Cuando la lluvia, los aspersores y una abuelita te regalan un día inolvidable en recepción
Todos los que han trabajado en recepción de hotel saben que los días pueden ser una montaña rusa: la mayoría del tiempo lidiamos con prisas, huéspedes impacientes y situaciones que nadie te enseña en la capacitación. Pero, de vez en cuando, el universo te regala un día tan peculiar que te saca una sonrisa y te deja una historia para contar en cada reunión familiar.
Así fue uno de esos días, en plena tarde lluviosa de verano. El hotel parecía dormido, la lluvia caía con ganas y yo, por fin, podía respirar hondo y disfrutar de la calma… hasta que la travesura del destino me sorprendió con una de esas situaciones que solo pasan en la recepción.