepción, somos humanos!

Después de leer estas historias, es imposible no solidarizarse. La protagonista cuenta que llegó al punto de salir llorando a su coche después de turnos eternos (¡hasta 80 horas sin descanso!). Muchos en la comunidad le dieron ánimo y le desearon suerte en su nueva vida lejos de la atención al cliente. Porque sí, en Latinoamérica y en cualquier parte, el trabajo en hotelería puede ser una prueba de paciencia y resistencia.

Así que la próxima vez que llegues a un hotel, recuerda: detrás de esa sonrisa hay una persona que ya enfrentó al dueño tóxico, sobrevivió a la fiesta de los casados y explicó el streaming cinco veces. Sé amable, saluda, y si puedes, ¡agradece! Porque como decimos por acá: “El que no ha trabajado en atención al cliente, no conoce el verdadero infierno”.

¿Y tú, tienes alguna historia de terror trabajando en hoteles o atención al cliente? ¡Cuéntanos en los comentarios y hagamos catarsis juntos!


Publicación Original en Reddit: It's finally my last week!!!!!!!